¡Cuánta razón tenía Jorge Luis Borges cuando sostenía que “Las tiranías fomentan la estupidez”! Con tal de lograrlo, aquellas insisten en la sumisión colectiva de la sociedad, diseñan estrategias arteras para impedir que alguien piense libremente, de modo que no se pueda distinguir entre lo verdadero y lo falso, entre la estupidez y la maldad, para lo cual, aprovechan la incapacidad de las masas para pensar, coordinarse y exigir cuentas. “Los pobres (AMLO dixit) son como animalitos, mascotas a los que se les debe alimentar porque no se pueden valer por sí mismos.”
Una tiranía erosiona las instituciones, es decir, manda “al diablo a las instituciones” de la República, deroga los organismos autónomos garantes de nuestra democracia, maneja a los estúpidos con emociones, con promesas de imposible cumplimiento, y jamás con argumentos, el líder, el “Tata” siempre cuidará a la nación. y también gritará a voz en cuello: “Muera la inteligencia”, al tiempo que controla no solo la educación, sino también la prensa y el Estado de derecho, es decir, destruye la garantía del desarrollo económico civilizado.
¿Quién ha organizado una gigantesca marcha para protestar por el fraude monumental del huachicol valuado en 600 mil millones de pesos, el más escandaloso y cínico de la historia de México? Dicha estafa monstruosa que hubiera hecho caer a un gobierno en el que existiera Estado de derecho, no solo compromete la estabilidad financiera de Pemex, sino la del propio gobierno federal que podría enfrentar la pérdida del grado de inversión con consecuencias devastadoras. Los críticos, las mentes excepcionales, los periodistas y politólogos liberales, deben ser silenciados al tratarse de agentes contaminantes, enemigos del establishment dictatorial.
Los tiranos imponen, de una u otra forma, el respeto a la autoridad. Para ellos la verdad no cuenta, al extremo de negar lo evidente, de ahí que Sheinbaum se atreva a declarar que “ningún hospital que atiende cáncer carece de medicamentos.” Que “la desigualdad se redujo significativamente.” Que ellos no compran la voluntad electoral del pueblo con recursos del erario. Que “el desempleo se ubica en 2.7%, uno de los niveles más bajos del mundo.”, entre otros incontables embustes impunes más. Abundan las pruebas en contra de diversos coprófagos morenistas y, sin embargo, niegan su existencia.
En las escuelas se estupidiza a los menores de modo que el día de mañana tampoco se puedan valer por sí mismos para subsistir, como es el caso de la dictadura cubana, en donde el 70% de la población depende del gobierno. ¿Cómo lograrlo en México? Los libros de texto gratuito fueron modificados por la 4T para acelerar la idiotización de la niñez y más aún: los líderes sindicales de la educación, los docentes express, no solo escriben sus nombres cometiendo múltiples faltas de ortografía, sino que se han apoderado de la SEP, como eficientes presupuestívoros. Las mutilaciones intelectuales de la niñez se comprobaron al someterla a las pruebas de PISA, en donde quedó evidenciada su incapacidad de leer y de practicar las operaciones aritméticas más elementales: Sheinbaum se suma al proyecto orientado a destruir el futuro de México, estupidizándolo.
El tirano necesita de la estupidez de la gente. Nunca cejará en sus esfuerzos por privar a los gobernados de su independencia interior ni de hacerlos renunciar a una posición autónoma. Se trata de identificar como enemigos comunes a los opositores, para lograr que la mayoría piense en forma idéntica, creando una sensación, aunque sea falsa, de consenso general, con embustes tergiversados que parezcan verosímiles, siempre desviando la atención en torno a los verdaderos problemas nacionales, para lo cual, se echa mano de otros asuntos graves para distraer la atención de los sucesivos temas conflictivos. ¿Cómo? ¿Estalla una denuncia contra Rocha Moya? ¡Ah!, entonces se detona otro escándalo similar para dejar atrás ese asunto. A modo de una metralleta se exhibe el patrimonio del almirante Ojeda y para olvidar este entuerto, surge Amílcar, el socio de “Andy” o el huachicol recién descubierto, que siempre no fue huachicol y, a continuación, presentan la presunta riqueza inexplicable de Romero Oropeza con el objetivo de crear confusión, en el entendido de fomentar siempre la estupidez, porque, como decía Bonhoeffer, ésta es sumamente contagiosa.