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Guanajuato.- Hay misiones en las que no se busca salvar una vida, sino brindar certeza a una familia y eso, Adrián López Campos lo sabe bien, pues desde hace 43 años, el paramédico voluntario de Cruz Roja León se ha especializado en rescates acuáticos, una tarea silenciosa y compleja que lo ha llevado a sumergirse en aguas oscuras para encontrar a quienes ya no regresaron a la superficie.

A sus 60 años, Adrián continúa atendiendo emergencias como voluntario, capacitando guardavidas y formando nuevas generaciones de rescatistas. Su historia comenzó cuando apenas tenía 17 años.

“Mi papá ya había estado en Cruz Roja unos años cuando yo estaba muy pequeño. Después entró mi hermano mayor y me llamó la atención verlo llegar uniformado y contar las emergencias que atendía. Pensé: vamos a probar qué podemos hacer”, recordó.

Fue en 1983 cuando ingresó a la institución. En aquella época, explicó, la formación era muy distinta a la actual.

“Había dos esquemas: el aspirante y el alumno. El aspirante primero subía a las ambulancias para ver si realmente servía para esto. Los cursos eran de seis meses y veíamos primeros auxilios muy básicos. No teníamos acceso a medicamentos ni soluciones, eran vendajes, gasas y férulas hechas de cartón”, comentó.

Sin embargo, bastó una sola guardia para descubrir su vocación. “Desde el primer día me gustó. Esa noche atendimos emergencias casi sin parar porque Cruz Roja cubría todo. Ahí dije: sí me gusta y ahora sí hay que capacitarse”, compartió.

Tras graduarse como socorrista, ingresó a la especialidad de rescate en montaña. Fue durante esa etapa cuando ocurrió un hecho que cambiaría el rumbo de su trayectoria.

Mientras realizaban prácticas en la Sierra de Lobos, fueron requeridos para recuperar el cuerpo de una persona que había fallecido en un estanque.

“Casi nadie sabía nadar. Llevábamos una cámara de llanta y cuerdas. Así empezamos a entrar al agua y después nos hicieron saber que nos estábamos capacitando ya como área acuática”, relató.

Corría 1985 y, tras el terremoto de Ciudad de México, la capacitación de los cuerpos de emergencia comenzó a profesionalizarse en todo el país.

“Se vio que no teníamos la capacidad suficiente y empezaron a abrirse más cursos. El rescate acuático se formalizó, el rescate en montaña evolucionó a rescate vertical y comenzamos a convertirnos en técnicos especializados”, explicó.

Desde entonces enfocó toda su preparación en el rescate acuático. Actualmente cuenta con tres certificaciones internacionales de buceo, es guardavidas profesional certificado y participa como instructor de nuevos rescatistas.

“He tomado al menos un curso por año durante 43 años. Cruz Roja me dio toda la capacitación y por eso siempre he sido voluntario; nunca he trabajado en emergencias de manera remunerada”, señaló.

El trabajo bajo el agua

A diferencia de otros servicios de emergencia, los rescates acuáticos suelen realizarse en condiciones extremas.

“No es fácil. Nosotros trabajamos en visibilidad nula. Las presas de aquí te permiten ver apenas 15 o 20 centímetros. Son aguas oscuras, frías y muchas veces estamos buscando personas que desaparecieron desde hace días”, explicó.

Antes de ingresar al agua, el equipo realiza una investigación detallada con testigos para determinar el último punto donde fue vista la víctima.

“Ubicamos al testigo principal exactamente donde estaba parado cuando ocurrió el accidente. Si nos movemos diez o veinte metros ya perdimos la perspectiva. De ahí calculamos nuestro radio de búsqueda”, detalló.

Mientras algunos compañeros preparan el equipo, el líder del operativo define la estrategia de rastreo.

“Hay barridos rectos, rastreos en péndulo y otros métodos. Todo depende de las condiciones del lugar. Ya dentro del agua no hablamos. Todas las comunicaciones son con las manos o mediante jalones de cuerda”, explicó.

La coordinación es total. “Nosotros hablamos con las manos y escuchamos con las manos”, resumió.

Cuando finalmente localizan a una víctima, el protocolo exige máxima precisión. “Nos aglutinamos alrededor del cuerpo y lo abrazamos para que no se nos suelte. Si se cae o se pierde otra vez, hay que volver a empezar. Lo encapsulamos y lo llevamos hasta la orilla sin exponerlo”, comentó.

La parte más difícil: entregar respuestas

Aunque ha participado en innumerables rescates a lo largo de cuatro décadas, Adrián reconoce que lo más complicado no ocurre dentro del agua.

“Lo difícil es entregar el cuerpo. No se lo entregamos directamente a la familia, sino a las autoridades. Pero siempre hay un familiar que debe reconocerlo y esos momentos son muy duros”, expresó.

Los casos que involucran menores de edad son los que más lo han marcado.

“Sobre todo los niños. Esos son los que más pesan”, dijo.

Durante su trayectoria ha participado en búsquedas en León, Jalisco, Michoacán y otras regiones donde no existen equipos especializados de buceo.

“No podría decir cuántos rescates llevo, pero sí han sido bastantes. Hubo años en que solamente en Semana Santa recuperábamos hasta cinco personas ahogadas en el Parque Metropolitano”, recordó.

Uno de los aspectos más complejos es enfrentarse a cuerpos que han permanecido días bajo el agua.

“Hemos encontrado personas atrapadas entre ramas o cercas de alambre. Hay que trabajar con mucho cuidado para no desprender ninguna parte del cuerpo durante la extracción”, explicó.

