“La autoridad verdadera no se ejerce “ladrando” órdenes, sino escuchando, acompañando y construyendo confianza”
Comienzo, estimados lectores, con un agradecimiento. En nombre de las y los pacientes guanajuatenses que, por nuestro conducto, han solicitado apoyo ante un problema de salud, reconozco públicamente la disposición del doctor Eusebio Rosales Partida, titular del IMSS en Guanajuato. Cada caso ha sido atendido con sensibilidad, empatía y respeto, sin cortapisas ni excusas burocráticas.
No afirmo que todos los problemas hayan quedado resueltos ni que esté en sus manos corregir las carencias acumuladas del Instituto. Sería injusto atribuirle facultades o recursos que no tiene. Lo que sí puedo testimoniar es que escucha, responde y busca alternativas. Para quien vive la angustia de una enfermedad, saber que alguien atiende su llamado ya constituye una diferencia profundamente humana.
Recordé al doctor Rosales al leer el discurso de la cirujana Kari Rosenkranz, “Tail Wags and Belly Rubs: Lessons from a Dog” (Colas que se mueven y caricias en la panza: lecciones de un perro). La autora sostiene que los perros pueden enseñarnos algo esencial: que comunicarse no consiste solo en hablar. Ellos observan, perciben la tensión, reconocen el miedo y permanecen cerca. Escuchan con todo el cuerpo.
La medicina y el servicio público necesitan recuperar esa capacidad. Con frecuencia hablamos para ser escuchados, pero pocas veces escuchamos para comprender. Detrás de cada expediente existe una persona; detrás de cada folio, una familia; detrás de cada espera, miedo, dolor e incertidumbre.
El propio doctor Rosales ha expresado que la atención debe sustentarse en la ética profesional, en el trato digno y en la empatía. No parece una frase aprendida para un discurso. Coincide con la manera en que ha respondido cuando le hemos planteado casos concretos de derechohabientes.
Su historia personal también merece contarse. Sus raíces se encuentran en Sonora y en una realidad alejada de los privilegios. Llegar a ser médico exigió estudio, esfuerzo y perseverancia. Después cursó la especialidad en Medicina Familiar, continuó capacitándose en gestión directiva, investigación educativa y administración de servicios de salud y obtuvo una maestría en Educación Basada en Competencias.
No llegó a Guanajuato por improvisación. Acumula 25 años de trayectoria en el IMSS. Fue asumiendo responsabilidades por su desempeño y por la confianza de colaboradores y superiores: ocupó cargos directivos en Sonora, fue jefe de Servicios de Prestaciones Médicas y desempeñó funciones de planeación y de conducción médica en Baja California. Finalmente, participó en la cuarta edición del Concurso de Oposición para titulares de los órganos estatales del Instituto y obtuvo la responsabilidad de dirigir el IMSS en Guanajuato.
Rosenkranz desmonta también el mito del “perro alfa”. En una manada, el verdadero líder no es quien intimida, sino quien orienta, protege, escucha y mantiene unido al grupo. En los hospitales ocurre lo mismo: los mejores dirigentes no son quienes “ladran” órdenes desde una oficina, sino quienes recorren las unidades, conocen las necesidades del personal y generan confianza para que alguien pueda advertir un riesgo antes de que se convierta en una tragedia.
Ese liderazgo será indispensable porque el doctor Rosales recibe una institución sometida a enormes presiones. El IMSS atiende en Guanajuato a alrededor de 2,9 millones de personas. Enfrenta una demanda creciente, infraestructura insuficiente, hospitales pendientes, escasez de especialistas, procesos burocráticos y trabajadores (médicos internos y residentes) que, en muchas unidades, sostienen los servicios con cargas de trabajo excesivas.
El Informe del IMSS 2024-5 reconoce que los recursos son cada vez más limitados. Conoce, además, el cansancio del personal médico, de enfermería, administrativo y de apoyo. No puede pedírseles un trato digno a los pacientes sin procurar también condiciones dignas para quienes los atienden. Los perros son animales de manada, recuerda Rosenkranz; la salud también es un trabajo colectivo. Ningún delegado, por capaz que sea, puede sustituir al equipo ni compensar indefinidamente las insuficiencias presupuestales.
Por eso mi reconocimiento no es un cheque en blanco. A una autoridad se le respalda cuando actúa bien, pero también se le exige que defienda a los derechohabientes, gestione recursos, transparente los resultados y no normalice las carencias. La empatía debe traducirse en mejores tiempos de atención, abasto suficiente, personal completo y hospitales que funcionen.
Confío en que su trayectoria institucional y su sensibilidad le permitirán encabezar este esfuerzo. Guanajuato necesita un IMSS que escuche antes de responder; que acompañe antes de justificar; que recuerde que cada expediente tiene nombre y rostro.
Los perros, concluye Rosenkranz, lideran, enseñan y aman mediante su presencia. En el servicio público, estar presente también es una forma de cuidar. Hasta ahora, el doctor Eusebio Rosales ha sabido estar. En nombre de los pacientes a quienes ha ayudado, gracias. Ahora viene el mayor desafío: transformar esa sensibilidad personal en una cultura institucional que alcance a todos.