Nunca en tiempos de paz se había anunciado en Estados Unidos el cierre de un aeropuerto y de su espacio aéreo contiguo (10 millas) durante 10 días. Cuando leímos la noticia, pensamos de inmediato que era un asunto gordo. Lo primero que me vino a la mente fue la existencia de una amenaza terrorista detectada, como la del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

Para un novelista de suspenso militar como Tom Clancy, podía ser la entrada perfecta para una historia: “Todo comenzó con la alerta de la Agencia Federal de Aviación (FAA por sus siglas en inglés), que congeló el aeropuerto de El Paso, en Texas, durante 10 días…” Si bien el aeropuerto de El Paso no es de gran tráfico, con 4 millones de pasajeros al año, tiene la importancia de una terminal mediana. Su cercanía a la frontera con México sugiere que algo se introdujo en Estados Unidos desde Ciudad Juárez o de alguna otra ciudad fronteriza. Podía ser un “narcoterrorista” o, peor aún, un terrorista dogmático de Medio Oriente con armas letales.

Si el cierre decretado por la FAA hubiera sido por horas, el tema sería de menor importancia, pero 10 días son absolutamente inusuales. Luego de ocho horas se levantó el aviso de cierre y las versiones del gobierno norteamericano comenzaron a chocar desde el Departamento de Defensa y el Departamento de Transporte, de los que depende la FAA. Funcionarios del gobierno federal atribuyeron la suspensión de operaciones a la incursión de drones de narcotraficantes en el sur de la frontera. La FAA dijo que el problema había sido el ensayo del ejército con nuevas armas láser contra drones. Según informes de la prensa norteamericana, no es extraño que los drones pasen la frontera desde México para enviar droga. Puede ser, pero 10 días suenan a una alarma mucho mayor.

Al final, la noticia fue el desencuentro entre dependencias norteamericanas, que acusaron falta de comunicación ante una decisión de tal envergadura. Eso es aún más inquietante. El ataque a las Torres Gemelas en 2001 ocurrió pese a que el FBI tenía información sobre las andanzas de Osama Bin Laden y de su grupo terrorista Al Qaeda. Esa información quedó enredada entre la burocracia de la CIA y el FBI.

Lo importante para México es la explicación, a bote pronto, del gobierno de Donald Trump al acusar a narcoterroristas mexicanos de enviar drones al espacio aéreo norteamericano. Ese podría ser el pretexto ideal para atacar posiciones del crimen organizado en nuestro país. Justo al norte del aeropuerto de El Paso se encuentran la base militar Fort Bliss y sus pistas de aterrizaje.

Si en realidad el crimen organizado enviara drones al norte de la frontera, los servicios de inteligencia tendrían identificado el lugar en México desde donde operan. Entonces sí existiría el pretexto ideal para que Trump lanzara una respuesta con drones armados contra nuestro territorio, contra presuntos narcoterroristas. Lo impensable puede suceder en la mente del presidente norteamericano.

Vemos cómo ataca sin misericordia a los lancheros que presuntamente transportan cargamento de drogas en el mar abierto; vemos su postura agresiva contra Canadá porque supone que desde sus fronteras llega fentanilo a su país.

¿Qué haría nuestro gobierno si Trump ordenara ataques contra el crimen organizado en México bajo el pretexto de las incursiones de drones mexicanos en su país? Esperemos que nunca lo haga, porque sería una ruptura con consecuencias incalculables para ambas naciones.

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