Historia 074
Esta es la historia 074 de 450 que te contaremos sobre León
Antes de que León creciera hacia donde hoy se extiende, antes de que Explora, Plaza Mayor y amplias zonas del norte tomaran forma, hubo alguien que miró la ciudad desde arriba, un apasionado de la aeronáutica.
En 1992, cuando ver un helicóptero sobrevolar León era una imagen poco común, un Enstrom negro con amarillo comenzó a surcar el cielo. Al mando iba David Arredondo Espinoza, uno de los primeros hombres en volar un helicóptero en León, un episodio poco documentado, pero profundamente ligado a la memoria de la ciudad.

David no nació en León, pero León terminó siendo su lugar. Nació el 10 de abril de 1946 en San José de Iturbide, bajo el signo de Aries, su infancia transcurrió en Celaya, donde su padre inició un pequeño negocio de autopartes: vendían piezas de carros que ya no necesitaban y, poco a poco, ese intercambio se convirtió en el origen del negocio familiar.
Todo empezó porque mi abuelo comenzó a pedir piezas y a vender las que ya no necesitaban”, recuerda su hija Lizette Arredondo.
Desde niño mostró curiosidad por los negocios y por aprender. A finales de los años cincuenta, con apenas 12 años, un hombre le confió un carrito para vender hot dogs; ese fue su primer negocio. “Desde muy joven tenía hambre de hacer cosas nuevas”, coinciden en su familia.
El primer contacto con los cielos
Su acercamiento a la aviación comenzó en su juventud en Salamanca. Un vecino piloto, que volaba avionetas en Salamanca y Celaya, despertó su interés.
Un cliente del yonke también era piloto y volaba todos los días. David, con 18 años, le pidió que le enseñara a volar; la respuesta fue negativa. Le dijo que, si quería aprender, tendría que hacerlo solo, observando.
El aprendizaje llegó de manera inesperada. Un día, el piloto no acudió y había que trasladar al alcalde; le preguntaron si sabía volar. Esa fue la primera vez que David tomó los controles.

Desde entonces, volar se convirtió en parte de su vida. “Mi papá siempre nos decía: pongan atención en todo, porque si quieres aprender algo, tienes que ser muy observador”, recuerda Lizette.
León, la ciudad elegida
Antes de mudarse, León ya lo atraía. Le gustaba la feria, el Arco de la Calzada, la dinámica de la ciudad. “Él era un enamorado de León y eligió venirse a vivir aquí con mi mamá en los ochentas”, cuenta su hija. Aquí estableció su hogar, en la colonia Andrade, y aquí vio crecer a su familia y sus negocios.
Desde los 18 años no dejó de volar. Compró primero un avión, con esfuerzo, y con el paso de los años fue renovándolo. En 1992, cuando su situación económica era más estable, decidió tomar clases para pilotear helicópteros en Santa Lucía; ese paso marcaría una nueva etapa.
El helicóptero amarillo
Ese mismo año viajó junto a su esposa, Lichita Cabrera, a Menominee, Michigan, en Estados Unidos, ahí compró su primer helicóptero Enstrom, modelo 1992, lo eligió negro con amarillo. “Su primer avión era amarillo y creemos que eso se le quedó en el subconsciente”, recuerda su familia. Para ellos, el helicóptero parecía “un huevito” y David era feliz.
El Yonke Dany, hoy Yonke Mega, ubicado en la salida León–Silao, se convirtió en su base; desde ahí despegaba y aterrizaba.

El helicóptero se volvió una referencia visual para quienes acudían al lugar. “Le encantaba bajarse en todos lados, era un espectáculo fuera de serie”, recuerda Lizette.
Volar y compartir
David no volaba solo, invitaba a clientes, amigos, conocidos y personas que llegaban por recomendación. En sus vuelos coincidían personas del ámbito financiero, clientes del yonke y amistades unidas por la curiosidad. No existía un filtro; para él, volar era compartir.
Entre sus pasajeros estuvieron figuras locales, como una reina de la ciudad llamada Alba, quien voló acompañada de sus padres, y el notario Fito Vieira. “Era muy respetuoso y admiraba mucho el crecimiento de la ciudad”, señala su hija.
Testigo del crecimiento de León desde el aire
Durante sus recorridos, David tomó más de mil fotografías aéreas. Documentó el crecimiento de Explora, Plaza Mayor y otras zonas cuando aún no existía el trazo urbano actual. Sin internet ni herramientas digitales, esas imágenes se convirtieron en un archivo que hoy guarda su familia. “Iba tomando fotos de cómo se iba construyendo la ciudad”, recuerda Lizette.

Su relación con la aviación lo llevó a establecer vínculos con los militares. Cada año era invitado al Día del Ejército. Tras su fallecimiento, la familia recibió reconocimientos por esa relación cercana.
Una pasión heredada
David Arredondo Espinoza falleció el 20 de enero de 2024; su pasión no terminó con él. Su hijo, David Jr., es piloto, y su nieta Gissell Garza Treviño Arredondo, de 27 años, también lo es, además de corredora de jeeps y administradora.
Su familia lo recuerda como un padre que siempre buscó guiarlos por el buen camino, aventurero en el aire, pero profundamente arraigado a León. “Nos enseñó a amar la ciudad, su historia y su transformación”, coinciden.
Más que un piloto, David Arredondo Espinoza fue un observador del crecimiento de León desde el aire, un testigo silencioso de su transformación y un nombre que quedó ligado al cielo de la ciudad que lo adoptó.
DAR
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