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¿Quién prefiere las tormentas, quién opta por cielos nublados? Sin embargo, a veces se presentan intrusivas y molestas y, es preciso tomar impulso, sortear olas altas, tolerar el temporal, porque sabemos que también pasará y será inminente comenzar de nuevo.

Yo prefiero los días soleados donde brille el sol en lo alto con toda su majestuosidad. Sin embargo, a veces aparecen los nubarrones ocultando la luminosidad del cielo y, aunque sigue brillando, lo hace en lapsos, oculto tras jirones de nubes.

Cuando esto sucede, requiero un oasis de paz, un remanso de quietud como los que se forman en la arena entre las rocas, cual castillos, desde los que puedo contemplar el agua embravecida y escuchar las olas estrellarse insolentes.

Mientras tanto, yo permanezco a buen resguardo en mi fortaleza infranqueable de fuertes y almenas.

Yo edifiqué el mío, es mi recinto, lo aísla un foso profundo y una bandera de silencio ondea obligando las distancias.

Somos constructores natos, desconocíamos nuestras habilidades, fuimos encontrando las herramientas por el camino, después aprendimos a labrar la piedra, a esculpir en roca y, por fuerza y causa lógica, también nosotros nos endurecimos.

A veces, cuando veo tus ojos me parece que estás recluido y no hay manera ni forma de liberarte. Y me preguntó qué pasa contigo, qué peligro te acecha para que hayas preferido resguardarte tras veinte puertas y cien cerrojos.

Concluyo que estás atravesando la borrasca, que buscas el refugio infalible de tu corazón enclaustrado, al que me resulta imposible acceder porqué no me has dejado las llaves.

Te comprendo, siento empatía, no eres un ente aislado. Ni te juzgo ni te crítico, sé que es cuestión de tiempo. Mientras tanto, puedes permanecer ahí, y poco a poco se te irá tranquilizando el corazón. Estoy segura de que, cuando el tiempo pase y te sientas libre de peligro, recuperarás las certezas, abrirás la puerta, nos encontraremos de nuevo y continuaremos caminando con la esperanza bajo el brazo.

Aunque ya no serás el mismo de ayer, porque somos seres dúctiles y maleables que nos vamos modificando, nos edificamos a lo largo de nuestro viaje.

450 Historias de León

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