Charlo seguido con camaradas de la izquierda histórica, muchos bien adentro del movimiento de la 4T y militantes de Morena. Allí hay de todo: quienes gozan de las mieles del poder en carreras políticas ascendentes y con familiares en la nómina oficial. Y también, con quienes, convencidos y coherentes dan la batalla sincera para transformar al País y que ven perversiones en el proyecto.

Lo que hago es cumplir el deber de hablarles, reconociendo lo bueno que ha hecho el movimiento, pero con la terrible herencia autocrática que dejan al futuro. Sin duda, voltear a los más pobres y reivindicarles con leyes, políticas públicas, -incluso con apoyos sociales ligados al voto-, es algo que urgía. Pero la herencia maldita que dejan, es un sistema político ligado y financiado al crimen, ya narco, ya huachicol, ya contratos a la red de empresas del movimiento. Seis años de “abrazos y no balazos” nos dejaron el sexenio más sangriento de la historia, pero también, una historia de corrupción ligada a las adjudicaciones directas y a obras sin rentabilidad social o financiera, en un País que está en recesión económica sin crecimiento del PIB.

La aparición reciente del libro “Ni venganza ni perdón”, se suma a los hechos que confirman ante la opinión pública, que el régimen de la 4T se construyó sobre las cloacas de la corrupción política priista que desgraciadamente, es el gen de nuestro sistema político: la corrupción.  Llega tarde el libro de Scherer y de Fernández Meléndez y pasa a ser otro documento más, que hace evidente que el fin justificó el medio; se trataba de construir un movimiento basado en un flujo enorme de dinero para financiar campañas para ganar la Presidencia de México y construir un régimen con la promesa de que éste vería por las mayorías. 

La venta de drogas a los Estados Unidos se haría para tener el poder y “enfermar al imperio del norte” y crear una economía nacional que, con dólares, dinamizara a las localidades pobres del País, en una reivindicación social histórica; ese crimen organizado sería la base social en todas las regiones y sería un aliado que había que dejar en paz. Aquí, todo se justificaba, con tal de que el movimiento de regeneración social surgido de las fuerzas progresistas del País, tuviera, por fin, el poder para beneficios de las mayorías.

Admiro el trabajo periodístico de los Scherer desde que era joven, escuché una conferencia de Don Julio en su valiente trabajo. El libro de su hijo, “Ni venganza ni perdón”, es un testimonio político y personal desde adentro de la administración de AMLO; reconstruye la relación de confianza y cercanía entre el hijo del gran Scherer y López Obrador, a lo largo de más de tres décadas, y cómo ésta evolucionó hasta un distanciamiento por las tensiones e intrigas internas que tiene el poder. 

Documenta episodios claves del sexenio. El testimonio de Scherer, como tantas evidencias que ya tenemos, nos vuelve a decir que ellos no son diferentes. Es un ejercicio de honestidad tardío que duele, en un país atravesado por tragedias abiertas, heridas que no cicatrizan porque el poder público insiste en profundizarlas.

Hoy el desastre continúa, a pesar de los avances que logra Sheinbaum, quien tiene a Ramírez Cuevas como su asesor principal y quien es evidenciado en el libro por armar ligas con los malosos para el financiamiento de campañas políticas del movimiento. Pero lo peor de todo esto, es que, en las siguientes décadas, veremos que no pasa nada; sin fiscalías independientes y con un Poder Judicial pegado al poder, todas las revelaciones que sigamos viendo, serán un anecdotario más, como el libro de Sherer, a menos que los fiscales del norte lo revelen.  La ausencia de un compromiso ético cuando más se necesitaba, es evidente ¿y entonces la justicia para México y para todas las víctimas que dejó el sexenio? Aquí no pasará nada.

Admiré de joven, a ese grupo de periodistas, a Scherer García, a Manuel Becerra Acosta, a Carlos Payán, a Manuel Buendía, a Carmen Lira, a los expulsados de Excélsior durante el sexenio de Luis Echeverría, expulsión que dio origen al gran Proceso, acto de resistencia frente al populismo autoritario. 

Hoy, veo esta ironía brutal: López Obrador el nuevo Echeverría, con los descendientes de aquellos periodistas perseguidos son la propaganda del régimen; y la izquierda de la calle, que teníamos como lectores pocos espacios en La Jornada o en Uno más Uno, hace cincuenta años, encontramos que, al ser poder, volvieron a ser lo mismo que tanto atacamos. “Ni venganza, ni perdón” documenta que son lo mismo, mortales aferrados al poder, donde es difícil que quepa la esperanza.

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.