Orondos, empleando el hecho como ejemplo de “cooperación”, el Gobierno mexicano acaba de entregar a Estados Unidos a treinta y siete operadores criminales buscados por ese país. Seguramente como respuesta pronta a las amenazas de Marco Rubio y Donald Trump en el sentido de que esperan más del Gobierno mexicano.
La evidencia indica que tales envíos ni les impresionan ni les satisfacen, ya que ayer mismo Trump dijo que “pronto” combatirá por tierra (no nada más volando lanchas en el Caribe y el Pacífico) el narcotráfico.
Presumió el “Batman” García Harfuch que hasta la fecha México ha entregado a 92 criminales. Peor es nada, pero ¿saben cuál es el problema? ¡Que están mandando pura sardinita! Faltan los tiburones blancos, los grandotes, los meros Capos. De esos, ni uno han mandado y, paradójicamente, el único grande que han logrado procesar, “El Mayo”, ¡Les llegó solo! O, mejor dicho, se los llevó como obsequio uno de “Los Chapitos”.
Nos parece claro que Estados Unidos quiere a los grandes, a los que corrompen políticos, policías y soldados: su deseo es desmantelar estas organizaciones que trasiegan droga a Estados Unidos y generan violencia, corrupción e impunidad en México. Mandándoles sardinitas nunca satisfará a los norteamericanos el Gobierno de Sheinbaum.
¿Y qué, por ejemplo, con los narcopolíticos? Con los que protegen a los capos y a los grandes cárteles: ¿a esos no los van a tocar? Da la impresión que lejos de depurar las filas de los morenistas -deshaciéndose de políticos que tienen pésimas reputaciones y serias acusaciones-, la Presidenta se ha tornado en su defensora de oficio y los cubre con su manto protector.
Es un hecho que ante propios y extraños las acciones de encubrimiento demuestran una intención. La cual es la de anteponer intereses gremiales al Imperio de la Ley, a la justicia, a la paz y el orden. Es anteponer también intereses de grupúsculos de presión interpartido encima de los intereses de los mexicanos y de la buena marcha del País.
Con acciones someras, de medio pelo, no convencen a nadie, pues mientras simulan actuar, continúan protegiendo a los peores delincuentes que alteran la paz social y que toleran, fomentan y permiten la incursión de quienes trasiegan drogas a la sociedad norteamericana causando muertes, adicciones y problemas de salud social.
Resulta ser un gravísimo error el pensar que nuestros servidores públicos poseen la capacidad de engañar a los vecinos: de hacerles creer que realizan una acción mientras encubiertamente concretan otra. Mientras avancen por este sendero de la simulación, las amenazas del deschavetado Señor Trump no solo continuarán, sino que acabarán concretando el ataque que repetidamente nos ha anunciado en territorio mexicano contra los cárteles.
A nuestro modesto juicio corremos más riesgo los mexicanos de una acción militar que los escasos habitantes de Groenlandia. Lo de Groenlandia no es creíble por la sencilla razón de que cualquier acción emprendida por EU contra un miembro de la OTAN, siendo él mismo miembro suyo, necesariamente obliga una respuesta conjunta de todos los demás integrantes. Enredaría Mr. Trump un zipizape mayúsculo, y lo sabe, de manera que bluffea, pero es dudable que actúe.
Está loco el Señor, pero no come fuego, distrae con el petate de Groenlandia porque necesita distractores que desvíen la atención de ciertos asuntos de los archivos de Epstein que tienen que ver con su consorte, enredado todo con presuntas demandas por difamación por un billón de dólares de la Señora Trump a Hunter Biden, hijo del ex Presidente, y otra contra el biógrafo de Trump, Michael Wolff. Lío jurídico que amenaza con destapar temas escabrosos que el señor Trump requiere evitar a toda costa.
A nosotros, en cambio, nos propina un zape y ¿quién nos defiende? Habría mucho grito de violación a la soberanía y quejas a la ONU, declaraciones en abundancia, pero hasta ahí. En suma: dejen de jugar al Tío Lolo, Señores del Gobierno que juegan con fuego. ¡Pónganse serios y actúen en consecuencia!