Nada define mejor al diputado Jorge Espadas, recién nombrado por el panismo leonés para ser su Defensor de la Patria, la Familia y la Libertad, que su frase al afirmar que es un “soldado del PAN”; expresión que, por definición, lo ubica como el aspirante que más alejado está de la ciudadanía y el más cercano al panismo que nos ha gobernado en los últimos años. Su nombramiento es la antítesis de la necesidad del PAN de acercarse a la sociedad.
La cuestión aquí es saber ubicar de cuál PAN es soldado el candidato Espadas: ¿del PAN que creyó en los ciudadanos y por muchos años postuló a personas emanadas de la sociedad para hacer buenos gobiernos, o del PAN de los excesos que en los últimos años ha promovido candidatos que utilizan la política como modus vivendi, y que en ella encuentran oportunidades para servirse y no para servir?
El PAN se ha inclinado por nombrar a una persona que ha forjado una candidatura con base en artimañas, aprovechándose de las lagunas de la ley; alguien que, utilizando las partidas de ayudas sociales, se dedicó a regalar tinacos y calentadores a personas que los necesitaban, lo que se traduce en lograr simpatías solo para fortalecer su imagen, dejando amplias dudas de si en verdad hay un genuino interés en ayudar a los más vulnerables.
A los panistas no les importó nombrar a una persona que, contraviniendo el espíritu de la ley, le dio la vuelta para promocionarse a través de “revistas” que se prestaban al juego con tal de hacer negocio.
Y, finalmente, a los militantes del PAN les pesó más alguien que puede ser popular en las bases, pero que ha demostrado un desconocimiento preocupante de los problemas que tiene nuestra ciudad y de cómo enfrentarlos.
El panismo parece haberse olvidado de la historia de cuando, hace algunos años, presentaron a un candidato que obtuvo los apoyos internos para postularse, pero que en la contienda constitucional no logró convencer a la sociedad ni obtuvo las simpatías de los ciudadanos, perdiendo la elección para la alcaldía.
En León, el PAN de hoy confía más en su marca por encima de las personas, lo cual deja en manos de quienes dirigen a ese partido la postulación de sus candidatas y candidatos, sin la preocupación de si, por sus antecedentes, pudieran ser aspirantes presentables o no; están seguros de que con el logotipo azul ganarán la contienda contra quien sea.
Estoy seguro de que los dirigentes del PAN conocen la estratificación de sus votantes, y seguramente están conscientes de que su voto duro está en los adultos que los ayudaron a ganar elecciones hace muchos años, pero que los jóvenes de hoy no solo no quieren al panismo, sino que ya muchos lo detestan y quisieran cambiar de partido.
Este proceso panista de elegir Defensores de la Patria, de la Familia y de la Libertad no es otra cosa que un invento de una dirigencia nacional desgastada y desorientada, que no logra encontrar un liderazgo que inspire fe a la población y que, además, acaba copiando un modelo aplicado por Morena que busca adelantar los procesos electorales, aun cuando las leyes lo prohíben.
La pregunta que al final debe quedar en todos nosotros es: ¿solo vamos a ser espectadores de los resultados de este proceso?, ¿vamos a ser mirones ante la soberbia panista de sentir que con quien sea ganan? Pero, sobre todo, ¿vamos a permanecer impávidos ante la posible llegada de personas que no nos han convencido de que deben gobernarnos? ¿En verdad las leonesas y los leoneses nos lo merecemos?