Familiares de pacientes internados en el Hospital General aguantan en la calle el frío mientras están al pendiente de recibir noticias. El albergue de enfrente está saturado.
El panorama en los alrededores siempre es el mismo: nadie sonríe, las caras muestran angustia, molestia, miedo e incertidumbre, pero también esperanza. El frío agudiza los sentimientos.
Para quienes vienen de otros municipios la espera es aún más difícil, pues no hay quien los releve; deben aguardar afuera del hospital y comen lo que la gente de buen corazón les lleva.
Joel Guerrero originario de Xichú, permanece en la calle desde julio; su mamá está internada por un derrame cerebral.
Sus hermanos recién llegaron de ese municipio para que él pudiera descansar algunas horas en el día, pero no hay lugar en el albergue.
“Está lleno todos los días porque con el frío la gente necesita asilo. Y la verdad es que aquí la mayoría de las personas venimos de fuera. Cuando llegué una familia me dijo que le daban oportunidad a los más viejitos de que se fueran al albergue, porque ellos corrían más peligro de hipotermia. Eso aceptamos todos”, dijo Joel.
La encargada del albergue aseguró que la gente de la tercera edad es la que se forma a diario para ocupar una de las camas disponibles para pernoctar y protegerse del frío.
“A las 8 de la mañana se siente que el frío te quema, no podemos imaginarnos en la mañana cómo lastima a los que están afuera, por eso todos se abrigan y nosotros pusimos a la venta abrigos y suéteres a buen precio, para apoyarlos”, informó Pamela Flores, trabajadora del albergue.