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El sueño es la cadena dorada que une la salud y nuestros cuerpos.” Thomas Dekker

Dormir no es una pausa prescindible entre las obligaciones del día. Es una función biológica esencial para pensar, aprender, regular nuestras emociones, trabajar, conducir con seguridad y mantener la salud física. Sin embargo, en México hemos normalizado dormir mal.

“Siempre ronco”; “me despierto agotado”; “no logro conciliar el sueño”; “mi hijo duerme poco”; “me quedo dormido durante el día”. Son expresiones comunes en muchos hogares, escuelas y centros de trabajo. No siempre son una consecuencia inevitable del estrés o de una agenda exigente. Pueden ser señales de un trastorno del sueño que requiere atención.

Esta semana presenté un punto de acuerdo ante la Cámara de Diputados para exhortar respetuosamente a la Secretaría de Salud a evaluar la viabilidad de una Estrategia Nacional de Salud del Sueño – https://bit.ly/4d3j5g4. La propuesta busca fortalecer la promoción, la prevención, la detección temprana, la referencia y la atención oportuna de los principales trastornos del sueño en nuestro país.

No se trata de crear burocracia ni de convertir cualquier noche de desvelo en un diagnóstico. Se trata de reconocer que el insomnio, la apnea obstructiva del sueño, las alteraciones del ritmo circadiano, las parasomnias y otros padecimientos afectan la calidad de vida y pueden relacionarse con problemas de salud mental, hipertensión, obesidad, diabetes y un mayor riesgo de accidentes.

La evidencia disponible en México obliga a tomar el tema en serio. Un análisis con datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición encontró que 48.5 % de las personas adultas reportó ronquido; 36.9 %, dificultad para dormir; y 18.8 %, insomnio. Además, el 27.3 % presentaba un riesgo elevado de apnea obstructiva del sueño y el 28.4 % dormía menos de siete horas por noche.

No son cifras aisladas. Son millones de mexicanas y mexicanos quienes pueden vivir con cansancio persistente, menor concentración, alteraciones del estado de ánimo o padecimientos no identificados oportunamente.

La situación de los adolescentes debe preocuparnos especialmente. Entre 2012 y el periodo 2022-2024, la proporción de jóvenes mexicanos de 15 a 19 años con sueño inadecuado aumentó del 21.7 al 34.8 %. Hoy, aproximadamente uno de cada tres adolescentes no duerme lo suficiente.

En una etapa crucial del desarrollo físico, cognitivo y emocional, el sueño insuficiente puede afectar el rendimiento académico, la memoria, la atención, la regulación emocional y los hábitos alimentarios. Las pantallas, los horarios irregulares, los trayectos largos y el estrés cotidiano forman parte de una realidad que las familias enfrentan a diario. Por ello, la respuesta debe involucrar tanto al sector salud como al educativo.

La apnea obstructiva del sueño merece atención especial. Roncar intensamente, presentar pausas al respirar durante la noche, despertarse con sensación de ahogo o padecer somnolencia excesiva durante el día no deben considerarse normales. La apnea puede estar asociada con hipertensión, diabetes, sobrepeso y obesidad.

En México, donde más de tres de cada cuatro personas adultas presentan exceso de peso, detectar esta condición puede ser una oportunidad para brindar una atención más integral a pacientes con enfermedades cardiometabólicas.

Nuestro país ya cuenta con Guías de Práctica Clínica para el diagnóstico y tratamiento de los trastornos del sueño y la apnea obstructiva. También dispone de servicios especializados. El desafío es lograr que la detección se realice desde el primer nivel de atención: en la consulta familiar, en el centro de salud y en la unidad médica más cercana.

La estrategia que proponemos no sustituye esas guías; busca ayudar a que se apliquen mejor. Debe contemplar educación para la salud, prevención de factores de riesgo, capacitación del personal médico, identificación de señales de alerta, mecanismos de referencia, información epidemiológica y evaluación de resultados.

La salud del sueño no puede reducirse a la frase “acuéstate más temprano”. Hay personas que enfrentan jornadas laborales extensas, cuidados familiares, condiciones de vivienda inadecuadas, ruido, inseguridad, traslados largos o la falta de acceso a servicios especializados. Reconocerlo es una cuestión de empatía y justicia social.

Dormir bien no resolverá por sí solo todos los problemas de salud. Pero ignorar el sueño dificulta atender muchos otros. Cuidar el descanso es prevenir enfermedades, proteger la salud mental, mejorar el aprendizaje y fortalecer la vida cotidiana de las familias.

Por eso, la salud del sueño debe formar parte de una política pública moderna, preventiva y centrada en las personas. Dormir bien también es salud.

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