Ningún “plan”, ningún “pacto”, ningún acuerdo puede resarcir el daño al crecimiento económico que causa en México la desconfianza. Misma que midió elevada una oportuna encuesta del Banco de México, en la que se nota que los pilares que sostienen en nuestro País el desarrollo financiero están rotos. La ausencia de certeza que generan la falta de un Estado de Derecho pleno, la impunidad y la inseguridad, nutren esta desconfianza, lo que se traduce en menor inversión tanto nacional como extranjera.
Es muy relevante este sondeo, pues aporta datos cruciales a quienes conducen las políticas públicas que marcan el derrotero de nuestra nación. Más útil sería aún si la toman en cuenta los cuatroteros para enmendar la desconfianza que han sembrado en el terreno económico los dos últimos Gobiernos.
Por el timing en el que salieron a la luz los datos, la información que sirvió de base para darle forma y sustancia a esta radiografía de percepciones se generó hace meses, posiblemente antes de recientes revelaciones relacionadas con el “huachicol de Estado” y la reiterada acusación de Estados Unidos de que en México “gobiernan los cárteles”.
O sea que debe sumarse a esta encuesta de Banxico que recaba los temores de quienes conducen los destinos del -cuando menos- 70 % de toda la inversión que se genera en México, y que es el sector privado, la incertidumbre y desconfianza que genera -seguramente y cuando menos en la inversión extranjera- el que afirmen autoridades de EU que “los cárteles y el Gobierno son lo mismo”.
Grave acusación esta por sí sola, pero que en el contexto de la “renegociación” del T-MEC puede -y debe- considerarse mortal. Por lo menos en el terreno de que mata todo ánimo por generar en México entusiasmo para el emprendimiento de nuevos proyectos productivos.
Ante este sombrío panorama ningún “plan”, llámese “México” o como se llame, puede compensar el colapso de la autoridad moral de un Gobierno que, por lo menos ante el de EU, nuestro principal socio comercial, es considerado “narcogobierno”, lo cual indica una verdad meridiana: ¡como nos ven, nos tratan!
Hemos dicho antes, y lo reiteramos: olvidémonos de un “nuevo” T-MEC que favorezca a México. No lo habrá mientras no cambie esta percepción de la Administración Trump respecto al Gobierno cuatrotero y su falta de capacidad y/o voluntad para actuar en contra de los narcopolíticos que militan en sus filas.
Y visto desde la óptica de Washington, no deja de tener algo de razón: esa media tonelada de metanfetamina escondida en un tractocamión y decomisada en Pharr, Texas, recién cruzada nuestra frontera, para ellos no representa la manifestación de un simple síntoma, sino la confirmación de una hipótesis formulada desde el inicio de la segunda Administración Trump: que políticos mexicanos encubren las actividades criminales de los cárteles a cambio de sobornos y/o apoyos para sus campañas; o sea, escalan el poder sobre los hombros del narco.
Situación que, simplemente, no se puede tolerar y que el Gobierno norteamericano no soslayará, pues representa un riesgo para la seguridad interna (esto es, la salud) de sus ciudadanos, envenenados mortalmente por el consumo de poderosas drogas sintéticas que presionan ya las políticas de salud pública del país vecino.
De nueva cuenta, comete otro error el Gobierno cuatrotero si piensa que con bravuconadas y la “fuerza” de la gran integración económica de las dos naciones lograrán que la Administración Trump recule. Al contrario, la confrontación endurece la posición de los estadounidenses, dando paso a la generación de medidas retaliatorias contra México que dañarán aún más la certeza y la confianza en nuestro país como destino de inversión.
Ante esta realidad, resulta absurdo cualquier pacto o plan cuyo fin sea reactivar la inversión y el crecimiento: equivale a pretender curar un cáncer galopante etapa cuatro con un “chocho”. Si el tema no fuese tan grave en sus consecuencias, hasta resultaría risible.