¡Qué suerte tenemos de estar celebrando por tercera vez un Mundial aquí en nuestro querido México! ¡Somos el único país del mundo en tener este privilegio! ¡Qué suerte poderlo vivir tan cerquita y poder apoyar a nuestra Selección, que de verdad, ha hecho un extraordinario papel!
A mí me han tocado los tres Mundiales. El de 1970, del que solo recuerdo que las letras del logotipo eran parecidas a las de la Olimpiada del ’68; al charrito simpático enseñando el ombligo con su sombrerote y que mi papá llevó a mis dos hermanos mayores a ver un partido.
Del de 1986, tengo un montón de memorias: a la “Chiquitibum”; el famoso Pique, que era un chilito bigotón, también con su sombrerote y un balón; la cancioncita que era muy pegajosa: “México 86, México 86 donde se vive la emoción; México 86, el mundo unido por un balón”; que se celebraron varios partidos aquí en León, en el Nou Camp y que nos fuimos a Monterrey para ver los cuartos de final, en los que Alemania nos eliminó en penales. ¡Ah, bueno, también que Maradona metió su gol con la mano! Recuerdo, al igual, que no eran tan caros los boletos y que no los tuvimos que comprar con tanta anticipación… creo que las cosas eran más sencillas y menos comercializadas.
Ahora, tenemos por tercera vez la gesta mundialista aquí, lo que es una gran fortuna, ¡pero ha habido tantas controversias! Los boletos han estado incomprables desde el principio, como si quisieran sacar ganancias luego, luego; sin siquiera medir la economía del país. La canción que trató de sacar nuestro gobierno federal, una pena que Julieta Venegas se prestara a eso, y un fiasco, como tantas cosas que hace la 4T. Todas las cosas que prometieron y que, según yo, no cumplieron: los torneos infantiles, crear canchas, etc.; los arreglos de última hora como si no hubieran tenido 8 años de anticipación para prepararlos.
El logotipo del jaguar, que no se ha visto casi nada, y que Clara Brugada trató de cambiar por un ajolote morado. La inauguración, que estuvo bastante X… y que la Presidenta no quiso tomar su papel como nuestra representante. En fin, todo bastante mal.
Pero dentro de estos desastres, surge lo mejor de nosotros: ¡es un gusto ver a todas esas familias reunidas, con sus playeras verdes echándoles porras a nuestra selección! ¡Es impresionante ver a nuestra gente cantando el Himno Nacional, con ese orgullo que enchina la piel y hace que los ojos se llenen de lágrimas! ¡Cómo demostramos nuestra unión, nuestra solidaridad, nuestra alegría, nuestra cultura de una forma tan bella, tan sencilla, tan sentida! ¡Somos un pueblo maravilloso! ¡Si pudiéramos repetir esto en tantas cosas que nos afectan, seríamos un mejor país!
¡Ver a nuestros seleccionados echarle tantas ganas, estar tan unidos… que no se vea la diferencia cuando entra la banca! ¡Ver cómo aunque sea en forma temporal, pero algo de nuestra economía se está reactivando! ¡Ver nuestro ingenio para hacer tantas cosas! Como la canción que sacó nuestro compueblano (o paisano) Emmanuel Armando Centeno o Coray, que, aunque tiene sus palabras fuertes, es muy motivadora y que la canta todo mundo. El ya famoso Pato Merlín, que nos conquistó a todos con su andar bamboleado y su picotear el balón. O tantos memes y reels, que nos hacen reír, como el de la chinampa rebasando a los barcos de Inglaterra, Brasil y Noruega… o reflexionar.
Hay un reel en Instagram, de “bolillo.pichas” que habla de: “¡Qué hermoso eres feliz, México!”, y que voy a transcribir porque me llegó al corazón:
“¡Qué hermoso eres feliz, México! Y no, no es que no nos importen los problemas, no es que no nos importen los maestros, los desaparecidos, la violencia ni todo lo que nos duele. Es que estamos cansados, tan cansados; tan acostumbrados a las malas noticias, a los pleitos, a los discursos, a los políticos, a las tragedias, que nos urgía una excusa para sonreír otra vez; nos urgía un mes para escapar, para ilusionarnos, para volver a discutir por algo que no fuera política, para volver a abrazar a desconocidos. Nos urgía un mes para volver a creer. Porque, ¡qué bonito te ves así, México! lleno de banderas, lleno de ruido; lleno de vida; lleno de extranjeros descubriendo lo que nosotros llevamos años olvidando: que este país, tiene un corazón enorme. Porque sí, México es muchas cosas: es complicado, es injusto, es caótico; pero también es alegre, es hospitalario, es amigo; es esa casa donde siempre cabe uno más; es ese desconocido que te invita una cerveza; es ese vecino con el que te peleas todo el año y con el que terminas abrazado cuando cae un gol. ¡Y quién sabe! tal vez esto no cambie nada, tal vez cuando termine el mundial los problemas ahí siguen. Pero tal vez, solo tal vez, nos quede algo, algo de esa unidad y de esa empatía; algo que nos ayude a recordar que el dolor del otro, también es nuestro; algo que nos ayude a entender que compartimos mucho más de lo que nos divide. ¡Porque México es hermoso cuando está feliz y tenía muchísimo tiempo sin verlo tan feliz!”.