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Historia 412

Esta es la historia 412 de 450 que te contaremos sobre León

Los franciscanos forman parte de la historia de León desde finales del siglo XVI. Llegaron en 1589, cuando la villa tenía apenas 13 años de fundada y sus habitantes enfrentaban la falta de atención religiosa tras la muerte del primer cura, Alonso de Espino.

La congregación fundada por san Francisco de Asís permanece en León. Los frailes, vestidos con túnica, capucha y capa de color marrón, sandalias y un cordón blanco en la cintura, viven actualmente en un convento junto al Instituto Leonés. Son siete: tres están dedicados al Instituto Leonés y a la Universidad Franciscana, y cuatro atienden el templo de San Francisco del Coecillo.

Desde su llegada a la Villa de León, los franciscanos se encargaron de la atención religiosa de la población. Hablaban otomí y purépecha. En 1590 fundaron el convento franciscano y comenzaron a construir el templo, ahora parroquia del Sagrario, que sería la primera iglesia de la villa. En el mismo conjunto establecieron un panteón.

Posteriormente, en 1912 fueron enviados al Barrio de El Coecillo, donde su trabajo se concentró en la educación, la doctrina y la atención a las familias.

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Una villa sin párroco

La Villa de León fue fundada el 20 de enero de 1576. La atención religiosa quedó inicialmente en manos del bachiller Alonso de Espino, sacerdote secular.

La situación cambió cuando fue asesinado por los chichimecas.

El Archivo Histórico Municipal de León registra que, después de la muerte de Espino, ocurrida en 1586, la villa permaneció durante 1587 y buena parte de 1588 sin cura. Solo ocasionalmente llegaba algún sacerdote para administrar los sacramentos.

La falta de atención religiosa comenzó a preocupar a los habitantes.

El 20 de julio de 1588, el cabildo comisionó a Simón de Gallarza para viajar a Valladolid —hoy Morelia—, sede del obispado, y solicitar un sacerdote.

La respuesta fue la llegada de los franciscanos.

Los primeros frailes

Fray Juan de Santander y fray Diego Medrano fueron los primeros franciscanos que se establecieron en León, en 1589. Su llegada no fue sencilla.

En la región había constantes enfrentamientos con grupos chichimecas. Fray Rodrigo Rojas Cerroblanco, secretario académico de la Universidad Franciscana de León, plantea como hipótesis que la violencia pudo haber influido en el tiempo transcurrido entre la orden de enviar a los religiosos y su llegada a León.

En 1587, dos frailes que viajaban por la región fueron emboscados y asesinados por indígenas chichimecas. Se trataba de fray Francisco Doncel y fray Pedro de Burgos, quienes transportaban dos Cristos: uno destinado a San Miguel de Allende y otro a San Felipe Torres Mochas. Según explica fray Rodrigo, este episodio pudo haber retrasado la llegada de fray Juan de Santander y fray Diego Medrano a León.

La capilla del Instituto Leonés. Foto: Mónica Ávila

La tarea franciscana

La misión no consistía únicamente en celebrar misa y administrar los sacramentos.

En León había españoles e indígenas. Los franciscanos hablaban otomí y purépecha, además de español, y predicaban para ambos grupos, explica fray Rodrigo.

La población leonesa era cada vez más diversa. También había personas de origen africano vinculadas con la actividad minera de Comanja y Guanajuato.

Los franciscanos comenzaron a formar cofradías, asociaciones de fieles organizadas en torno a la devoción religiosa, pero también a la ayuda mutua.

Las cofradías permitían organizar celebraciones religiosas y obras de asistencia. Fueron una forma de reunir a personas de distintos orígenes.

Del centro al Barrio del Coecillo

Hasta 1767, los franciscanos permanecieron en el centro de la ciudad. También atendían a las poblaciones de los barrios de San Miguel y El Coecillo, así como a la de San Francisco del Rincón.

Ese año dejaron la parroquia del centro, el convento y el panteón. La administración de la parroquia pasó al clero secular debido a una orden emitida por el Obispado de Michoacán que obligó a los frailes a retirarse.

Se les dejó la pequeña iglesia de la Tercera Orden, dedicada a San Antonio, y unas habitaciones para vivir.

Más de un siglo después comenzó otra etapa.

En 1913, el Obispado de León pidió a los franciscanos que dejaran el templo de la Tercera Orden y les asignó la iglesia de San Juan o Purísima del Coecillo. Permanecieron ahí poco tiempo y finalmente fueron enviados al templo de San Francisco del Coecillo.

Cuatro siglos después

Los franciscanos tienen una característica: no consideran que los lugares donde trabajan les pertenezcan. Por eso acatan las órdenes de sus superiores.

La galería de los frailes que han estado a cargo de la labor educativa de los franciscanos en León se encuentra en el patio principal del Instituto Leonés. Foto: Mónica Ávila

Fray Rodrigo lo explica a partir de la regla franciscana. Los frailes deben considerarse peregrinos y extranjeros, dispuestos a trasladarse cuando la obediencia se los indique.

Por esa razón, afirma, atendieron las indicaciones del Obispado. Explica que un proyecto puede quedar inconcluso cuando un religioso recibe la orden de marcharse a otra comunidad o incluso a otro país.

La historia de los franciscanos en León ha sido una sucesión de órdenes y misiones.

Llegaron cuando la villa apenas comenzaba a consolidarse. Participaron en la organización de comunidades, impulsaron cofradías, vincularon el catecismo con la enseñanza de las primeras letras y contribuyeron a la construcción de la sociedad.

El Instituto Leonés, fundado en 1947, es una de las obras educativas vinculadas con la presencia franciscana en León. Atendió la demanda de educación de los habitantes de distintos puntos de la ciudad. Por sus aulas han pasado cientos de niños y jóvenes que recuerdan la disciplina y los consejos de los frailes.

El Instituto Leonés es una de las obras educativas vinculadas con la presencia franciscana en León.
Foto: Facebook Instituto Leonés A.C.

En el Barrio de El Coecillo, los franciscanos forman parte de la vida de las familias.

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