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Historia 386

Esta es la historia 386 de 450 que te contaremos sobre León

Durante más de tres décadas, el nombre de José Morúa Mares estuvo ligado a la Policía Judicial en Guanajuato. Leonés y conocido en el ámbito policiaco por las investigaciones en las que participó, fue uno de los comandantes judiciales de larga trayectoria de su época.

Nació el 19 de noviembre de 1940 y creció en la colonia El Retiro, cuando en aquella zona todavía abundaban los lotes baldíos y podían verse sembradíos a la distancia.

Su nombre apareció durante años en las páginas policiacas de los medios locales. Entre los casos que marcaron su trayectoria estuvo el del llamado “Loco del Ácido”, que durante varias semanas de 1990 provocó temor entre los habitantes de León por una serie de ataques con sustancias corrosivas.

Morúa también participó en investigaciones fuera de la ciudad. Su trabajo lo llevó por Salamanca, Silao y San Francisco del Rincón, donde estuvo al frente de la Policía Judicial y participó en 1987 en las indagatorias por la muerte de dos estudiantes de 16 años.

José Morúa Mares. Foto: Cortesía de la familia Morúa

Detrás del comandante estaba un hombre formado en la disciplina militar y que, según recuerda su familia, hizo de la paciencia y la perseverancia dos de sus principales herramientas para investigar.

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De El Retiro a la Policía Judicial

Morúa estudió hasta la secundaria y a los 18 años se incorporó al Ejército. Pasó varios años en Veracruz y regresó a León alrededor de los 32 años.

Se formó en el Ejército en Coatazalcos, Veracruz. Foto: Cortesía de la familia Morúa

De acuerdo con los recuerdos de su familia, aquella formación militar marcó su carácter y posteriormente su manera de trabajar como policía: disciplina, paciencia y perseverancia.

Después de regresar a León conoció a Amelia Mójica Hernández, con quien contrajo matrimonio. Tuvieron dos hijos, Josafat e Irazú.

Morúa se incorporó a la Policía Judicial del Estado y comenzó una trayectoria que se prolongaría durante más de tres décadas.

El “Loco del Ácido”, un caso que estremeció a León

Uno de los episodios criminales más recordados de León durante aquellos años ocurrió entre marzo y abril de 1990. Durante poco más de dos semanas se registraron ataques con ácido contra personas en distintos puntos de la ciudad.

La prensa comenzó a referirse al responsable como “El Loco del Ácido”. Las primeras víctimas incluyeron a un menor en la colonia Azteca y a un estudiante cerca del Parque Manzanares.

El caso alcanzó uno de sus momentos más graves el 9 de abril, cuando Ana Bertha Guzmán fue atacada con ácido al salir de trabajar, cerca de la Cámara de la Industria del Calzado y de la Deportiva Enrique Fernández Martínez.

La joven sufrió quemaduras químicas de tercer grado en aproximadamente el 40% de su cuerpo.

Las investigaciones de la Policía Judicial identificaron como principal señalado a Gerardo de Alba Rodríguez, de 26 años, exnovio de Ana Bertha. Las indagatorias establecieron que el ataque contra la joven habría sido motivado por una venganza después de que ella terminara la relación.

La familia de José Morúa recuerda su participación en las investigaciones de este caso, que movilizó a las corporaciones policiacas y mantuvo durante semanas la atención de los medios y de los habitantes de León.

Dos presuntos cómplices, Guillermo García, “El Memo”, y Alfredo Beltrán, “El Vacas”, fueron detenidos y enfrentaron un proceso penal. Gerardo de Alba Rodríguez, en cambio, logró escapar y nunca fue capturado.

Con los años también sería conocido popularmente como “Gerácido”, sobrenombre formado a partir de su nombre y de la sustancia utilizada en los ataques.

José Morúa con el gobernador Carlos Medina Plascencia en 1993. Foto: Cortesía de la familia Morúa

Más de 30 años en la Judicial

Durante su carrera, Morúa estuvo adscrito a distintas plazas de Guanajuato, entre ellas León, Salamanca, Silao y San Francisco del Rincón.

Los recortes periodísticos conservados por su familia permiten documentar algunos momentos de aquella trayectoria.

