Irapuato.- El proyecto del Acueducto Solís-León no solo busca llevar agua de una fuente superficial a la zona metropolitana, sino reducir la dependencia de los mantos acuíferos, cuya sobreexplotación está relacionada con el hundimiento del suelo en Irapuato, señaló Ricardo Holguín Santana, director de la Junta de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Irapuato (Japami).
El funcionario consideró que utilizar agua de lluvia proveniente de la presa permitiría disminuir los volúmenes que actualmente se extraen del subsuelo y, con ello, avanzar hacia una estabilización del acuífero Irapuato-Valle.
“Es un proyecto estratégico para el Estado que se colocaría en una posición importante para la eficiencia de agua porque vamos a dejar de extraer agua de nuestros acuíferos y vamos a utilizar agua de lluvia”.
Aguas subterráneas
Actualmente, el abastecimiento de agua potable de Irapuato depende en buena medida de la extracción subterránea. La Japami cuenta con 84 pozos para suministrar agua a la población y otros 10 en reserva, lo que refleja la infraestructura que el municipio mantiene para obtener el líquido desde los mantos acuíferos.
De acuerdo con información de la propia Japami, dos de estos pozos han sido certificados ante la Secretaría de Salud por los controles de calidad que mantienen, lo que permite que habitantes de 10 colonias puedan consumir directamente el agua de la llave.
La dependencia también realiza revisiones periódicas para conocer las condiciones físicas de los pozos y determinar si requieren mantenimiento o intervenciones mayores, con el objetivo de evitar afectaciones prolongadas al servicio.
Freno geológico
Holguín Santana reconoció que el proyecto del acueducto enfrenta complicaciones para concretarse, aunque dijo que todavía existe expectativa de que pueda realizarse.
En caso contrario, señaló que será necesario conocer qué alternativas se plantearán para compensar el volumen de agua que se esperaba obtener de la presa y aprovechar los recursos destinados al proyecto.
“Esperemos que se llegue a concretar, todavía traemos la esperanza, pero sí vemos que se está complicando”.
La importancia del acueducto, explicó, está relacionada con un problema que Irapuato arrastra desde hace años: la extracción de agua subterránea y sus efectos sobre el terreno.
Suelo endeble
El geólogo Alejandro Méndez, quien realizó un estudio de campo, geofísica y microgravimetría para analizar fallas geológicas al oriente y sur de Irapuato, señaló que el hundimiento diferencial está relacionado con la extracción de agua subterránea.
De acuerdo con sus datos preliminares, existen zonas de Irapuato donde el terreno presenta hundimientos de entre cinco y siete centímetros por año, aunque el fenómeno no ocurre de manera uniforme en todo el municipio.
Holguín Santana coincidió en que la sobreexplotación del acuífero está relacionada con estos asentamientos y sostuvo que reducir la extracción es una de las vías para atender el problema desde su origen.
“Sabemos que esos asentamientos son provocados precisamente por la sobreexplotación del acuífero, por eso la visión de la presidenta Lorena Alfaro es a futuro para estar atacando el problema de raíz”.
El director de Japami explicó que disminuir la presión sobre el acuífero requiere contar con fuentes alternativas de abastecimiento, entre ellas el agua superficial de presas.
“¿Cómo se puede lograr? De muchas maneras. Primero, dejando de extraer tanto volumen de agua con fuentes alternativas”.
En este contexto, señaló que el Acueducto Solís-León representa una de las obras que permitirían avanzar en esa dirección, al sustituir parte del agua subterránea por agua de lluvia almacenada en la presa.
Holguín Santana también relacionó esta estrategia con otros proyectos hídricos, como el planteado para aprovechar agua de la presa La Purísima.
“Lo que se busca precisamente en sacar menos agua es estabilizar el acuífero”.
Alerta regional
El funcionario puso como referencia el caso de Celaya, donde, de acuerdo con los datos que mencionó, se han identificado asentamientos de alrededor de 10 a 12 centímetros por año, mientras que también existen zonas críticas en Silao.
“Si es correcto lo que comenta que está habiendo asentamiento de esas magnitudes y hay algunos lugares en el estado que está siendo hasta más crítico, como es en el caso de Celaya y en algunos casos de Silao”.
El problema adquiere otra dimensión al considerar las fallas geológicas que atraviesan Irapuato.
El diagnóstico municipal actualizado en 2024 identificó 19 estructuras geológicas, con una longitud acumulada cercana a los 30 kilómetros. Estas estructuras atraviesan zonas habitacionales, calles, comercios y otras áreas urbanas.
El documento relaciona el fenómeno de subsidencia con la sobreexplotación del acuífero Irapuato-Valle y advierte que los movimientos del subsuelo pueden provocar desniveles, grietas en construcciones, deformaciones en vialidades y daños en tuberías de agua potable y drenaje.
Comercios en riesgo
Dentro de la franja de impacto directo de las fallas se encuentran 4 mil 606 habitantes, mil 373 viviendas y 247 unidades económicas.
Alejandro Méndez señaló que el problema requiere estudios de mayor profundidad y una visión regional, pues las fallas y los hundimientos no son exclusivos de Irapuato.
“En Irapuato están viviendo en una zona de geología compleja, se necesita más investigación de la geología profunda y entender estos fenómenos porque sí vemos las fallas en superficie, pero es un proceso mucho más grande del que se tiene que dar una explicación”.
El especialista también estimó que su estudio podría aportar información sobre cuatro nuevas fallas, además de las 22 que previamente se tenían identificadas en el municipio, aunque precisó que todavía trabajaba en las conclusiones.
Cartografía urgente
Para Méndez, conocer el comportamiento del subsuelo debe servir también para definir dónde puede desarrollarse infraestructura y vivienda y para actualizar los mapas de riesgo.
“Los mapas de riesgo no son solamente grandísimos documentos que cuesta hacerlo mucho, sino que la población se acerque y entienda dónde está parada”.
Mientras los estudios continúan documentando los efectos de la subsidencia, para Japami el reto de fondo es reducir la cantidad de agua que se extrae del subsuelo.
Los 84 pozos que actualmente utiliza el organismo, más otros 10 que mantiene como reserva, forman parte de la infraestructura necesaria para garantizar el suministro, pero también evidencian la dependencia que mantiene la ciudad de sus fuentes subterráneas.
Por ello, Holguín Santana insistió en que el Acueducto Solís-León tendría una función que va más allá de garantizar el suministro: permitiría utilizar una fuente superficial para disminuir la presión sobre el acuífero Irapuato-Valle.
“Lo que se busca precisamente en sacar menos agua es en estabilizar el acuífero”.
La definición sobre el futuro del acueducto será relevante para determinar qué otras fuentes podrían utilizarse para sustituir el agua que actualmente se obtiene mediante pozos.
Para el director de Japami, la prioridad es que cualquier alternativa permita avanzar hacia una menor extracción de agua subterránea.
“Vamos a dejar de extraer agua de nuestros acuíferos y vamos a utilizar agua de lluvia”.
AAK