Va a estar en chino

El economista del MIT Rudiger Dornbusch decía que "las crisis tardan más en llegar de lo que uno piensa, pero después se desarrollan más rápido de lo esperado".

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Por: Jorge Suárez-Vélez

El economista del MIT Rudiger Dornbusch decía que "las crisis tardan más en llegar de lo que uno piensa, pero después se desarrollan más rápido de lo esperado". Eso pasó en China. Hace exactamente diez años escribí en La próxima gran caída de la economía mundial sobre las razones que hacían insostenible el vertiginoso crecimiento chino. Los dos factores que subrayé fueron el desmedido crecimiento del mercado inmobiliario y la crisis demográfica que ese país enfrentaría.

La economía del gigante asiático mostró resiliencia, para mí inesperada, gracias al descomunal crecimiento en el endeudamiento de empresas y familias que en esa década pasó de 178% del PIB a 287% (es como si México se hubiera endeudado 1.38 millones de millones de dólares).

Los excesos siguen acumulándose. Los activos en su sistema bancario ascienden a 50 millones de millones de dólares en un medio sin transparencia donde el sistema financiero paralelo, mucho menos regulado, creció en forma exorbitante. Las empresas chinas emitieron bonos por un millón de millones de dólares. Las familias decidieron proteger su ahorro invirtiendo "en ladrillos", en vez de en Bolsa o activos financieros. Por ello, su mercado inmobiliario contribuye con 29% del PIB.

El problema, según escriben James Kynge y Sun Yu en el Financial Times (The Big Read, Septiembre 21, 2021), está en que hay tantos inmuebles vacíos que la población entera de países como Francia, Alemania, Italia, el Reino Unido o Canadá cabría en éstos. Hay 3,000 millones de metros cuadrados de inventario de vivienda vacante. Esto provocará, además, un problema fiscal, pues el principal ingreso de ciudades y provincias proviene de vender su tierra para desarrollos inmobiliarios.

El problema demográfico se ha acentuado. En un país con 1,400 millones de habitantes, sólo nacieron 12 millones de bebés en 2020 y habrá 30% menos mujeres de entre 22 y 35 años en la próxima década. La demanda por vivienda, por la formación de nuevas familias, bajará.

A diferencia de la crisis inmobiliaria de EU en 2008, el grueso de la deuda hipotecaria e inmobiliaria china está en manos de bancos estatales, por lo que es improbable que la crisis estalle. Pero el gobierno chino enfrenta decisiones complejas. Viven un cambio drástico en su modelo de crecimiento. Pasaron de ser una economía agrícola a una manufacturera, y ahora tendrán que volverse una de servicios. Esto no ocurrirá sin sacrificar crecimiento.

Los expertos no vaticinan un desplome de la economía, pero sí creen que el crecimiento podría reducirse a tasas de 4% en la segunda mitad de esta década, y quizá a entre 1 y 2% después. Las implicaciones para el crecimiento mundial serían graves. Entre 2013 y 2018, China originó 28% del crecimiento mundial, dos veces más que EU, a pesar de que la economía de nuestros vecinos es 37% mayor. La presión política para una dictadura, que sólo se legitima por el vertiginoso crecimiento en décadas pasadas, ha llevado a algunos analistas a temer una acción militar contra Taiwán, en un esfuerzo por provocar un evento externo que una a la población detrás de su gobierno.

China es buen ejemplo de por qué la planificación central de una economía, plagada de incentivos perversos, eventualmente genera cuellos de botella y excesos insostenibles, incluso con un gobierno capaz, meritocrático y con visión de largo plazo.

Evergrande, el gigante inmobiliario chino, es la primera víctima en una crisis que apenas empieza. Su valor cayó 91% en el último año. 80 millones de chinos tienen bonos emitidos por ésta, que ya se venden con descuento de 70% en el mercado.

Si nuestro gobierno entendiera la magnitud del cambio geopolítico que está ocurriendo, vería por qué nuestra cercanía geográfica y perfil demográfico nos hacen un aliado idóneo para ayudar a que Estados Unidos gane en el inevitable enfrentamiento con China. Lo lograrán sin nosotros. Mientras agasajamos a dictadores de países bananeros, EU seguirá empleando a nuestros compatriotas que mandan remesas, y su crecimiento nos seguirá jalando. Ni una ni otra cosa serán eternas.

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