Nora Lechuga es el sello de mujer-arte, enseñanza con técnica propia, nacida de su creatividad con inventos de técnicas en el uso del papel amate, símbolo de espiritual de un pueblo, enorgulleciendo el legado familiar; logrando llevar a varias generaciones, por 25 años de dar clases de pintura a gozar de la pintura y el dibujo.

Originaria de Pahuatlán, Puebla; en los años 70´tas llegó a vivir a Tulancingo de Bravo para estudiar en la Academia Comercial Hermida, tenía 15 años: “no había opción, la universidad para nada, era eso o quedarme en mi Pueblo, porque en esa las mujeres estaban consideradas para casarse con un borracho-ignorante, ha estar con lo que el señor dijera y mandara y quedarse a cargo del hogar y criar a los hijos,”.

Amalia Leonor Lechuga Aparacio desde los 5 años incursionó en la pintura, primer jugando y luego como una obligación, su padre el reconocido artista Rafel Lechuga fue quien inició el arte en el papel amate: “te decía que una carrera no te serviría de nada porque tenías que llegar al matrimonio”.

Nora no aprendió a cocinar por estar pintando, su labor era limpiar la casa y lo hacía oyendo música (en su taller la música es parte de la alegría de enseñar y aprender).

Gemela, hermana mayor junto con su hermano Rafa y Balo el menor; no tuvo distingos en su crianza: “había igualdad, mi papá decía mis hijos tienen esto, mi hija también, si opinaban, yo también, a diferencia de mi mamá que la callaba porque le decía que ella no sabía”.

“Entonces pensé si me voy a otro lugar voy aprender, sabía más lo que quería a lo que no”, lo estudiado le ha sido beneficioso; a los 23 años inicio una vida en pareja, a los 30 tuvo a su hija Maricarmen, el propósito de existencia, le cambió su visión: “tenía que mantenerla, era eficiente como secretaria, en las empresas, pero tenía que dejar a mi hija, entonces quien la iba a educar”; así inició a dar clases de pintura.

Nuevamente su retoño fue su objetivo: “que ella aprendiera a pintar, los niños aprenden con niños, tuve independencia, estuviera donde estuviera yo cuidaba de mi hija, sus estudios, conducta y a la vez trabajaba”.

Eso fue en los 90´tas, Nora Lechuga se unió con Laura Valencia y Erik Reyes, forjando un  pensamiento distintivo como artista y mujer de trazo firme, sin recovecos o falsas poses, fuerte con un especial Don de enseñar: “el paso del tiempo te enseña, cuando tus alumnos se va a las universidades y les preguntan donde aprendieron a dibujar y pintar, quienes estudian arquitectura, diseño, cuando regresan al taller para decirme que son becados en el extranjero, porque su trabajo impacto de lo que aprendieron de mi”.

Más de 40 exposiciones entre lo individual, colectivo y con sus alumnos; cientos de aprendices, todos tocados por al arte de Nora Lechuca: “sabes que le diste la oportunidad a alguien que ni siquiera sabía que tenia ese talento, las generaciones se forman por lo que les enseñamos, en las culturas antiguas como aprendían oficios, carpintería, herrería o como de la comida a través de las mamás, individualmente con paciencia”.

Con amplios conocimientos y memoria excepcional en el arte, política, la historia, anécdotas, leyendas, sus orígenes, conversadora amena y consejera, Lechuga Aparicio fue la primera en organizar un Festival para la Mujer en Tulancingo en marzo en el 2008: “fue pensado en mostrar desde niñas a mujeres mayores, 2 de ellas habían pasado por un proceso de cáncer de mama, sus obras fueron puesta en la portada y contra portada de la invitación, dos visiones de la vida, una colores vivos flores, otra tonos sepias un paisaje”.

No lleva cuenta de sus obras, “desde los 5 años ya regalaba cuadros”, es decir ya son cientos, varias adornan su hogar, uno el autorretrato de sus ojos que impresiona; porque además de oleo y acuarela, Nora inventó técnicas para utilizar el papel amate, espiritual para San Pablito; Puebla donde lo procesan (cuenta una gran historia, de los curanderos, los cielos y los infiernos), llevando su creatividad a la joyería aretes, collares, rosarios, relojes, cajas.

La pandemia del Covid-19 le dio un duro revés, su taller cerró, sacó otros de sus talentos, como repostera, elaborando y vendiendo paletas de hielo, esto último, Maricarmen fue su inspiración: “aprendí para hacerlas para mi hija, ella es mi motor” (ahora junto con ella da clases); de por sí que sus estudiantes, entre trazos, pintura, pinceles, gozan de momentos de conversación ante unas nieves, café, galletas o paletas, escuchando música en todo momento, una técnica muy de Nora.

Su mensaje: “yo les recomendaría que aprenda de todo, ahora dicen porqué voy aprender a cocinar, porqué voy a barrer como si fuera una maldición, cuando eso en determinado momento nos da de comer, quizás aprender hacer los tamales de tu abuelita te ayude a mantener a tus hijos, lo que ves insignificante por no tener un título universitario, aprendiendo de muchas cosas tú puedes decir que quieres”.

Nora de mente brillante, manos de artista, fortaleza, de contribución y visión importante para la mujer, orgullosa de sus raíces poblanas, con su corazón y sapiencia puesta para grandeza artística de Tulancingo.

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