El manejo emocional

Pese a la experiencia acumulada, cada rescate representa un desafío emocional.

“Todo el camino vamos callados. Cada quien va meditando en lo suyo. Ya cuando llegas tienes que enfocarte en que vas a encontrar un cadáver y que también debes cuidar a tus compañeros, porque ellos van a cuidar de ti”, compartió.

Esa preparación mental le ha permitido enfrentar escenarios difíciles durante décadas sin perder de vista el objetivo principal: devolver certeza a las familias.

Una vida dedicada al servicio

Además de formar parte del área de rescates acuáticos, Adrián continúa realizando guardias en ambulancia, participa en operativos especiales, capacita guardavidas y colabora en programas asistenciales para pacientes y adultos mayores.

Forma parte de la Coordinación de Veteranos de Cruz Roja, una distinción reservada para quienes acumulan al menos 12 años de servicio. Él ya suma 43.

También participa en el programa “Pan y Café”, mediante el cual voluntarios visitan hospitales para entregar alimentos y acompañamiento a familiares de pacientes.

“Lo que me mantiene económicamente es mi trabajo, pero lo que más me mantiene con vida es la Cruz Roja”, afirmó.

Un legado que también vive en familia 

La vocación de Adrián López Campos no solo se refleja en los rescates que ha realizado durante más de cuatro décadas, también está presente en su historia familiar.

El rescatista compartió fotografías de distintos momentos dentro de Cruz Roja, entre ellas donde aparece en una ambulancia acompañado de su nieto.

“Es mi nieto”, comentó. Como abuelo orgulloso, Adrián contó que ya ha tenido la oportunidad de acercarlo al mundo de las emergencias y enseñarle una ambulancia, un espacio que durante 43 años ha sido parte de su vida.

Su familia no está ajena a esta vocación, pues su esposa fue enfermera de Cruz Roja, uno de sus hijos trabaja en Protección Civil y su hija es guardavidas y paramédica.

“Desde muy pequeños me acompañaban. Ellos crecieron viendo todo esto y terminaron involucrándose también”, comentó.

“Ser paramédico es parte de mi vida”

Con motivo del Día del Paramédico, Adrián reflexiona sobre lo que significa portar ese uniforme después de más de cuatro décadas de servicio.

“Ser paramédico es parte de mi vida. Con el tiempo ya no puedes vivir sin esto”, afirmó.

Incluso compara la pasión por las emergencias con una adicción.

“Yo creo que somos adictos. Si no estamos en una ambulancia o cubriendo un servicio, no tenemos dónde detonar esa adrenalina que siempre está guardada. Aunque vivimos bajo tensión, salimos liberados”, expresó.

A quienes desean iniciar una carrera en el ámbito de las emergencias les hace una invitación clara.

“Que se acerquen. Los primeros auxilios son necesarios en cualquier momento. Si tienen vocación de servir, pueden entrar a Cruz Roja, Bomberos, Protección Civil o cualquier institución. Nos hace falta mucho personal voluntario con verdadera vocación”, señaló.

Mientras su cuerpo se lo permita, Adrián asegura que seguirá respondiendo al llamado de las emergencias. “Mientras el cuerpo aguante voy a seguirle”.

Porque después de 43 años descendiendo a profundidades donde casi nunca hay esperanza de encontrar vida, Adrián López Campos continúa emergiendo con la misma convicción que lo llevó a ingresar a Cruz Roja a los 17 años: servir a los demás, incluso en los momentos más difíciles.

En cifras 

Actualmente, en la Delegación de la Cruz Roja Mexicana en Guanajuato hay cerca de 700 paramédicos, de los cuales, 40 corresponden a León. Esta cifra contempla los paramédicos de base y los voluntarios. 

En la entidad hay 94 ambulancias de Cruz Roja que durante 2025 brindaron 42 mil 865 servicios gratuitos. En total, el año pasado, dicha institución otorgó 138 mil 840 servicios médicos. 

En Guanajuato que tiene una población de 6 millones 537 mil 669 habitantes, los servicios por cada 100 mil habitantes que ofrece la Cruz Mexicana son 151.13. 

La Delegación de la Cruz Roja Mexicana en Guanajuato informó que en 2025 se beneficiaron a 3 mil 985 personas con el programa de prevención de Lesiones por Accidentes. 

La Cruz Roja actúa en situaciones de emergencias y/o desastres al ofrecer atención eficiente a la población, impulsa acciones que incrementen la capacidad de las personas y las comunidades mediante la acción comunitaria fortaleciendo la resiliencia en las comunidades vulnerables. 

También capacita al voluntariado de las mismas reduciendo las afectaciones humanas, sociales y materiales ante las emergencias y/o desastres de origen natural o climático. 

Cuenta con personal especializado como Técnicos en Urgencias Médicas, Operadores de Unidades de Emergencia, Técnicos en Extracción Vehicular, Técnicos en Rescate Vertical, Salvamento Acuático, Buzos de Rescate, entre otros. 

El dato 

Este 24 de junio se conmemora el Día Internacional del Personal Paramédico, el cual tiene su origen en la batalla de Solferino en junio de 1859 en la que el fundador de la Cruz Roja, Henry Dunant, en compañía de otras personas, realizaron trabajo voluntariado para atender a los soldados heridos.  

En México también se celebra a las personas socorristas, término que abarca no solo al personal paramédico sino también, bomberos, personal de enfermería o cualquier otra persona que cuente con el entrenamiento necesario para brindar de manera oportuna auxilio a terceros. 

HLL

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