Este viernes se cumplen 36 años del campeonato que convirtió a los Bravos de León en una de las historias más importantes de la Liga Mexicana de Beisbol.
El 4 de septiembre de 1990, el equipo del Bajío venció 5-3 a los Algodoneros del Unión Laguna en el quinto juego de la Serie Final, disputado en el Estadio Revolución de Torreón.
El último out desató la celebración. Un elevado al jardín derecho, atrapado por Ron Shepherd, puso fin a la espera y provocó que la banca visitante invadiera el diamante entre abrazos, lágrimas y festejos. En León, a más de 600 kilómetros de distancia, la afición también vivió una noche histórica después de más de una década de esperar nuevamente el beisbol profesional.

El duelo inolvidable
Aquel equipo fue dirigido por Francisco “Paquín” Estrada, quien cumplió una doble función como mánager y receptor. En el juego decisivo, Jaime Orozco lanzó la ruta completa y sostuvo a los Bravos en los momentos más complicados. Permitió nueve hits, dos bases por bolas y ponchó a cuatro bateadores para asegurar el título.
La ofensiva respondió desde temprano con carreras de Roberto Vizcarra y José Luis Gutiérrez. Manuel Cazarín produjo la tercera en la sexta entrada, mientras que Horacio Valenzuela y el propio Cazarín impulsaron las anotaciones que marcaron la diferencia en el séptimo episodio.
Orozco fue elegido como el Jugador Más Valioso de la Serie Final. En tres apariciones ganó dos juegos, completó dos, salvó uno y lanzó 20 entradas. Cazarín también tuvo una actuación sobresaliente, al batear para .550, con 11 imparables en 20 turnos.
¿El festejo se repetirá algún día?
La celebración continuó el 5 de septiembre en las calles de León. El autobús del equipo recorrió el Arco de la Calzada, la avenida Madero y la Zona Peatonal, antes de llegar al patio de la Presidencia Municipal, donde miles de aficionados recibieron a sus campeones.

Ahora, 36 años después, el recuerdo de aquella hazaña sirve también como punto de partida para mirar hacia adelante.
Carlos Arias, gerente deportivo del club, calificó la campaña de 2026 como agridulce, pues consideró que el equipo tenía argumentos para avanzar más en la postemporada, aunque rompieron una sequía sin duelos de playoff.
“León es una plaza complicada y de mucho bateo, pero nos dedicamos a buscar lo que más necesitábamos: pitcheo y brazos para el bullpen. Lo que nos dio el éxito fue la confianza que les dimos a los muchachos”, señaló.
De cara a 2027, la continuidad de Miguel Tejada como piloto luce encaminada. El manager dirigió a los Bravos a un récord positivo de 50-43, el mejor de la franquicia desde su regreso al circuito de verano.

“Prácticamente es un hecho que regresa; falta el sí de él. Le encanta la ciudad y dejó en claro que no se va a ir sin darle un título a León. Prácticamente sí vemos como un hecho el regreso de Miguel para 2027”, afirmó Arias en declaraciones al equipo.
Así, mientras la afición vuelve a recordar la gloria de 1990, los Bravos preparan el siguiente capítulo de su historia con la ilusión de recuperar el protagonismo y buscar un nuevo campeonato.