En editoriales anteriores advertí que la mafia va por León. En Guanajuato capital ya la padecimos durante más de ocho años, con resultados funestos para una ciudad patrimonio de la humanidad. Silao experimenta hoy la misma voracidad sin límites, mientras Irapuato resiente la lucha entre facciones azules. Vale la pena revisar los primeros movimientos del tablero preelectoral.
Una encuesta de Inmersa ofrece señales reveladoras sobre la política guanajuatense. El dato más llamativo proviene de León: si hoy se celebraran las elecciones municipales, el PAN vencería a Morena por apenas seis puntos porcentuales. En cualquier otro municipio sería una diferencia considerable; en León representa un terremoto político. Hace apenas tres años Acción Nacional ganó la alcaldía con una ventaja cercana a los 28 puntos. Morena habría recuperado alrededor de 22 puntos en un solo trienio.
La explicación parece evidente. Los escándalos de corrupción del exgobernador pulverizaron el principal activo panista: su reputación de honestidad. A ello se suma la fractura entre la gobernadora y la alcaldesa leonesa, una disputa que termina por desgastar al gobierno y a su partido. La buena fama se terminó.
Pese a ello, muchos insisten en presentar a León como un bastión inexpugnable. La maquinaria panista, respaldada por buena parte de los medios de comunicación que ha logrado capturar, intenta construir una percepción de invencibilidad. Sin embargo, la propaganda no alcanza para modificar la realidad.
Durante el sexenio anterior, Alan Márquez, entonces director de Comunicación Social de Diego Sinhue Rodríguez, tejió alianzas políticas difíciles de explicar con numerosos medios de comunicación. Hoy pretende convertirse en alcalde de León. No para administrar una ciudad, sino para administrar contratos, permisos, licencias y cuanto negocio pueda convertirse en fuente de ganancias para la red que representa. Millones de pesos provenientes del presupuesto municipal quedarían nuevamente al alcance de quienes ya demostraron cómo entienden el ejercicio del poder.
La tríada dirigente de ese grupo la integran Alan y Aldo Márquez, junto con Charly Alcántara. Constituyen el núcleo de una estructura que durante años ha ido capturando espacios estratégicos de la administración pública guanajuatense. Exhiben un apetito insaciable por los recursos públicos y operan con la confianza que les otorgó Diego Sinhue al concederles libertad absoluta para disponer del aparato gubernamental.
Como responsable de Comunicación Social, Alan administró más de 800 millones de pesos destinados a propaganda oficial. Ese presupuesto sirvió para moldear narrativas, disciplinar medios y construir lealtades. Hoy dispone, además, de recursos suficientes para competir por la alcaldía más importante del estado.
Un episodio ilustra con claridad esa relación. En su presentación como aspirante, realizada en el auditorio del PAN, reunió a buena parte de los directivos de prensa, radio y televisión de León. Ahí permanecieron, en primera fila, para terminar tomados de la mano entonando el himno panista mientras aplaudían la presentación del supuesto “Defensor de la Patria, la Familia y la Libertad”. Nunca habíamos presenciado tanto descaro y tanto ridículo reunidos. Ni siquiera en los peores tiempos del PRI se organizaban exhibiciones tan indignas de quienes tienen la responsabilidad de informar a la sociedad.
Pero esas son las reglas con las que opera este grupo: avasallar, comprar y someter todo aquello que resulte útil para conservar el poder. Durante el sexenio pasado concentró los contratos de infraestructura tecnológica, producción técnica y escenografía para eventos gubernamentales en un reducido grupo de empresas privilegiadas. El favoritismo se convirtió en método de gobierno. Basta revisar las contrataciones en la Comisión del Deporte, el CECYTE, SECTURI, IDEA y la PAOT para advertir cómo los mismos beneficiarios aparecen una y otra vez.
Silao enfrenta un riesgo real de alternancia después del pobre desempeño de su actual alcaldesa. Irapuato tampoco ofrece un panorama alentador para el PAN, dividido por disputas internas. Las elecciones municipales arrastrarán las de diputados locales y con ello la mayoría panista en el Congreso podría quedar seriamente comprometida.
León haría bien en mirar lo ocurrido en Guanajuato capital. Aquí conocemos de sobra las consecuencias de un gobierno capturado por intereses mafiosos. Los trámites se bloquean, los permisos se condicionan y los ciudadanos terminan pagando sobrecostos derivados de la corrupción. Quien pretende construir un fraccionamiento enfrenta la exigencias de entregar una parte importante del predio, escriturado a los prestanombres indicados ; quien busca un visto bueno para vender alcohol sabe que el “moche” forma parte del procedimiento no escrito. Así se destruye la economía de una ciudad y se degrada la confianza en las instituciones. Es imposible crear riqueza bajo las cargas que imponen los corruptos.
Si eso quieren para León, ya saben por quién votar.