Irapuato, Guanajuato.- Como apoyo para tener capacidades ante los hechos violentos que se registran en Irapuato, asociaciones civiles han desarrollado un taller de tanatología para ofrecer acompañamiento y espacios seguros para quienes han sufrido pérdidas a causa de la inseguridad.

Saúl Ulises Reyes Miranda, participante del curso de tanatología, explicó que todas las personas atraviesan pérdidas a lo largo de su vida, aunque no siempre se cuentan con las herramientas adecuadas para enfrentarlas de manera saludable.

Todos hemos tenido la desgracia de perder a alguien, pero no siempre llevamos los procesos que se deben llevar. A veces ese dolor se arrastra durante años y termina repercutiendo en nuestra conducta y en nuestra vida diaria, por eso es importante atenderlo en el momento adecuado”, señaló.

Indicó que la tanatología no solo aplica ante la muerte, sino también frente a la pérdida de un trabajo, una relación, una amistad o incluso proyectos de vida. Destacó que no trabajar estos procesos puede generar afectaciones emocionales a largo plazo.

El duelo tiene etapas: la negación, la ira, la tristeza y la aceptación. Si no se viven adecuadamente, es como no aceptar lo que está pasando y eso se puede cargar toda la vida. Hace falta mucho conocimiento sobre lo que es la tanatología y saber que es distinta a la psicología, pero igual de necesaria”, expresó.

El duelo por la identidad

Por su parte, Arturo Álvarez, integrante de la organización Dehusex, y ponente de este seminario, subrayó que el duelo también está presente en los procesos de identidad, especialmente dentro de la diversidad sexual, donde muchas personas enfrentan pérdidas relacionadas con la aceptación, la seguridad y la tranquilidad personal.

Desde niñas, niños y adolescentes empezamos a vivir duelos cuando lo que sentimos o somos no es aceptado por la familia o la sociedad. Ahí se pierde la seguridad, la tranquilidad y comienza una lucha interna que muchas veces no se nombra”, explicó.

Álvarez señaló que no reconocer estos duelos puede derivar en aislamiento, tristeza profunda, ansiedad o depresión, por lo que es fundamental aprender a nombrar las emociones y buscar acompañamiento profesional.

El duelo no solo es por una muerte. Si no lo trabajamos, el cuerpo lo va a manifestar de alguna forma. Por eso es importante abrir estos espacios, prevenir y acompañar, no minimizar lo que la otra persona siente diciendo ‘no pasa nada’”, enfatizó.

Finalmente, los ponentes coincidieron en que hablar de duelo, emociones y acompañamiento profesional es clave para generar procesos de transformación personal y social, así como para construir espacios más empáticos e incluyentes.

Por ello, Arturo Álvarez, señaló que buscan con otras organizaciones, escuelas y empresas, poder dar esta plática a más personas, por lo cual, si alguna institución busca también dotar a sus trabajadores, estudiantes y cualquier ciudadano conocer más del proceso de duelo, pueden buscar en Facebook a la organizacón Dehusex, y poder tener este curso de tanatología.

No estamos solos. Cada persona vive su proceso de manera distinta y lo único que muchas veces se necesita es acompañamiento y validación. Reconocer el dolor es el primer paso para transformarlo”, concluyó Arturo Álvarez.

El duelo

El duelo constituye la respuesta intrínseca y natural del ser humano ante una pérdida significativa que impacta y reconfigura su entorno personal. Este fenómeno se manifiesta como una vulnerabilidad emocional profunda que requiere de un periodo de recuperación gradual para alcanzar la estabilidad.

Es fundamental comprender que el duelo no se limita exclusivamente al fallecimiento de un ser querido; su espectro abarca diversas transiciones vitales, tales como el término de una relación afectiva, la desvinculación laboral, el cierre de etapas generacionales o la pérdida de un animal de compañía, factores que inciden de manera directa tanto en el bienestar psicológico como en la salud física del individuo.

Como proceso psicológico universal, el duelo se caracteriza por una compleja serie de reacciones emocionales y fisiológicas, entre las que predominan el dolor y la tristeza. Su propósito fundamental no es el olvido, sino la adaptación a una nueva realidad mediante la integración de la ausencia en la narrativa de vida del sujeto.

Este trayecto implica transitar por diversas dimensiones comúnmente identificadas como negación, ira, negociación, tristeza profunda y aceptación, no obstante, dicho proceso no se desarrolla de manera lineal, sino que se manifiesta de forma estrictamente personal y única para cada individuo, quien finalmente aprende a coexistir con la pérdida mientras reconstruye su presente.

LF

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