Historia 417
Esta es la historia 417 de 450 que te contaremos sobre León
La papelería “El Cuentito” lleva 49 años acompañando a generaciones de habitantes del Coecillo. Por su mostrador han pasado miles de niños que llegaron buscando una revista, un lápiz o los útiles para comenzar el ciclo escolar. Hoy, muchos de ellos regresan convertidos en padres, abuelos o profesionistas.
La historia de este negocio comenzó el 25 de septiembre de 1977, cuando Francisco Becerra López abrió un pequeño local en el que tenía revistas usadas que podían intercambiarse por 20 centavos y algunos artículos escolares.
No imaginaba entonces que aquellos primeros clientes, principalmente niños del barrio, terminarían enseñándole cómo hacer crecer su papelería.
A los 10 minutos llegó la primera persona a comprar una revista. Le habíamos rotulado afuera ‘El Cuentito’, y como teníamos artículos escolares, los niños empezaron a llegar”, recuerda Francisco.
Los pequeños llegaban preguntando por productos que Francisco y su familia ni siquiera conocían. Cada petición se convertía en una búsqueda: descubrir qué era, encontrar quién lo vendía y conseguirlo a un precio que las familias pudieran pagar.
“Decía mi esposa: ‘Los niños fueron los que nos enseñaron’, porque llegaban y pedían productos que decíamos: ‘¿Y eso qué es?’. Y teníamos que buscar qué era para poder ver quién nos podía vender al mayoreo y poder darle al público un precio adecuado”.
Así creció “El Cuentito”: escuchando a los niños, aprendiendo de ellos y atendiendo una necesidad tras otra.
TE PUEDE INTERESAR:
Un negocio que echó raíces
En mayo de 1980 llegó uno de los primeros grandes cambios, cuando la familia adquirió el inmueble de la calle San Juan 105, en el corazón del Coecillo, donde el negocio permanece hasta hoy.
Desde entonces, la papelería ha cambiado, se ha expandido y ha encontrado nuevos clientes, pero hay algo que se mantiene: su relación con el barrio.
Para Juan Pablo, hijo de Francisco, una parte de esa historia se explica precisamente por el lugar donde decidieron permanecer.
El Coecillo lo tiene todo y en el Coecillo encuentras todo”, asegura con orgullo.

Escuelas, templos, comercios, lugares para comer y espacios de convivencia hacen del barrio una comunidad en movimiento. Y “El Cuentito” aprendió a moverse con ella.
También aprendió a escuchar a los maestros
Desde los primeros años, Francisco y su familia comenzaron a acercarse a los docentes para conocer qué necesitaban sus alumnos y procurar tener los productos que aparecían en las listas escolares.
Pero su servicio no terminaba cuando cerraban las escuelas. Durante años han mantenido jornadas extensas, incluso los domingos, pensando en aquellos niños que llegaban con una tarea pendiente o necesitaban resolver algo de último momento.

“Tratamos pues de que todo el día tengamos abierto. Los domingos abrimos en la mañana de 9 a 3 con la intención de que las criaturas que no alcanzaron a hacer su tarea sepan dónde pueden venir en un domingo”, cuenta Francisco.
Tal vez por eso, para muchas familias de El Coecillo, entrar a “El Cuentito” terminó convirtiéndose en una costumbre.
Los niños regresaron
Hay una manera particularmente emotiva de medir los 49 años de un negocio: mirar quiénes regresan. Francisco lo sabe bien.
Desde detrás del mostrador ha visto llegar a niños acompañados por sus padres y, años después, volver a encontrarse con ellos convertidos en adultos.
Algunos regresan con sus propios hijos; otros llegan como profesionistas y algunos más, incluso, como abuelos.
“Es un gusto saludar gente que fueron clientes de niños y ahora son algunos papás o abuelos, hay otros que también son profesionistas y vienen a comprar sus productos”.

