La Habana.- Los apagones masivos en Cuba impidieron que miles de ciudadanos se enteraran a tiempo de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con imponer aranceles a cualquier nación que suministre petróleo a Cuba.
Al difundirse la noticia en La Habana, la ira y la angustia se apoderaron de una población que ya enfrenta carencias extremas debido a las sanciones previas de Washington, complicando aún más la supervivencia diaria en la isla.
“Esto es una guerra”, sentenció Lázaro Alfonso, un diseñador gráfico jubilado de 89 años, al ser consultado sobre el endurecimiento de la política estadounidense hacia el gobierno caribeño.
Alfonso describió a Trump como el “sheriff del mundo” y comparó la situación actual con el Viejo Oeste, donde las reglas parecen dictadas únicamente por la fuerza del mandatario estadounidense.
Tras el anuncio el jueves por la noche, Trump calificó a Cuba como una “nación fallida” y sentenció que el país difícilmente podrá sobrevivir a las nuevas restricciones energéticas impuestas por su administración.
Lázaro, quien sobrevivió a la depresión económica de los años 90 conocida como el “Periodo Especial”, aseguró que la crisis actual es superior debido a la infraestructura en ruinas y la nula disponibilidad de combustible.
“Aquí en Cuba, lo único que nos falta… es que nos caigan las bombas”, expresó con resignación ante la falta de bienes básicos y la oscuridad que envuelve a las ciudades cubanas.
La infraestructura energética cubana colapsa a diario por la falta de inversión, la caída del turismo y una fallida unificación monetaria, factores que se agravan con la persecución de los cargamentos de crudo.
El presidente Miguel Díaz-Canel reaccionó en la red social X calificando la medida de Trump como “fascista, criminal y genocida”, acusando al republicano de secuestrar los intereses de su pueblo por fines personales.
Por su parte, el canciller Bruno Rodríguez afirmó que la decisión constituye una “amenaza inusual y extraordinaria”, declarando una emergencia internacional ante lo que considera un asedio económico total.
El gobierno de Venezuela, principal aliado de la isla, emitió un comunicado criticando la violación del derecho internacional y los principios del comercio global tras las amenazas del Ejecutivo estadounidense.
Trump ya había advertido que detendría los embarques desde Venezuela después de que las fuerzas estadounidenses lanzaran operaciones contra el país sudamericano y capturaran a su presidente recientemente.
Ante este panorama, analistas especulan que México podría reducir sus embarques de combustible para evitar represalias arancelarias, aunque la postura oficial mexicana busca evitar una tragedia humanitaria.
La presidenta Claudia Sheinbaum declaró el viernes que buscará alternativas para seguir enviando petróleo a Cuba, planteando incluso que EE. UU. gestione el envío de crudo mexicano bajo ciertas condiciones.
México se convirtió en un pilar energético para la isla, junto con Rusia, luego de que las sanciones paralizaran el flujo proveniente de la estatal venezolana PDVSA en meses pasados.
“Es imposible vivir así”, comentó Yanius Cabrera Macías, un vendedor ambulante de 47 años, quien percibe que la tensión política solo asfixia a los ciudadanos comunes.
Cabrera Macías rechazó la idea de que Cuba represente una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos, como ha argumentado la Casa Blanca para justificar los aranceles.
“Cuba es una amenaza para los cubanos. Para los cubanos, el gobierno es una amenaza”, manifestó el comerciante, añadiendo que el pueblo es quien sufre el impacto directo de estas decisiones.
Jorge Piñón, experto del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, advirtió que la gran incógnita es cuántos días de combustible le quedan a la isla antes de un colapso total.
Si no arriban buques petroleros en las próximas cuatro a ocho semanas, el futuro de la isla será sombrío, pues el diésel es considerado la columna vertebral de la precaria economía cubana.
Piñón destacó que, ante la posible retirada de México, Rusia se mantiene como el “comodín”, ya que al estar saturada de sanciones, una más no afectaría los planes de Vladímir Putin.
Mientras tanto, la cotidianidad en la isla se desarrolla en la penumbra. Los apagones impiden el trabajo de oficios básicos y la conservación de alimentos, sumiendo a las familias en la desesperación.
Luis Alberto Mesa, un soldador de 56 años, confesó que no ve la salida a esta crisis: “El fondo del túnel no se ve por ninguna parte”, dijo tras perder días de labor por falta de energía.
La demanda energética de Cuba es de unos 3,000 megavatios, pero el sistema apenas logra generar la mitad durante las horas pico, dejando a millones de personas sin servicios básicos.
Dayanira Herrera, madre de un pequeño de 5 años, relató que pasan las noches en el portal de su casa para mitigar el calor y la falta de ventilación eléctrica durante los cortes.
Herrera no podía dar crédito a las noticias cuando escuchó el anuncio de Trump el miércoles: la sombra de un bloqueo total al combustible parece inminente para ella.
“El fin del mundo”, fue como describió la joven madre el impacto que tendría la interrupción definitiva del suministro de crudo en la dinámica de la isla.
Con la amenaza de aranceles pesando sobre sus proveedores, Cuba entra en una cuenta regresiva energética que pone a prueba la resistencia de su población frente a la presión de Washington.
AAK