“Síganos diciendo qué les duele, qué podemos mejorar y cómo trabajamos juntos, porque al final, para eso estamos”.
Altagracia Gómez Sierra
Enlace de la presidenta Claudia Sheinbaum con el sector empresarial.
Según información del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, este año tendremos una inversión de unos 400 mil millones de dólares por parte del sector privado. Si comparamos esa cantidad con el PIB estimado por el FMI para este año de 2 billones de dólares, es justo el 20 %. Según Carlos Slim, el empresario más importante del país, necesitamos un 26 % de inversión para crecer a un ritmo más acelerado.
El secretario Ebrard es, sin duda, el más eficaz de los servidores públicos del régimen. Durante el sexenio pasado, en la Secretaría de Relaciones Exteriores, era quien enfrentaba las broncas más importantes. Además, fue quien representó a México en reuniones internacionales, como la de “Los 20”. Andrés Manuel López Obrador nunca tuvo la talla para participar en los asuntos de México ante el mundo. Fue mejor así, porque su provincianismo nos habría dejado mal frente a las naciones desarrolladas.
Otra buena noticia de principios de año fue la moderación del alza de precios. El tradicional brinco de la cuesta de enero fue del 3.77 % anual, un buen arranque para acercarnos a la meta del Banco de México del 3 %. Con el fortalecimiento del peso frente al dólar hasta alcanzar 17.30, se abre la posibilidad de que el Banco de México reduzca las tasas de interés. Sería un alivio para quienes van a invertir y para las empresas que enfrentaron dificultades en 2025. La tasa de referencia, que hoy es del 7 %, podría bajar al 6% a finales del año. Para la deuda abultada de la Federación, también sería un alivio.
Detrás del anuncio de Ebrard existe la verdadera intención de acercar al gobierno al sector empresarial. Altagracia Gómez Sierra, la joven empresaria de quien se vale la presidenta Claudia Sheinbaum para acercarse al sector, tiene el talento para comprender lo que necesitan los empresarios para invertir: confianza y seguridad jurídica.
El país puede crecer a una tasa superior al 2 %, el promedio que teníamos antes del arribo de López Obrador. La urgencia de lograrlo no solo es para el sector privado, sino también para el gobierno, que no podría cubrir las necesidades presupuestales para los compromisos de las pensiones; tampoco podría invertir en infraestructura, indispensable para construir el futuro. Según datos del periódico El Economista, la inversión pública será de solo el 2.5 % del PIB. Eso nos colocaría a una distancia de la meta establecida por Carlos Slim. Habría que rehabilitar lo que López Obrador destruyó: las representaciones mexicanas en el exterior para atraer inversión y promover la imagen turística del país.
Siempre decimos que México tiene todo para crecer y desarrollarse: recursos naturales y gente trabajadora; ubicación geográfica en Norteamérica y un clima envidiable. El siguiente paso para el secretario Ebrard es lograr una buena renovación del T-MEC. Si lo hace, estará en primera fila para la elección de 2030. Los “duros” de Morena lo marginan porque no tiene la ideología de la izquierda rancia, es cosmopolita como ninguno de los funcionarios y sabe que México solo saldrá adelante con un pragmatismo estratégico. En el 2030 no estará Donald Trump y López Obrador habrá perdido la mayor parte del poder que tuvo, no contará para la sucesión. Esa es otra buena noticia para el futuro.