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Con bombo y platillos, Alejandra Gutiérrez presentó su Segundo Informe rodeada de naranjas y dirigentes de Movimiento Ciudadano. En su mensaje aseguró que ahora es otra por fuera, pero la misma por dentro. Al mismo tiempo, proclama: “León es otro”. ¿Encierran estas afirmaciones un dilema filosófico sobre el ser, el no ser y la apariencia? Por lo pronto, falta una definición política: ¿su incorporación a Movimiento Ciudadano implica nuevos valores y otra forma de gobernar, o es solo nueva apariencia? 

La alcaldesa cambió de color, pero eso no explica qué ha cambiado en la ciudad. Su renuncia al PAN y su incorporación a MC parecen nueva ruta hacia la gubernatura. Por eso, debe explicar qué decisiones de gobierno han cambiado. Si por dentro sigue siendo la misma ¿qué sentido tiene presentarse como otra persona? Y si León ya es otro ¿en qué se basa para afirmar que está mejor que antes?

Hace un año, en su Primer Informe, anunció como gran sorpresa el Metro Elevado 450. El anuncio parecía más inspirado en lo que habría visto durante su visita a Monterrey que sustentado en un proyecto listo para construirse. La imagen de un tren que recorría León se adelantó a los estudios de viabilidad técnica, operativa y financiera, al cálculo de costos y a las definiciones indispensables para convertir una idea en obra pública.

La sorpresa alcanzó incluso a algunos ediles, a funcionarios de Desarrollo Urbano y del IMPLAN, a tirios y troyanos. Pero en este informe ya no se comprometió a dejar terminado el proyecto, y menos aún a cortar listones… 

Los leoneses seguirán enfrentando largos traslados y esperando soluciones palpables a un problema que afecta su vida cotidiana. Ahora Ale nos pide aceptar que ella es otra por fuera y que León es otro y mejor. La primera afirmación habla de su apariencia; la segunda exige demostrar que ha mejorado la vida cotidiana de los leoneses. Esa diferencia no se acredita pintando de color naranja la fachada: le corresponde al ciudadano vivirla y calificarla.

Sobre el tema, en una carta abierta el empresario Gerardo Pons Zepeda pregunta qué significa la consigna “León es otro. Es mejor”, y la confronta con problemas que siguen a la vista: pobreza, empleo informal, inseguridad, calles deterioradas y una movilidad cada vez más difícil, entre otros. Reconoce que se han cumplido algunas acciones, pero considera que pesan menos que lo pendiente. Su objeción de fondo es sencilla: si Ale afirma que León está mejor, debe demostrar con datos en qué ha mejorado la vida de sus habitantes. También pide rendición de cuentas: ¿cuánto ha costado esa campaña y quién la paga? Concluye con una afirmación contundente: “Ciertamente, hoy León es otro, pero no mejor”.

Ale puede disentir del empresario, pero conviene escuchar lo que muchos ciudadanos reconocemos en sus palabras. Si las calles están mejor, que muestre dónde; si la seguridad mejoró, que explique con qué resultados; si avanzó la movilidad, que se note en los penosos trayectos diarios…

Aristóteles entendía la ciudad como una comunidad organizada para vivir bien: la vida en común debía permitir a sus habitantes desarrollar sus capacidades para ponerlas al servicio de los otros. Es un postulado de extraordinaria actualidad para León. Una ciudad mejor se reconoce en la seguridad, los servicios, las oportunidades y la confianza de sus habitantes en las decisiones de gobierno.

Quizá por eso el dilema de la alcaldesa no sea “ser o no ser”, sino ser otra sin dejar de ser la misma. Y el de León, ser otro sin que resulte claro en qué es mejor. La filosofía puede permitirse esas paradojas; un gobierno, no. Tiene que justificar sus dichos con hechos. Cambiar de color puede expresar una decisión personal, pero cambiar la ciudad se mide en la experiencia diaria de quienes la habitan.

Alejandra Gutiérrez tiene derecho a definir su futuro político. Mientras tanto, le corresponde explicar el presente de León y las expectativas restantes de su gobierno. La carta de Gerardo Pons Zepeda le ofrece una oportunidad para responder con datos y reconocer lo que falta por hacer. Al final, será la ciudad, más que el color del escenario, la que diga si León es otro y, sobre todo, si es mejor.

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