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La democracia más antigua del mundo reiteró por qué este sistema de gobierno funciona. El mismo electorado que le dio una segunda oportunidad a quien desconoció, por primera vez en la historia, el resultado de unos comicios objetivamente incuestionables, ahora manifestó con vehemencia su rechazo.

Candidatos del Partido Demócrata aseguraron una clara mayoría en la Casa de Representantes, como se esperaba, pero también en el Senado, lo cual parecía cuesta arriba. Por si fuera poco, cinco gubernaturas republicanas son hoy demócratas. Texas tenía 32 años sin un gobernador demócrata y Georgia 24. Antes del martes, había 24 gubernaturas demócratas en los 50 estados, hoy son 28 de 48 (dos siguen sin definirse). Kansas no elegía a un senador demócrata desde 1932. El rechazo a Trump fue contundente.

Una victoria electoral no constituye un cheque en blanco, ni en EU, ni en otras democracias. Así como la victoria de Trump se debió más al rechazo a los excesos wokistas del Partido Demócrata, los demócratas deben entender que la del martes se debe al rechazo a la corrupción e ineptitud de Trump, y no es una aceptación tácita a su agenda. Quedó claro que ni siquiera décadas de identificación partidista garantizan lealtad cuando el elector percibe que sus intereses son ignorados. No será fácil que los demócratas satisfagan sus expectativas.

Todos debemos celebrar el regreso de contrapesos a un Ejecutivo que ha debilitado la separación de poderes, ha mermado a la libertad de prensa, que ha sido claramente autoritario y escandalosamente corrupto. Pero vienen decisiones difíciles. El abultado déficit fiscal, seis puntos del PIB, ocurre en medio de crecimiento y de cinco años ininterrumpidos de desempleo menor a 4.5%; es decir, que es un déficit estructural. En un entorno de alta demanda de crédito proveniente de un sector privado ávido de invertir en la infraestructura que la inteligencia artificial demanda, el creciente costo de servir la abultada deuda pública es un pesado lastre. Este gobierno, que ahora incluye a un Poder Legislativo demócrata, tendrá que tragar una amarga medicina si eleva impuestos o reforma los carísimos programas sociales.

El Partido Demócrata tiene que definir liderazgos. La contundente reelección de Jon Ossoff, senador de Georgia, que se ha enfrentado a Trump con una retórica impecable, lo hace un atractivo candidato a liderar la mayoría de su partido. Es 36 años menor que Chuck Schumer, quien querría mantenerse en el cargo, pero quizá llegó la hora de que otra generación tome la rienda en aras de competir por la Presidencia en 2028.

La izquierda demócrata corre el riesgo de interpretar la victoria del martes como una aceptación de una agenda difícilmente apetecible para el elector promedio.

Alexandra Ocasio-Cortez dijo que si Abdul El-Sayed, musulmán de izquierda, fue electo senador en un estado conservador como Michigan, quizá el país esté listo para un candidato presidencial del mismo corte. No lo está.

Los republicanos enfrentan otro reto importante. Viene una confrontación entre el ala trumpista del partido, que querría empoderar a JD Vance —el vicepresidente— y republicanos convencionales que preferirían a Marco Rubio. Si los demócratas no demuestran que son capaces de implementar una agenda más cercana al electorado, los republicanos tendrán la puerta abierta para mantener la Presidencia en 2028. Siempre ha sido más fácil criticar, viendo los toros desde la barrera, que enfrentarlos en el ruedo. Al controlar ambas Cámaras, los demócratas compartirán los logros pero, sobre todo, los fracasos.

En términos de política exterior, Trump conserva amplias facultades, aunque el Congreso limitará sus recursos. Resolver el conflicto en Irán será complejo. Ucrania debería beneficiarse de un Legislativo mucho menos amigable con Putin, e Israel padecerá a un Partido Demócrata que limitará su ayuda.

En México llegó la hora de dejar de preguntarnos cómo complacer a quien gobierna Estados Unidos y empezar a construir un país pujante, capaz de prosperar independientemente de quién ocupe la Casa Blanca o controle el Capitolio.

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