Estos gobernantes que tenemos son especiales, poseen un caparazón muy grueso o de plano ni miden ni tienen idea de las consecuencias que arrastran cambios recientes en nuestro entorno interno y externo.
Ante la decisión de Estados Unidos de topar las remesas que los paisanos allá domiciliados y empleados mandan a México, “no pasa nada”. (Si eso creen, pregúnteles a quienes las reciben y de ellas viven). Que dos de los funcionarios más cercanos al acusado narcogobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, quienes se entregaron para ser testigos cooperantes, suelten toda la sopa del mugrero en Sinaloa, “no nos afecta”, resume la línea oficial.
Que acuse EU de asesino a Raúl Castro, cuatísimo de la cuatroté, del país al que le regalamos petróleo y le mandamos víveres bajo el disfraz de “ayuda humanitaria”, no amerita de parte de la Tlatoanesa preocupación o alarma.
Dos influyentes calificadoras, S&P y Moody’s, nos degradan perspectiva y calificación crediticia, colocando a la deuda soberana de México a sólo un peldaño de los “bonos chatarra”, y contestan afirmando que “están equivocadas”.
Alertan sobre las causas de su reducida calificación, que son el bajísimo crecimiento económico, la ayuda directa del Gobierno a Pemex y CFE (a las que también degradan sus perspectivas), así como el déficit fiscal tan alto del Gobierno, que gasta a lo pen… denciero en obras deficitarias y onerosísimas como el Tren Maya, el AIFA, la Refinería de Dos Fuegos en la Boca semanales, y proyectos como el de los trenecitos, la aerolínea del Ejército -“Mexicana”- y el programa de compra de votos/dádivas.
Todo ello se resume en un altísimo gasto corriente y una débil recaudación debido al estancamiento económico, y nos arroja que las finanzas mexicanas se asoman al abismo de la insolvencia financiera.
¿Están tomando medidas para corregir las pifias que han conducido a tan delicada situación? ¡No, por lo menos no que se noten, y si no se notan, la percepción internacional no cambiará! Pareciera que los huracanados vientos que enfrentan los cuatroteros ni los despeinan, ya que doblan la apuesta y continúan cometiendo tonterías.
Al incurrir abiertamente en conflictos de interés, la Presidenta manda señales de un estilo de gobernar primitivo que en las condiciones globales de hoy no se tolera (ni genera inversión).
¿Cómo es posible que Sheinbaum integre al Sistema de Ordenamiento de la Producción y Comercialización del Maíz Blanco a una de sus industriales del ramo: la presidenta del Consejo de Minsa, empresa de harina de maíz (y amiga cercana de la Mandataria), Altagracia Gómez, la “niña prodigio”, quien a sus 34 años preside además la Coordinación del Consejo Asesor de Desarrollo Económico y Relocalización, nombrada por la Presidenta como premio a su apoyo?
No puede -no debe- formar parte Altagracia Gómez de un proyecto gubernamental que la involucra a ella y a su negocio familiar. Brinca por feo el conflicto de interés, que mancha cualquier intención del Gobierno y cambia la fisonomía de la interfecta, pues pasa de ser “empresaria” a ser “funcionaria del régimen”.
Pifias como ésta hacen pensar que la Presidenta aprovecha las circunstancias para hacerle favores a una amiga a expensas de la integridad de todo acto de Gobierno. Si la señora Sheinbaum no mide las consecuencias de actos pequeños, tampoco lo hará en los grandes, de consecuencias serias que afectan a la Nación.
Ella lo corroboró con una declaración desafortunada: “Tenemos que cuidar al movimiento que representamos (pausa), tenemos que cuidar a México”. ¿Sabe qué, Presidenta?, ¡usted gobierna para el bien de todos los mexicanos, no sólo de los de su “movimiento”, mismo que con la narcoasociación de destacados miembros de su primero y segundo piso se comienza a desmoronar!
O salva a México del abismo económico o salva a Morena del desprestigio: ¡entienda que imposible le resultará lograr las dos cosas al mismo tiempo! Entonces, escoja… ¡y avísenos!