León, Guanajuato.- Interpretar a Joaquín Guzmán Loera no era cuestión de imitar una voz, engordar unos kilos y reproducir al personaje que México cree conocer.
Para Héctor Kotsifakis, el verdadero reto de “La Captura” fue desmontar el mito, encontrar al hombre detrás del capo y construirlo sin convertirlo en héroe.
Para “La Captura”, el actor decidió mirar al hombre detrás del mito, estudiar sus gestos y silencios y, sobre todo, evitar la glorificación de un personaje que debía servir a una historia centrada en dos policías.
“No quería hacer lo que todo el mundo sabe del personaje”.
Desde que aceptó el papel de Joaquín Guzmán Loera, Kotsifakis supo que el principal reto sería alejarse de los estereotipos.
“En cuanto acepté el proyecto fue lo primero que pensé: no hacer lo que ya todo el mundo sabemos del personaje”, contó el actor en entrevista exclusiva con AM.
La película dirigida por Chava Cartas, cuenta la historia desde la perspectiva de los policías Carmona (Alfonso Herrera) y Rosales (Noé Hernández), por lo que el intérprete tuvo que construir una presencia que resultara amenazante sin convertirse en el centro de la historia.
La intención era mostrar a un hombre que aparentaba tener el control de la situación, alguien que podía resolverlo todo con un par de palabras porque, desde su perspectiva, tenía a todos comprados.
Pero esa seguridad comienza a resquebrajarse conforme los policías se internan en una situación que los rebasa.
“Los importantes son los policías”, explicó Kotsifakis. “Pero teníamos que generar esa cuestión de que se sintieran amenazados”.

‘El Chapo’ que descubrió detrás del mito
Para construir al personaje, el actor tuvo acceso a información y testimonios que le permitieron conocer aspectos menos conocidos de Guzmán Loera.
Uno de sus acercamientos más importantes fue con el maestro de teatro que convivió con él durante su estancia en prisión en el Altiplano, además de la consulta con la psicóloga que lo atendió. Lo que encontró fue un hombre mucho más hermético de lo que había imaginado.
“Era un tipo demasiado hermético, que no era muy fácil de leer. Pensaba muy bien lo que iba a decir y en la forma en cómo se expresaba precisamente para que no lo pudieran etiquetar en un tipo de psicópata o sociópata”, relató.
Kotsifakis también quedó sorprendido por su capacidad para negociar y por la manera en que podía imponer autoridad sin necesidad de levantar la voz.
“Me sorprendió mucho esa brillantez, esa agudeza para negociar y para poner a la gente en su lugar sin tener que levantar la voz, sin tener que decir una sola grosería”.
El actor también encontró testimonios sobre una faceta distinta: su relación con la gente de su comunidad, su familia y los niños a los que ayudaba.
“En su interior se percibía una buena persona”, dijo Kotsifakis, al explicar cómo esos elementos fueron importantes para comprender la perspectiva del personaje sin justificar sus acciones.
La mirada de un hombre que pierde el control
Uno de los elementos con los que más trabajó el actor fue precisamente la mirada.
En “La Captura” Guzmán Loera aparece acostumbrado a controlar las situaciones, pero frente a los policías surge una circunstancia diferente: por primera vez, no tiene completamente el control.
Kotsifakis buscó que esa tensión apareciera en momentos muy específicos y que su personaje conservara una actitud serena mientras quienes lo rodeaban comenzaban a perder la calma.
“Yo lo que voy a construir es a un personaje real, como si yo estuviera en sus zapatos”, explicó.
Para él, la prioridad no era convertirse en una copia física perfecta, sino encontrar la lógica interna del personaje.

