Opinión

Llega el tiempo de evitar la quiebra de Guanajuato

Llega la hora de decidir y mostrar de lo que estamos hechos. Es momento de saber si el miedo nos inmoviliza o si salimos adelante con audacia, imaginación y trabajo. 

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Por: Enrique Gómez Orozco

Llega la hora de decidir y mostrar de lo que estamos hechos. Es momento de saber si el miedo nos inmoviliza o si salimos adelante con audacia, imaginación y trabajo. 

Guanajuato tiene una posición excepcional para resolver sus problemas. Puede detener la calamidad de la epidemia y rescatar a su población de la hambruna y la desesperanza. 

Lo único necesario es tomar una manguera grande, lo más grande que se pueda, para apagar el incendio que consume salud, bienestar y paz.

Si el presidente Andrés Manuel López Obrador no quiere o no sabe qué hacer para enfrentar la guerra que vivimos, Diego Sinhue Rodríguez debe tomar la iniciativa ¡ya!

Si no lo hace será el mayor fracaso político de nuestro tiempo, pero si decide con toda su fe y voluntad; con toda determinación, salvar a Guanajuato, logrará lo que nadie ha podido en el país. 

Es cuestión de dimensión. Para explicarlo mejor tenemos que ver quiénes somos y cuánto producimos. Seis millones de guanajuatenses producimos 1 billón (un millón de millones) de pesos al año. 

Si llegamos a una crisis de liquidez en las empresas y las familias, esa cantidad se podría reducir hasta un 15%, unos 150 mil millones de pesos. Las fábricas perderían su valor, los restaurantes y hoteles se devaluarían a un tercio de su capital; los bienes raíces a la mitad y podríamos caer en una terrible depresión económica, seguida de una deflación en los salarios y el ingreso de las familias. 

En cambio, si nuestros representantes del Poder Legislativo y el gobernador Diego Sinhue se ponen de acuerdo de inmediato para crear un plan de rescate, todo cambiaría en el ánimo y la esperanza de las empresas y los trabajadores.

Ambos poderes deben encontrar la forma de conseguir todo el dinero posible. Con 15 mil o 20 mil millones de pesos, que no es nada frente al billón que producimos, construirían un puente para librar las batallas necesarias en salud, empleo y seguridad pública. De cada 15 o 20 pesos que se inviertan, se salvarían 150 o 200. 

Aquí no vale decir por qué no se puede. Tenemos que buscar el cómo sí se puede. Nuestra casa se incendia; no podemos tener trabas burocráticas válidas o leyes federales restrictivas. En eso reside la audacia. Al no poder entrar por la puerta, tenemos que tirar las paredes.

También debemos tener la sensibilidad y humanidad de dirigir todo el esfuerzo a lo primordial, como en las guerras. Si se pensaba construir puentes (ya lo habíamos comentado), hay que dejarlos para el futuro y empedrar caminos para dar empleo, o pintar fachadas o tapar baches con pala.

Que la inversión pública se vaya a nómina, a trabajos temporales y a créditos para que las MIPYMES (empresas micro, pequeñas y medianas) no se hundan. Ahí es donde se pueden conservar los empleos.

Ayer los empresarios del país tuvieron la primera gran reunión pública para exponer su batalla perdida con el Gobierno federal. Dijeron que el Presidente les había cerrado la puerta una vez más.

Había tono de respeto en las palabras de Carlos Salazar, líder del Consejo Coordinador Empresarial, pero ante la debacle que se avecina, prometió no dejar fuera ninguna opción de resistencia civil. Incluso dijo que hablaría con los sindicatos para crear una fuerza mayor ante la sordera del Mandatario. 

El caso se repite en Guanajuato si lo vemos bien. Nuestros representantes en la Legislatura, nuestro Gobernador tienen que abrir todas las puertas y salvar al Estado. Cada día que pasa sin una respuesta grande y positiva que regrese el impulso y el ánimo a los ciudadanos, costará mucho más de lo que imaginamos. (Continuará)



 

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