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“Si la usamos correctamente […] podría acelerar enormemente nuestra capacidad para librar al mundo del cáncer […], pero si nos equivocamos, podría ser caótico y potencialmente catastrófico.”
Barack Obama sobre la IA. 

Muchos ciudadanos estamos de acuerdo en que hay políticos tan malos como el cáncer, tan perniciosos como una enfermedad crónica y tan peligrosos con el poder de su firma que endeudan a un país sin contar con los medios para pagarlo. 

La ciencia está empeñada en resolver los problemas más complejos de la matemática y la física con la IA, pero en ningún lugar hemos visto cómo puede ayudarnos a curar el mal de los políticos incompetentes, ni cómo evitar que lleguen al poder y produzcan más malestar que bienestar. 

Una ocurrencia interesante podría ser “entrenar” a modelos de IA para que aprendieran de los mejores políticos del mundo, aquellos que sortearon guerras e invasiones y tuvieron las agallas de sacrificarlo todo por el deber cumplido. Existe el potencial de estudiar y destilar toda la sabiduría de Winston Churchill, Abraham Lincoln o Barack Obama; conocer sus grandes aciertos y sus pifias. 

Podríamos dar ese entrenamiento para conducir por el buen camino  a nuestros muy célebres representantes, como al “changoleon” Gerardo Fernández Noroña o a Malú Micher. O, de plano, sustituirlos por sabios avatares que desempeñaran mejor su función legislativa. Cuando menos darles un “chicharito” para que escuchen consejo antes de hacer y decir, antes de hacernos reír. Qué tal informar con tiempo al líder del PAN, Jorge Romero, para que se abstenga de meterse en la cocina de otros —la de los trabajadores del IMSS— y de cosechar descontentos contra el gobierno. Vaya ridículo y vulgaridad querer robar causas ajenas.

Si uno escucha a Barack Obama, lo primero que le viene a la cabeza es: ¿dónde podemos rentar a un cuate tan brillante como él para que nos gobierne? Al menos podríamos contar con su avatar para dar cátedra sobre buenas políticas públicas. En este mundo interconectado podríamos apropiarnos de toda la sabiduría política, desde la antigua Grecia hasta nuestros días. 

Podríamos comenzar por elegir sólo a la mitad de los diputados y senadores; asignar a cada uno un consejero virtual con todo el conocimiento de la historia legislativa del país y de todas las leyes, y, además, con la capacidad de comparar buenas prácticas legislativas mundiales. Quitarnos la idea de que “eso no se puede hacer aquí”. Es pura imaginación.

Aún no conocemos los talentos de la IA para gobernar, pero seguro que pronto los tendremos y los usaremos. Si todas las disciplinas del conocimiento y de las profesiones ahora se valen de ChatGPT, Claude, Grok  y DeepSeek, ¿por qué no darles a nuestros gobernantes herramientas que les afinen el sentido común y la inteligencia emocional, y los hagan conscientes de todas las estupideces que cometen para que no las repitan? 

Seguro que los “adversarios”, como Ricardo Salinas Pliego, usan la IA para planear estrategias de ataque, encontrar fallas en los de Morena y movilizar toda la fuerza informativa de TV Azteca para enfrentar el poder gubernamental. Un ejemplo es el fenómeno viral de “La casa de los mañosos”, una durísima parodia que ataca al corazón del poder. Está producida con IA de bajo costo y alto rendimiento. Cosas veremos. 

Ahora tomaré un descanso; pronto nos veremos en estas páginas.

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