Origen y destino

“Soy el que soy” 

Yahvé a Moisés 

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Por: Enrique Gómez Orozco

Hoy cumplimos cinco siglos desde nuestro origen de pueblos conquistados. Primero con las alianzas entre Hernán Cortés y los indígenas periféricos como los tlaxcaltecas, luego con la caída de la Gran Tenochtitlan. Nuestro origen no fue un pueblo sino muchos, nuestro destino sólo puede ser uno a pesar de que interpretemos de diferentes formas la historia patria. 

La madurez de una persona o de un pueblo llega con la aceptación de la propia identidad. El problema es conocerla. En el Antiguo Testamento Moisés pregunta a Dios quién es él. La respuesta mística y clara: “Soy el que soy”. Sin embargo podría traducirse también como: “Soy el que seré”. Vaya esta reflexión para explicar que una nación es la que fue, la que es y la que será. México no es un punto sino un río. 

Hernán Cortés y los conquistadores jamás imaginaron que en su afán iría la progenitura de una nación, menos cuando nos bautizaron como “La Nueva España”. Una extensión del imperio. Para los conquistados fue el desgarramiento de su cultura y religión, añadidos al sometimiento y la esclavitud. El exterminio no llegó porque hubo mestizaje, sino por la viruela; la dominación tuvo el bálsamo de la “conversión” a los dioses de los conquistadores. La Virgen de Guadalupe tal vez sea el mayor símbolo de lo propiamente mexicano.

Lo importante en nuestros días es plantear el destino que queremos y cómo podemos llevar las múltiples corrientes, geografías y caracteres de los mexicanos a un solo caudal. Muchos sueños fueron escritos por las mentes lúcidas nacionales. Octavio Paz, cerca de su final, veía tiempos mejores, cálidos y luminosos. Un sueño vitalista, una intuición que no debemos despreciar. José Vasconcelos tenía la idea de que nuestra “raza cósmica” era especial y no inferior. Uno de los primeros filósofos mexicanos del Siglo XX, comprendió que la primera fuerza transformadora era la educación. 

Aunque hoy sean perseguidos como “culpables” de todos los males que nos aquejan, tres ex presidentes marcaron un rumbo que hoy se quiere demoler. Carlos Salinas de Gortari integró al país a los mercados mundiales con la aspiración de que pertenecieramos al primer mundo. Ernesto Zedillo tuvo el talento para ver en la globalización la oportunidad de crecimiento y prosperidad. Vicente Fox encendió la llama de la democracia, la alternancia y la ampliación de libertades. Los tres tuvieron zonas oscuras que juzgará la historia pero hoy somos lo que somos por su visión de futuro. 

¿A dónde vamos?

Esa pregunta no la resuelve la política actual de la 4T. Sabemos que es el desprecio del “neoliberalismo”, de la alta cultura académica y la ciencia superior. También entendemos que la 4T pretende ser campeona de la igualdad, aunque resulta incomprensible su desprecio a la clase media. Sus resultados van en sentido contrario según los datos del INEGI y el Coneval. Hay textos sobre la “Economía Moral” que describe defectos pasados pero no plantea soluciones reales al presente y menos al futuro. No encontramos una ideología articulada y seguimos navegando con el diseño anterior. Los logros presentes están en la protección al trabajo formal, la actualización de salarios mínimos y el fortalecimiento de la hacienda pública a través de una mejor recaudación. Son actos de buena administración pero palidecen ante el desastre en la salud pública, la educación y la inversión pública y privada. 

Es tiempo de plantear alternativas a la 4T para cumplir el ciclo dialéctico de la democracia; la alternancia es un buen principio.  

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