El 17 de mayo de 1986, una publicación local lo identificó como jefe de grupo de la Policía Judicial en Salamanca. La información daba cuenta de la recuperación de un botín obtenido por dos mujeres en el robo a una vivienda de la colonia Familias Unidas.

Un año después, Morúa estaba al frente de la Policía Judicial en San Francisco del Rincón.

Ahí participaría en otra investigación que tuvo amplia cobertura en las páginas policiacas.

El “Estrangulador de Colegialas”

El 15 de junio de 1987, un medio local publicó en su sección policiaca el encabezado: “Sin Pista del Estrangulador de Colegialas”.

La investigación estaba relacionada con las muertes de dos estudiantes de 16 años cuyos cuerpos habían sido encontrados en la misma zona.

Una de ellas era Rosalba Rada, estudiante de la Secundaria Federal número 4, quien había sido reportada como desaparecida el 18 de mayo. Su cuerpo fue localizado en un paraje cercano a la carretera a San Diego de Alejandría, en las inmediaciones de la desviación hacia Manuel Doblado.

La otra víctima era Norma Laura Soto Estévez, también de 16 años, quien había sido reportada como desaparecida desde el 23 de enero.

De acuerdo con la información publicada entonces, las jóvenes no se conocían, pero tenían elementos en común: ambas eran estudiantes y habían desaparecido después de salir rumbo a sus escuelas.

Los cuerpos presentaban señales de violencia y ambas habían sido estranguladas.

Morúa y las investigaciones

Morúa participó directamente en las investigaciones y acudió al sitio donde fueron localizados los cuerpos. Una fotografía publicada en la prensa local lo muestra inspeccionando el paraje y lo identifica como jefe de la Policía Judicial de San Francisco del Rincón.

Morúa participó directamente en las investigaciones. Foto: Hemeroteca AHML

Una de las interrogantes era si los dos cuerpos habían sido abandonados ahí desde un principio.

Morúa descartó esa posibilidad porque, después del primer hallazgo, la Policía había buscado en una amplia área del terreno sin encontrar el segundo.

“Es obvio que el, o los asesinos, intentan burlarse al dejar en el mismo lugar ambos cuerpos, como si quisieran dejar su rúbrica de que se trata de los mismos autores”, declaró entonces.

Las autoridades continuaron trabajando entre distintas hipótesis. La información periodística planteaba si se trataba de un solo responsable, de varios autores o de una banda.

El caso quedó ligado en la prensa de aquellos días al nombre de “El Estrangulador de Colegialas”, aunque la información disponible no permite establecer que las autoridades hubieran identificado entonces a un responsable.

El comandante y el padre

Durante sus más de 30 años en la Policía Judicial, Morúa trabajó bajo distintas administraciones estatales y, de acuerdo con su familia, recibió diversos reconocimientos por su trayectoria.

También participó en operativos en los que llegó a ser atacado por delincuentes sin resultar lesionado.

Su familia recuerda a un investigador paciente, que difícilmente daba un caso por perdido y podía dedicar largos periodos a seguir pistas.

Pero la imagen del policía serio contrastaba con la que conservan sus hijos dentro de casa.

Su hija, Irazú Morúa Mójica, quien estudió Derecho y también trabajó durante un tiempo en la Procuraduría General de Justicia del Estado, recuerda a un padre cercano y protector.

“Conmigo era un amor, una miel, siempre me apoyó y me daba muchos consejos de cómo cuidarme”.

Para ella, la preparación fue otra constante en la vida de su padre.

“Mi padre fue un hombre que siempre se preparó y recibió muchos reconocimientos en diferentes etapas de su carrera profesional”.

Muere José Morúa

José Morúa Mares murió el 2 de julio de 2011, a los 70 años.

Su historia quedó ligada a una época de la Policía Judicial y de la nota roja leonesa, cuando las investigaciones que encabezaban los comandantes aparecían diariamente en las páginas de los periódicos.

Morúa fue uno de aquellos policías cuyo nombre se volvió conocido entre los lectores, mientras construía una trayectoria de más de tres décadas que había comenzado con aquel joven de El Retiro que decidió incorporarse a la vida militar.

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