Los hermanos Maurilio y José Gabriel de 9 y 10 años, iniciaron el 2019, no en su cama calientitos por las bajas temperaturas o viendo una película.
Ni siquiera desayunaron, tomaron su estropajo, franela y un bote con jabón para enseguida salir a limpiar parabrisas.
Este 1 de enero, las avenidas de la ciudad lucían solas, con una mínima cantidad de vehículos debido a que muchos leoneses descansaron y otros más salieron fuera de la ciudad, por lo que a pocas personas les tocó trabajar, como a los hermanos Gómez.
Dura jornada
Para poder tener qué comer, los pequeños Maurilio y José Gabriel tiene que limpiar parabrisas, aún con hambre y frío. Foto: Ilustrativa.
Instalados en el Malecón del Río a la altura del estadio La Martinica, Maurilio y Gabriel aprovechaban la luz roja del semáforo para acercarse a limpiar algún vehículo, de lo contrario, se mantenían juntos tratando de calentarse uno con otro.
-“¿Cómo pasaron el año nuevo?”
– “Bien”... se limitaron a contestar.
-”¿A qué hora llegaron al crucero?”
– “Como a las ocho porque nos levantamos como a las siete.”
-“¿Ya desayunaron?”
-”Todavía no, hasta más tarde.”
-”¿Dónde están sus papás?”
–”Allá…”. Ambos hermanitos, originarios de Chiapas, se limitaron a responder entre dientes que les tiemblan por el frío; ninguno está abrigado, visten pantalón a los tobillos, playera y sandalias de plástico.
Las bajas temperaturas han cortado y secado la piel de sus manos y mejillas.
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