Dos meses para transformar el cuerpo
Aun así, el cambio físico fue parte de la preparación. Durante aproximadamente dos meses, el actor dejó de hacer ejercicio y trabajó para subir de peso, buscando acercarse a las características físicas de Guzmán Loera.
Sin embargo, decidió no obsesionarse con conseguir una réplica exacta.
“Dije: Yo no me voy a agobiar si no engordo tanto, si no me parezco tanto. Que el departamento de imagen haga lo que tenga que hacer. Yo lo que voy a construir es a un personaje real”, recordó.
La transformación más importante, entonces, ocurrió desde otro lugar: en la manera de caminar, hablar, mirar y relacionarse con los demás.
Entre las anécdotas que conoció durante su investigación estuvo precisamente la forma peculiar de caminar de Guzmán Loera, con los pies ligeramente abiertos.
También descubrió que podía ser bromista cuando entraba en confianza.

Del teatro en prisión a un momento de vulnerabilidad
Una de las historias que más impactó a Kotsifakis fue la relacionada con las clases de teatro que Guzmán Loera tomó durante su estancia en prisión.
De acuerdo con el relato que le compartió su maestro, habría pedido esas clases porque permanecía aislado y buscaba tener unos minutos de contacto con el exterior.
El actor conoció una anécdota que terminó siendo fundamental para entender una vulnerabilidad que pocas veces aparece cuando se habla del personaje.
Para una función dentro del penal, Guzmán Loera preparó monólogos de Don Juan Tenorio. El maestro incluso trabajó con él la pronunciación española porque debía interpretar los textos.
El auditorio se llenó de trabajadores del penal que acudieron por curiosidad a verlo. Pero cuando comenzó la función y pronunció sus primeras líneas con su acento sinaloense, las risas del público provocaron que se bloqueara.
“Se le vino un blanco que nos pasa a los actores de pronto en el teatro, a veces cuando estás empezando, el pánico escénico”, recordó Kotsifakis.
Guzmán salió del escenario y se encerró en el camerino. Su maestro fue tras él y, según el relato que recibió el actor, lo encontró golpeando una pared y llorando.
“Es la única vez en todo el tiempo que conviví con él que lo vi que perdió el control”, contó.
La escena terminó de mostrarle a Kotsifakis que detrás del personaje público había contradicciones y emociones que también debían formar parte de su interpretación.
Un ‘Chapo’ sin glorificación
Uno de los mayores retos de la película, era no repetir una fórmula que el cine y las series sobre narcotráfico han utilizado durante años. En esta historia, el criminal no es el héroe.
“El personaje luminoso, el criminal”, como lo describe Kotsifakis, es precisamente una narrativa que la película busca cambiar. “Estábamos jugando a lo contrario”, afirmó.
Por eso, su interpretación debía tener un rango limitado de presencia y aparecer solamente en momentos específicos, mientras el peso dramático recae en los policías.
“Los importantes son los policías”, insistió.

La decisión permite que el espectador acompañe a dos agentes que, prácticamente desde que se conocen, comienzan a cuestionarse mutuamente y deben enfrentar una situación para la que ninguno estaba preparado.
El suspenso, explicó Kotsifakis, surge precisamente de esas dudas: de esperar cuál de ellos podría equivocarse, caer o terminar involucrado con el sistema al que se están enfrentando.
Un acento sinaloense construido con oído
Para interpretar a Guzmán Loera, el actor también tuvo que trabajar de manera específica el acento.
No era su primera aproximación a personajes norteños. Kotsifakis es originario de Torreón, pero reconoció que su acento de cuna es distinto al sinaloense.
Antes había interpretado personajes de Sinaloa, incluso en la obra: “El narco habla con Dios”, de Sabina Berman, y en otros proyectos.
Esta vez, sin embargo, necesitaba llevarlo a un terreno serio.
Durante más de dos meses escuchó podcasts de sinaloenses, noticias y diferentes formas de hablar para construir una manera de expresarse que correspondiera al personaje.
“Uno tiene que aprender con el oído a jugarlo porque es el entorno en el que se mueven, en el que crecieron, y eso habla mucho de los personajes”, explicó.
Incluso durante el rodaje hacía propuestas de palabras y expresiones al director.
Chava Cartas, un director que escucha
Héctor destacó también la libertad creativa que encontró trabajando con Chava Cartas.
El actor describe al director como alguien que permite que los intérpretes propongan y que decide junto con ellos qué funciona para la historia.
“Él no es el típico director que dice: ‘Yo tengo todo en mi cabeza y ustedes van a hacer lo que yo les diga’. Él escoge gente creativa y hace que entre todos armemos el cuento”, señaló.
Esa dinámica permitió que el acento y los diálogos fueran afinándose durante el rodaje. Si alguna propuesta no funcionaba, simplemente se descartaba.
“Si de repente algo no sale y está ‘fake’, lo quita, lo baja, dice: ‘Háblame como tú’. No me importa, pero lo prefiero orgánico y neutro”, relató.

