Las ventajas de la tecnología son evidentes en todos los campos del conocimiento. En el caso de la salud y la atención médica tienen avances sin precedentes, tanto a nivel del uso personal como de las aplicaciones a disposición de los profesionales de la salud.
Uno puede suponer que a mayor uso de tecnología, mayor precisión diagnóstica y mejores resultados terapéuticos. Sin embargo, precisión no es equivalente del sentimiento humano llamado satisfacción.
De hecho, muchos pacientes lo que buscan es una buena relación con su médico y lo que más valoran es la cantidad y calidad del tiempo dedicado a escucharlos y responder a sus inquietudes, por ello pueden decirle a su doctor que está ensimismado en su computadora, míreme a mí y no a la computadora.
Se ha demostrado en varias investigaciones, que el hecho de que su doctor o doctora sean simpáticos, educados y tengan una buena comunicación con sus pacientes, tiene mucho peso a la hora de evaluar los sistemas de salud.
Incluso si el médico acierta en su diagnóstico y tratamiento, pero ofrece un trato que no es considerado bueno por el paciente, el nivel de confianza en el profesional de salud, y por ende su calificación de desempeño general de la propia institución disminuye.
Y es que la cercanía con el paciente y su familia es uno de los pilares en los que se basa la atención primaria en salud y el cuidado centrado en las personas.
Debemos por tanto asegurarnos de que la tecnología en salud no digitalice nuestras vidas y mantenga su toque humano, orientándonos hacia la recuperación de la relación médico-paciente.
Las personas hoy llamadas “usuarios o derechohabientes”, que son los verdaderos protagonistas de los sistemas de salud no necesariamente quieren que un robot u otra tecnología reemplace a su médico.
Lo que quieren es sentirse respaldados y seguros cuando acuden a los servicios de salud, sabedores que aún si la persona puede ser menos perfecta en su diagnóstico, es de trato humano.
Si la tecnología va a agilizar los procesos de recolección de datos para que los médicos y los pacientes puedan emplear más tiempo en generar vínculos de confianza, entonces vamos por buen camino.
Pero si el cuidado del enfermo se automatiza, como ocurre cada vez con mayor frecuencia, habremos perdido una oportunidad de apalancar la transformación digital para mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Otra tendencia que influye en la relación médico-paciente, es la incursión de las personas en búsquedas en la red acerca del tema de salud que les preocupa, llamado por este escribidor en columnas pasadas como el “Doctor Google”, sintiéndose más empoderados para cuestionar a su médico por la atención recibida e incluso para buscar una segunda opinión.
De hecho, estimados lectores, una de cada tres búsquedas en internet está relacionada con cuestiones de salud o bienestar, y al hacer las búsquedas se reconocen patrones de consumo que crecen a ritmo exponencial y que, con inteligencia artificial, se espera que los datos médicos se dupliquen cada 73 días.
A lo largo de la vida, las personas que interactúan con la tecnología pueden generar más de un millón de gigabytes de información relacionada con su salud.
Sin embargo, el tiempo necesario para analizarla y procesarla es más limitado que nunca.
La transformación digital podría aliviar las restricciones en el uso del tiempo para que el personal médico pueda dedicarse más al paciente en sí que a computarizar o registrar toda su información.
Nuevas tecnologías permiten recolectar información personalizada que, usada de manera adecuada, tiene el potencial de mejorar la gestión de la calidad, la eficiencia y la seguridad de la atención médica.
La historia clínica electrónica, por ejemplo, esta basada en una visión más amplia de la atención a los pacientes. Contiene información detallada de todos los médicos y procesos por los que ha pasado el paciente, incluyendo: historial médico; prescripciones de medicamentos; signos vitales; resultados de laboratorio; informes radiológicos y anotaciones de médicos y enfermeras.
Esto permite a los diferentes proveedores de salud acceder a información completa para brindar una atención más precisa.
Una revisión sistemática sobre el impacto de la historia clínica electrónica encontró que ha logrado efectos positivos en la eficiencia del tiempo utilizado para la recolección de datos, en un mayor seguimiento de las guías de práctica clínica, en la reducción de errores médicos y en la disminución de efectos adversos de medicamentos.
Sin embargo, esta mayor eficiencia no se traduce necesariamente en una relación más personal entre médico y paciente.
El pasado 22 de mayo, 42 países, entre ellos México, adoptaron los principios de la OCDE sobre Inteligencia Artificial (IA), que son el primer conjunto de directrices de políticas intergubernamentales sobre IA, y convinieron en someterse a unas normas internacionales que velen porque el diseño de los sistemas de IA los haga robustos, seguros, imparciales y fiables, adoptando el lema “La transición digital al servicio del desarrollo sostenible”.
Su objetivo es guiar a los gobiernos, organizaciones e individuos para que, en el diseño y la gestión de los sistemas de IA, garanticen que quienes diseñen y gestionen sistemas de IA respondan de su correcto funcionamiento, por un lado, y por el otro, prioricen los intereses de las personas y del trato humano que deben recibir.
¿Cuál doctor prefiere, el suyo o el Dr. Google?
Fuente: https://www.oecd.org/going-digital/ai/