Historia 261
Esta es la historia 261 de 450 que te contaremos sobre León
De la elegante finca de estilo afrancesado que durante décadas llamó la atención de los leoneses sobre la actual Calzada de los Héroes —entonces Camino Real de Guanajuato— hoy solo permanece una pequeña caseta en ruinas.
El tiempo borró casi por completo la residencia del general Manuel Orellana Nogueras, conocida como Quinta Elvira, una de las propiedades más llamativas del León de principios del siglo XX y protagonista de numerosas historias, leyendas y transformaciones urbanas.

Una residencia ligada a un héroe de la inundación de 1888
La historia de la Quinta Elvira está estrechamente vinculada con Manuel Orellana Nogueras, militar que participó en las labores de rescate durante la devastadora inundación del 18 de junio de 1888.
Junto con sus tropas, colaboró en el auxilio de la población al lado del coronel Pomposo G. Campillo, el padre Pablo de Anda y Padilla y el obispo Tomás Barón y Morales.
Antes de llegar a León, Orellana había participado en la Guerra de Reforma, la Intervención Francesa y diversos enfrentamientos militares entre 1858 y 1876. En 1882 fue nombrado primer jefe de la VII Zona Militar, con sede en León e integrada por Guanajuato, Michoacán y Querétaro.

La Quinta Elvira
El libro Historia Militar de León, dirigido por David Granados Ramírez, señala:
“Orellana dejó registro tanto de su valor personal para salvar gente que el agua ya se llevaba, como de su prontitud y eficacia para prestar auxilio como autoridad. Sus soldados trabajaron desde el principio para levantar las ruinas y él mismo encabezó los esfuerzos para socorrer a los miles de damnificados”.
Ese mismo año contrajo matrimonio con Elvira Torres y Soto, de quien la propiedad tomó su nombre.
Construida a principios del siglo XX, la Quinta Elvira era una residencia moderna para su época. Contaba con un porche de influencia británica, muros de ladrillo aparente, terraza en la azotea, caballerizas y una alberca ubicada en un espacio independiente.
El general murió en la propiedad pocos años después de concluirla. Su viuda y sus cinco hijos permanecieron ahí durante varias décadas.
El principio del fin
Mantener la casona resultaba cada vez más costoso.
A principios de la década de 1960 la familia decidió mudarse a la ex hacienda del Bosque, en Silao, propiedad adquirida años antes por Orellana.
Posteriormente la finca fue rentada a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, pero el deterioro avanzó rápidamente.
Durante la década de 1970, autoridades municipales y la familia acordaron su demolición debido al riesgo que representaba la construcción.
La desaparición fue gradual. Conforme avanzaban los trabajos, distintos negocios comenzaron a ocupar el terreno, entre ellos la Imprenta Novoa.
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Las leyendas que sobrevivieron
La desaparición de la Quinta Elvira dio origen a numerosas historias populares.
Algunos aseguraban que en el terreno permanecían enterradas armas antiguas; otros hablaban de dinero oculto, de cristeros ejecutados o incluso de túneles secretos bajo la propiedad.
Ninguna de esas versiones pudo comprobarse, pero terminaron formando parte de la memoria colectiva de varias generaciones de leoneses.
Lo único que queda
Actualmente sólo permanece una caseta circular de ladrillo aparente y un terreno baldío contiguo al Malecón del Río.

Son los últimos vestigios visibles de la Quinta Elvira, una residencia que durante décadas formó parte del paisaje de León y cuya historia sobrevivió mucho más tiempo que sus propios muros.
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