Minneapolis, Minnesota, Estados Unidos.- Si ha habido una banda sonora de la vida en Minneapolis en las últimas semanas, son los silbidos estridentes y los bocinazos de miles de personas siguiendo a los agentes del ICE por toda la ciudad.

Son la sombra en constante movimiento de la Operación Metro Surge del gobierno del presidente Donald Trump. Son docentes, científicos y padres de familia que se quedan en casa; dueños de pequeños negocios que forman una red extensa, a menudo anónima, con el objetivo de advertir sobre la llegada de oficiales o filmar videos para mostrar al mundo lo que está sucediendo.

Y está claro que continuarán a pesar de que la Casa Blanca adopte un tono más conciliador tras el asesinato de Alex Pretti el fin de semana, incluyendo la transferencia de Gregory Bovino, el comandante de la ofensiva migratoria de la Patrulla Fronteriza que era la cara pública de la represión.

“Creo que todos durmieron un poco mejor sabiendo que Bovino había sido expulsado de Minneapolis. Pero no creo que la amenaza a la que estamos sometidos cambie porque cambien a los títeres locales”, señaló Andrew Fahlstrom, quien ayuda a dirigir Defend the 612, un centro para redes de voluntarios.

Lo que comenzó con arrestos dispersos en diciembre se intensificó drásticamente a principios de enero, cuando un agente sénior del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) anunció la “mayor redada migratoria jamás realizada”.

Agentes enmascarados y fuertemente armados viajando en convoyes de camionetas SUV sin identificación se volvieron comunes. Para esta semana, más de 3 mil 400 personas habían sido arrestadas, según el ICE. Al menos 2 mil agentes del ICE y mil elementos de la Patrulla Fronteriza participan en los operativos de manera activa.

Las autoridades insisten en que se enfocan en criminales sin autorización legal, pero los agentes han detenido a personas al azar para exigir documentos, incluidos policías latinos y negros fuera de servicio y empleados municipales, de acuerdo con funcionarios del área.

Derribaron la puerta de un hombre liberiano y lo detuvieron sin una orden adecuada; han detenido a niños junto con sus padres y han usado gas lacrimógeno fuera de una escuela secundaria en un altercado con manifestantes. La represión se extendió rápidamente por los vecindarios con gran población inmigrante, donde los negocios cerraron o redujeron sus horarios.

Los grupos activistas se organizaron rápidamente en la zona metropolitana Minneapolis – St. Paul. Pequeños ejércitos de voluntarios comenzaron a hacer entregas de alimentos a inmigrantes que temían salir de sus hogares, los llevaban al trabajo y vigilaban fuera de las escuelas.

También crearon redes de respuesta rápida: sistemas que involucran a miles de voluntarios que rastrean a los agentes de inmigración comunicándose con aplicaciones encriptadas como Signal. El seguimiento a menudo significa informar el movimiento de los convoyes a los despachadores y registrar las matrículas de vehículos federales.

Pero no siempre es silencioso. Las caravanas de manifestantes se forman regularmente detrás de los convoyes de inmigración. Cuando los agentes se detienen para arrestar a alguien, las redes señalan la ubicación, convocando a más personas que emiten advertencias con silbatos, filman lo ocurrido y gritan consejos legales a los detenidos.

A veces todo puede parecer performativo, ya sea Bovino con armadura corporal lanzando una granada de humo, o jóvenes activistas con cascos y máscaras antigás. Pero las multitudes a menudo conducen a enfrentamientos reales donde los agentes responden con golpes, gas lacrimógeno y arrestos.

Esos enfrentamientos preocupan a algunos. En el sur de Minneapolis, manifestantes intentaron bloquear vehículos federales lanzando bolas de nieve. Los agentes respondieron empujando a los civiles y lanzando granadas de gas. Jason Chavez, miembro del consejo de la ciudad, defendió las acciones: “Vi a personas alertando a los vecinos de que el ICE estaba en su vecindario. Y eso es lo que deberían seguir haciendo”.

Para entender este mundo, basta con conversar con “Sunshine”, apodo de una mujer que patrulla un enclave de inmigrantes en St. Paul. Puede reconocer una camioneta SUV con el motor encendido por el más mínimo ruido de escape y distinguir una patrulla de policía encubierta de un vehículo de inmigración sin distintivos.

Lamenta la situación de personas que viven con miedo y cree que el gobierno de Trump pretende llevar a la nación hacia una guerra civil. Realiza constantes ecuaciones: ¿Debería informar sobre un vehículo o tocar la bocina como advertencia? ¿Tocar la bocina asustará a quienes ya tienen miedo?

Es cuidadosa y evita la confrontación, pero entiende la ira de otros tras el asesinato de Renee Good por un agente de ICE el 7 de enero. No todos están de acuerdo; algunos grupos nacionales han rechazado estrategias que lleven a enfrentamientos, argumentando que ser ruidoso no equivale a ser efectivo.

El Colectivo de Derechos de los Inmigrantes del Condado Montgomery advirtió que silbar puede incrementar la volatilidad de los agentes del ICE. “Esto no es una película de acción”, dice una publicación en redes sociales. “No estás en una pelea uno a uno con ICE”.

HLL

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