Primero fue el ruido. El rugido del río mezclado con los truenos rompió la tranquilidad de la noche del 18 de junio de 1888. Mientras la ciudad dormía, el agua comenzó a abrirse paso entre calles y viviendas. Horas después, familias enteras permanecían atrapadas en azoteas iluminadas apenas por velas y cirios. Treinta y ocho […]