Son pasadas las dos de la tarde y una sudadera holgada evidencia el término de una ardua actividad deportiva que consiste en ingresar al Centro Acuático de León, subirse a lo más alto de un trampolín, tomar una enorme bocanada de aire, concentrarse en ese simple instante y dar el salto final hacia el agua con un estilo único: el de un clavado.
Con frescura total en sus ideas y emocionada por el preámbulo de su graduación en la Licenciatura de Comercio y Negocios, Arantxa Chávez hizo una pausa en su rutina diaria y abrió su corazón con Súper Deportivo al tener una charla de casi 40 minutos donde habló sobre su nostálgico pasado, su emocionante presente y su promisorio futuro.
Y es que para entender el presente, es necesario comprender el pasado y el de la capitalina se caracteriza por ser el nacimiento de una pasión que le ha permitido trazar su camino en distintos puntos del globo terráqueo: desde Colombia hasta Japón.
“A mi papá le gustaba mucho el deporte y siempre nos llevaba a correr con él para estar en constante movimiento, hasta que un día, junto a mi hermano, fui a una alberca que estaba en la clínica 23 del IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social) en la Ciudad de México, solo entrábamos dos veces al día y después hacíamos actividades fuera del agua”.
“Entramos, pero nunca fue con la intención de profesionalizarme, era solo como recreativo. Aprendí muy rápido a flotar y a aventurarme en el agua”.

Desde ese momento, cuando tenía seis años de edad, los entrenadores comenzaron a fijarse mucho en su determinación y rápido crecimiento sobre el agua, hasta que uno tomó la decisión de invitarla a una prueba de clavados.
Con mucho que ganar y nada que perder, Arantxa tuvo sus primeros acercamientos en los clavados sin siquiera cumplir una década de vida. Eso solo fue el preámbulo de una carrera que comenzó a ir en ascenso casi a pasos agigantados.
“Me fue gustando cada vez más, me comprometí y comencé en competencias de novatos o niños chiquitos, pero eran muy sencillos, hasta que mi entrenador me dijo que tenía mucho talento para desarrollarme en esta disciplina”.
“Al principio como que no me la creía, pero fui avanzando y avanzando, aprendiendo y aprendiendo, hasta que por allí del año 2000, tuve mi primera Olimpiada Nacional y me fue muy bien”.
La dulce primera vez
Aunque por momentos decidió dejar la disciplina por esa incertidumbre de enfrentarse a la realización de clavados con un mayor nivel de dificultad, el apoyo de su familia fue determinante para seguir adelante en su sueño que, al ver por televisión la olimpiada número 27 en Sydney, se acrecentó.
“Me fui un tiempo a Guadalajara por un campamento donde aprendí mucho sobre mi desarrollo deportivo. Fueron meses complicados donde extrañé mucho a mi familia, pero eso forjó mi carácter porque supe cómo manejar mi dinero, administrar mis cosas y ser mejor persona”.
Después de algunas participaciones en competencias internacionales, llegaron sus primeras obtenciones de preseas 10 años después de sus primeras Olimpiadas Nacionales:
- Plata en trampolín de 1 metro en Puerto Rico.
- Plata en trampolín de 3 metros en Puerto Rico.
Eso le abrió camino en el deporte mexicano, al cual pudo representar en sus primeros Juegos Olímpicos: Londres 2012, adonde llegó después de triunfar en el último selectivo realizado en la Ciudad de México, donde superó a cinco competidoras más.
“Fue un panorama muy emocionante el llegar al aeropuerto y ver los aros olímpicos, pero cuando fue la inauguración, me di cuenta de las millones de personas que nos estaban viendo y eso me emocionó mucho. Fue muy padre esa experiencia de mis primeros olímpicos”.