La alcantarilla que construyeron dentro de un contenedor
Uno de los grandes retos físicos de la película fue la secuencia de la alcantarilla. La producción no se limitó a buscar una locación similar: construyó una réplica prácticamente idéntica dentro de un contenedor de ferrocarril.
El equipo de diseño de producción, encabezado por Tato Cartas, reprodujo el acabado y la estructura del canal real que aparece en la historia.
Después, el contenedor fue colocado dentro de una alberca olímpica que ya no estaba en funcionamiento, en las afueras de Chihuahua.
La producción llenó la alberca con pipas y utilizó dos grúas para bajar y sumergir el contenedor mientras los actores caminaban dentro de la estructura.
El nivel del agua subía de manera controlada hasta llegar al momento en que los personajes debían salir.
“Fue una cosa tremenda de la producción”, recordó Kotsifakis.
La escena no solamente fue complicada por su diseño. Se filmó en noviembre, en Chihuahua, con agua fría y temperaturas que hicieron que Kotsifakis y el resto del equipo tuvieran que trabajar por periodos muy cortos.
“En noviembre Chihuahua, imagínate”, contó.
El actor explicó que apenas podía permanecer dentro del agua durante un par de tomas antes de que comenzaran a entumirse sus pies y se dificultara incluso hablar.

Mientras el equipo técnico utilizaba trajes de neopreno, los actores tenían que permanecer dentro del agua para conseguir la escena.
Los sacaban para calentarse, les colocaban elementos térmicos y esperaban algunos minutos antes de regresar.
Así transcurrió prácticamente todo un día de filmación para conseguir una de las secuencias más claustrofóbicas de la película.
“No es una historia de narcos”
Para Kotsifakis, “La Captura” también representa una oportunidad para modificar la manera en que se cuenta al país y a sus instituciones desde el cine.
El actor hizo un llamado al público a dejar atrás el prejuicio de que cualquier película que involucre al narcotráfico necesariamente glorificará a los criminales.
“No es una historia de narcos, es una historia que habla de valores que también existen”, afirmó.
En ese sentido, destacó que la película pone sobre la mesa la existencia de policías que arriesgan su vida y que, desde su perspectiva, merecen también ser representados desde otro lugar.
“Tenemos que cambiar esa narrativa. Tenemos que hacer que nuestros niños jueguen a querer ser policías y no a querer ser los narcos”, expresó.
El reto de mirar al policía desde otro lugar
El actor considera que durante años se ha construido una imagen demasiado negativa de las instituciones mexicanas en las historias que llegan al cine y las plataformas.
Sin negar que existe corrupción, cuestiona que esa sea la única perspectiva.
“Imagínate que no vas porque te ven vestido, ya es un ratero, es un corrupto. ¿Cómo haces tu trabajo así? ¿Cómo proteges a la sociedad si la misma sociedad te falta el respeto?”, reflexionó.

Por eso, “La Captura” busca colocar al espectador del lado de esos dos policías y hacerle una pregunta incómoda: ¿qué haría si estuviera en esa situación?
Kotsifakis invitó al público a quitarse el prejuicio y acercarse a la película desde ese dilema.
“Véanla. Y cuestiónense, ¿qué harían ustedes si fueran un policía y les toca la mala suerte de toparse con este señor? ¿Qué harían en ese momento?”.
CYPS