León era una ciudad amable, con aires provincianos y una tranquilidad que reflejaba la esencia de su gente sencilla y trabajadora. Al despuntar el día, las familias salían a barrer su banqueta en un afán de limpieza y civismo; las casas del Centro mantenían sus zaguanes abiertos de par en par, sin temor a los amantes de lo ajeno.
Según Aristóteles, la ciudad no solo es un espacio habitado, sino el entorno donde los seres humanos pueden alcanzar su pleno potencial. Para el filósofo, la ciudad tiene un significado superior: debe ser un conjunto organizado y autosuficiente que permita a las personas desarrollar sus capacidades al servicio del bien común.
Hoy, León crece, pero no se desarrolla; campea la fealdad, la especulación y la subinversión urbana. Es fatalmente inseguro, la movilidad insufrible y urbanización deficiente. Faltan banquetas, incluso en áreas de alto valor como el Bulevar Clouthier, Avenida Garza Sada, Cerro Gordo y Las Torres, entre otras; en la acera frente a Palacio de Hierro no hay banqueta.
León es el municipio con más pobres, la cuarta ciudad con el peor tráfico; segundo en agua más cara y escasa y la Presa del Palote se está secando, sin que ninguna autoridad municipal rinda una explicación a los leoneses; además, como resultado de leyes inadecuadas, la proliferación de fraccionamientos irregulares se expande en la periferia. Todo esto se refleja en el deterioro en los índices de bienestar, progreso social, competitividad y seguridad.
En una ciudad competitiva, las inversiones generan empleos, los empleos fomentan el consumo y esto refuerza los ingresos municipales, beneficiando la inversión en infraestructura urbana y servicios. Sin embargo, León está muy distante de tener éxito urbano, que a la vez está estrechamente ligado con la competitividad que la ciudad ha perdido. Pero ¿por qué hay tan poca inversión en Obra pública en relación al número de habitantes? Y por otro lado, gastan carretadas de dinero en frivolidades: artistas, viajes, aviones, apoyo a dueños de equipos de futbol, dudosas concesiones y oscuros negocios y privilegios para oligarcas genuflexos ante el gobernador Sinhue.
Para percibir con más claridad el tema de la subinversión urbana, sería obligada la pregunta: ¿Cuánto vale catastralmente León? Parecería imposible dar una cifra, pero si se utiliza el enfoque de ingresos (predial) 1,400 millones, entre la tasa impositiva promedio, (0.00234) el valor catastral de León sería: $625, 2000 millones de pesos. Y si a lo anterior, lo multiplicamos x 1.30, como factor de ajuste por la diferencia entre el valor catastral y el comercial, entonces conocemos el valor comercial de los activos inmobiliarios: 812 mil millones de pesos. parecido a la deuda de Pemex a proveedores. ¡Las cifras hablan por sí solas: ¡No han sabido generar valor para León! Entendiendo el valor como la capacidad de un bien para generar beneficios.
Donald Shoup, en su famosa paradoja de la “Subinversión Urbana”, planteó: ¿“Por qué es tan difícil para los municipios financiar infraestructura pública, cuando esta aumenta el valor del suelo servido por mucho más que su costo?” El problema radica en que las ganancias millonarias de la plusvalía generada por obras públicas benefician a unos cuantos, excluyendo a la comunidad. Las autoridades no se atreven a recaudar las plusvalías, porque piensan en las próximas elecciones y no en nuevas generaciones.
Existen serias contradicciones en la gestión municipal, empezando por el cobro del Predial, en donde hay acentuadas deficiencias, inequidades y excesos. El crecimiento desmedido y especulativo ha encarecido el espacio habitable y reducido las áreas públicas. León crece, pero no se desarrolla. Los exiguos recursos que invierte el Municipio son a fondo perdido, lo mismo que los cambios de uso de suelo que favorecen a particulares, mientras la comunidad queda al margen de los beneficios. Este modelo perpetúa las brechas de infraestructura y limita el desarrollo inclusivo.
Es importante resaltar que el poder político es para servir a la sociedad y no para perpetuar desigualdades; así, el poder que la Constitución confiere a los gobernantes no es un fin en sí mismo, tiene sentido cuando se orienta generosamente al servicio de los demás…Una buena noticia es que Ale dijo que “buscaría recursos para atender el caos vial”. Ojalá y esto sea pronto, porque León pierde valor por la subinversión urbana.