La resiliencia ante la adversidad
El deporte suele ser un sube y baja constancia donde las emociones juegan un papel fundamental en cuanto a la insistencia de alcanzar un sueño se refiere.
Enfrentándose a la adversidad en reiteradas ocasiones, Arantxa reveló el difícil proceso que significó haberse quedado fuera de los Juegos Olímpicos de Río 2016, pues la incertidumbre aterrizó en una mente que se decidió por probar algo nuevo.
“Fue tanta la decepción que decidí alejarme seis meses del deporte, seguí estudiando, pero metí toda mi tira de materias: de siete de la mañana a tres de la tarde. No quería saber nada y fueron seis meses donde conocí personas que me invitaron a salir y demás y fue cuando me di cuenta que hay algo más allá del deporte”.
“Eso sí: sentía que algo me faltaba y que necesitaba algo que me llenara y eran los clavados, por eso en 2017 me di una segunda oportunidad en distintas competencias. Cambié mi perspectiva y clasifiqué al Mundial de Budapest en 2017, después en 2019, comenzaron los selectivos, ya en 2020 participé en uno de ellos, pero me desgarré la pantorrilla”.
Con la llegada de la pandemia y su regreso a Guadalajara, donde vivió la mayor parte de su vida tras su mudanza a León en 2019, la recuperación se dio y, de forma emotiva, logró su pase a Tokyo 2020.

La experiencia fue mágica y sin precedentes porque “fueron muy estrictos, más allá de la Villa Olímpica no conocimos nada del país y aunque fue parte del reglamento, terminé un poco cansada de las pruebas diarias de COVID-19 durante los 15 días que estuve allá”.
Sin embargo, una actuación dentro de esta competencia cambió por completo su vida: el famoso clavado con calificación de ‘0’ que le dio la vuelta al mundo y causó un sinfín de críticas en redes sociales.
Tres años después de ello y con la brisa de noviembre en el ambiente, Arantxa reflexiona sobre un momento que reafirmó su importancia sobre la salud mental y el fortalecimiento de su carácter con base en la resiliencia.
“Cerré las redes sociales porque no quería saber absolutamente nada por todos los comentarios ofensivos que me ponían en ese momento tan vulnerable de mi vida y es que muchos no saben, pero meses atrás, antes de Tokyo, falleció mi papá. La gente habla, pero no saben el daño que te hacen”.
“No estaba bien en ese momento y cuando regresé a México, caí en depresión y tuve que acudir con una psicóloga para recuperar mi confianza y seguridad en cada competencia”.
“El recuperarme y tener confianza ha sido un proceso duro. Todavía, en estos días, sigo trabajando porque hay días en los que me sigue costando. Mi mamá está en la Ciudad de México y mi hermano en Guadalajara, entonces el tenerlos lejos, luego si me llega a entristecer y por eso sigo trabajando”.

El anhelado futuro en 2024
Tras un 2023 bastante fructífero con una medalla de oro en el Campeonato Clasificatorio de Clavados, una asistencia al Campeonato Mundial Fukuoka junto a Paola Pineda y un oro en clavados sincronizados en los Panamericanos de Chile, Arantxa ve con buenos ojos el futuro olímpico del próximo año.
“Iremos en febrero a Qatar para lograr esa plaza olímpica en México y buscar el sueño de asistir a París 2024 porque siento como si fuera mi primera experiencia. No quiero quedarme con lo de Tokyo, quiero superarme y salir con mucha satisfacción”.
Por eso y en vías de seguirse preparando aún y cuando la alberca no sea el recinto principal, agradeció la charla y se despidió para seguir con su resiliencia por delante y el recuerdo de todos aquellas personas que han sido esa enorme luz en momentos de oscuridad.
“No se detengan, luchen por lo que quieran lograr, se van a encontrar muchos obstáculos, pero si tienen bien claro su objetivo, eso no debe importar. Es difícil, pero sí se puede, no hay que darse por vencidos y siempre hay una luz al final del túnel”.
Las rápidas
- Equipo de futbol favorito: El América “y solo espero que este torneo no los eliminen”.
- Comida favorita: Los chilaquiles.
- Cantante favorita: Shakira
- Banda favorita: OV7.