Él solito se puso la soga al cuello, no supo qué hacer, no supo cómo reaccionar, no supo qué decir.

Hoy Gustavo Díaz está fuera del León.

Los azares del destino hicieron que sucumbiera de la misma forma como le sucedió al técnico que suplió, sale después de jugar contra Santos y después de hacer declaraciones fuera de lugar.

Podremos discutir largamente sobre la culpabilidad del Chavo del mal paso del equipo esmeralda, sobre si la totalidad es suya, si es de los jugadores o si van a ‘michas’ ambas partes.

En el mundo del futbol bien sabemos que si un técnico no se impone al plantel, si no lo convence de su filosofía de juego por las buenas o con firmeza, vive con la bala pegada a la cien.

El Chavo martilló los últimos clavos de su propio ataúd. No supo darle fisonomía a su trabajo y se caracterizó por ser un timonel cuyas respuestas después de los juegos dejaban lugar más a las dudas que a las explicaciones, frases sin detalles de reflexión ni sentido de autocrítica.

Con su “fuimos mejores”, el Chavo siempre creyó que hacía todo bien aun cuando La Fiera era superada claramente. Con su “reconozco que el rival fue mejor” fue atándose de manos partido a partido, sin tener para dónde hacerse.

Pero sin duda alguna, la frase que jaló el jaló el gatillo, soltó la guillotina y accionó la horca fue la que se aventó luego de perder ante Santos.

“Acá lo que importa es calificar, de nada sirve ser líder y después no defines el torneo, o hacer 50 puntos… Este club está acostumbrado a entrar en la última fecha con varios resultados y salir campeón, así que hay historia y de eso nos agarramos”.

Sí, le pasó una vez al León, ganó en la última fecha y cuatro resultados se combinaron para calificar en octavo y salir campeón. Sin embargo, era una Fiera viva que agradaba, que se multiplicó para jugar Liga y Libertadores, que tenía un técnico al que le hervía la sangre y supo poner en ebullición a sus jugadores.

Tal vez Díaz estaba cierto y sólo podía agarrarse de la historia del club porque de su trabajo ya no había de dónde.

Hoy se va Díaz y quizá el León vuelva a reciclar la historia de los últimos torneos con un nuevo timonel que sirva de revulsivo en los jugadores y devuelva la credibilidad a La Fiera en el torneo.

El punto aquí, es que la directiva deberá evitar que a quien elija no se vaya a convertir en una llamarada de petate y termine de la misma forma que un Tena, que un Torrente y que un Chavo Díaz.

La estirpe leonesa requiere sostener años enteros de un futbol agradable, efectivo y protagónico. De hacer dinastía y punto.

Twitter @geraslugo

 

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