En esas visitas hay algo más que una compra: está el recuerdo de la infancia. Aquella primera libreta, el lápiz que hacía falta para la escuela, la carrera de último minuto por una tarea o la lista de útiles que parecía interminable.
Y está también la sensación de volver a un sitio que, pese al paso de los años, sigue ahí.
La confianza construida con la comunidad incluso llevó a Francisco a participar en otros proyectos del barrio. Recuerda, por ejemplo, que un sacerdote le pidió ayudar en la remodelación del Teatro Fray Pedro de Gante.
“Me he ganado la confianza de vecinos, de sacerdotes. En alguna ocasión uno de los padres nos pidió que les ayudáramos a renovar el Teatro Fray Pedro de Gante y me tocó participar en esa remodelación”.
Son recuerdos que no aparecen en los balances del negocio, pero que para la familia Becerra tienen un valor especial: hablan de una papelería que terminó formando parte de la vida del barrio donde echó raíces.
De una casa a una historia
Francisco describe el crecimiento de “El Cuentito” como una “bola de nieve”.
Una de sus hermanas fue quien le hizo notar que aquel pequeño negocio podía convertirse en algo mucho más grande.
“Esto es un éxito. Allá donde estabas lo prendiste, pero acá es algo tan fuerte que nadie te lo va a poder detener. Esto ni te imaginas hasta dónde va a llegar”.
Con los años llegaron nuevas bodegas, camionetas, espacios de trabajo y clientes de mayoreo.
Incluso la casa donde Juan Pablo y sus hermanos crecieron terminó transformándose para responder a las necesidades de la papelería.

La historia familiar y la historia del negocio comenzaron entonces a mezclarse.
Para Juan Pablo, mirar atrás significa también recordar cómo el espacio donde creció fue cambiando conforme “El Cuentito” avanzaba.
Entre sus clientes han estado Sanborns, agencias de autos, empresas de Puerto Interior y negocios de otras ciudades. Sin embargo, algunas historias pequeñas tienen para la familia un significado mucho mayor.
Juan Pablo recuerda, por ejemplo, a un maestro jubilado de San Diego de la Unión que llegó buscando productos de mayoreo.
—Bueno, ¿y usted de dónde es? —le preguntó.
—Yo vengo de San Diego de la Unión —respondió el hombre.
Había viajado hasta León porque otros maestros le habían recomendado “El Cuentito”. Él mismo tenía ahora una papelería.
Para Juan Pablo, escuchar aquello fue una muestra de que el trabajo de tantos años había comenzado a llegar más allá de El Coecillo.
LEE TAMBIÉN:
49 años de historia
En el año en que León celebra 450 años de historia, “El Cuentito” puede presumir que ha formado parte de 49 de ellos.
“En este año que León cumple 450 años, el decir que nosotros hemos formado 49 de estos 450 años es halagador”, señala Juan Pablo.

Pero detrás de esos 49 años hay algo que va mucho más allá de las ventas. Para Francisco, también está la satisfacción de haber sacado adelante a su familia, generado empleos y abierto oportunidades para jóvenes que estudian y buscan comenzar su vida laboral.
“He combinado mi trabajo también como servidor público y empresario y yo me siento contento, satisfecho de haber logrado y de haber sacado adelante a la familia y generar trabajo para que los muchachos, los jóvenes que estudien y que quieren colaborar con nosotros, tengan la oportunidad de poder hacerlo”.
Juan Pablo también reconoce que el crecimiento de la papelería ha sido posible gracias a quienes han formado parte de su historia.
“Yo creo que es importante agradecer a clientes, proveedores y colaboradores”, expresó.
Y, sin embargo, quizá el mayor logro de “El Cuentito” no se encuentra en sus bodegas, en sus camionetas ni en la cantidad de productos que hoy ofrece. Está en la memoria de sus clientes.
Francisco cuenta que una de las preguntas que más escucha es cuántos años tiene la papelería. Cuando responde, la reacción suele ser la misma.
Ah, sí, es verdad, porque yo venía aquí cuando estaba en primaria, o yo venía cuando estaba en secundaria”.
Son personas que hoy rondan los 50 años y que, de pronto, frente al mostrador, vuelven a encontrarse con una parte de su infancia.
Porque los años pasan, las calles cambian, los niños crecen y las familias se transforman, pero hay lugares que permanecen. En El Coecillo, “El Cuentito” es uno de ellos.
Durante 49 años ha vendido cuadernos, lápices, revistas y miles de artículos más, pero, sin proponérselo, también ha guardado algo mucho más difícil de encontrar: los recuerdos de quienes crecieron comprando ahí sus primeros útiles escolares.
Y quizá por eso, cuando un antiguo cliente vuelve a cruzar la puerta acompañado de sus hijos o sus nietos, la papelería deja de ser simplemente un negocio.
Por unos minutos, el niño que alguna vez entró a “El Cuentito” vuelve a casa.
DAR
En el marco de los 450 años de la fundación de nuestra ciudad, en Grupo AM desarrollamos el proyecto 450 Historias de León, una iniciativa para recuperar, preservar y compartir la memoria de nuestra ciudad.
Queremos que tú también formes parte de este archivo vivo. Si conoces una historia que merece ser contada, si fuiste protagonista o testigo de algún hecho que marcó a León, compártela con nosotros a través de este formulario:
Cuéntanos tu historiaClic aquí para leer más historias.