Su esposa llevó a Manuel al Seguro Social. Se había sentido muy mal con desmayos y malestar general. Manuel tiene 55 años y diabetes. Desde hace años recibe medicamentos que le permiten llevar una vida normal.
Cuando llegó a urgencias, la atención fue lenta. Según narró su esposa, le dieron medicamentos para bajar la temperatura y la presión arterial. Dos veces fue a pedir atención; a la tercera, regresó al hospital para saber cuál era la causa de su enfermedad. Desesperada, la familia preguntó al médico de urgencias qué podrían hacer. La respuesta fue más que clara: busquen un médico particular, porque aquí estamos saturados y no hay urólogos.
Manuel fue al hospital “La Luz”, donde lo atendieron de inmediato. Le realizaron estudios y lo enviaron al Hospital Ángeles para que le hicieran una tomografía. Después de dos días encontraron que tenía una grave infección en las vías urinarias. Le recetaron inyecciones de antibióticos a un costo de 2 mil pesos cada una. También descubrieron que tenía ataques epilépticos, por lo que le recetaron otros medicamentos.
Por fortuna, Manuel volvió al trabajo y ahora se cuida más; sin embargo, su destino habría sido otro si se hubiera atenido a la espera habitual del Seguro Social. La familia considera que pudo haber muerto. La cuenta del hospital, los médicos y las medicinas llegó a 70 mil pesos. Manuel consiguió ayuda y pudo sobrellevar el golpe económico. Su historia se repite una y otra vez en un Seguro Social sobrecargado, donde los médicos tienen que aumentar sus jornadas de trabajo o reducir el tiempo de atención en consultas y tratamientos.
El problema es tan grave que las citas para estudios de laboratorio o de radiología pueden demorarse durante varios meses. Además, la queja es constante: los médicos no cuentan con instrumentos y medicamentos suficientes para tratamientos como los del cáncer. Tampoco para realizar cirugías oportunas.
Fue fácil para Andrés Manuel López Obrador decir que tendríamos un sistema como el de Dinamarca, incluso mejor. Hoy resulta una broma cínica. Si lo decía porque lo creía, estaba fuera de sus cabales; si lo decía por propaganda, llega el momento de que la presidenta Claudia Sheinbaum cargue con el enorme problema que le heredó.
Vemos marchas de doctores y enfermeras en todo el país que piden mejores condiciones de trabajo porque les han asignado la responsabilidad de atender al doble de enfermos con las mismas instalaciones y, en muchos casos, con menos medicinas. La institución está a punto de tronar. Lo peor que podría suceder sería una huelga que complicaría todo.
Las empresas han tenido que hacer frente a numerosas enfermedades entre sus colaboradores. Primero apoyando con recursos y luego aceptando la carga del tiempo durante el cual el trabajador no pudo laborar.
La presidenta Sheinbaum prometió recorrer todo el país para dar cuenta de lo que sucede y hablar con los delegados regionales y con los propios médicos, enfermeras y personal de la institución. Es loable su empeño por hacer frente a la situación. Su presencia ayudará mucho al escuchar de viva voz las limitaciones y la extraordinaria carga de millones de derechohabientes, sumados en los tiempos de la 4T. En 2023, el Seguro tenía 76.7 millones de derechohabientes, un número mucho mayor que los 45 millones de 2000. Son muchos los retos y sólo se podrán resolver con más recursos.