Guanajuato.- Tras cuatro años de espera para que se hiciera justicia, una jueza sentenció a dos elementos de la Guardia Nacional por el ataque armado contra el estudiantes Ángel Yael, de la Universidad de Guanajuato en el 2022.
Jesús ”N” pasará 54 años en prisión e Iván “N” 33 años, además de ofrecer una disculpa pública.
La jueza Verónica Viridiana Sandoval Hurtado mencionó en la audiencia que tomó en cuenta que ambos eran funcionarios públicos de seguridad, encargados de salvaguardar la vida de la población, los derechos humanos y conservar la paz. Sin embargo, no lo hicieron.
Dijo también que para determinar la sentencia, consideró que las víctimas eran estudiantes que estaban conviviendo al final de clases, sin cometer ningún delito cuando fueron atacados.
Por los delitos de homicidio calificado contra el joven Ángel Yael, homicidio calificado en grado de tentativa con alevosía y ventaja daños, la jueza sentenció a Jesús Ángel “N” a 54 años, 3 meses y 2 días de prisión y por homicidio calificado en grado de tentativa con alevosía y ventaja. Además a ambos les impuso una multa de 25 UMAS, equivalentes a 2 mil 405 pesos.
Respecto a la reparación del daño, los sobrevivientes Edith, Arón y Laissa, así como la madre de Ángel, deberán recibir atención médica, psicológica y psiquiátrica, una indemnización económica por daño moral, el pago de la asesoría jurídica y los gastos derivados de las terapias y diligencias que realizaron en el proceso legal.
También, los acusados deberán ofrecer una disculpa pública en una audiencia pública. Mientras que la Guardia Nacional tendrá responsabilidad solidaria para el pago de las indemnizaciones, publicar una nota en medios de comunicación para reivindicar a las víctimas y despejar toda duda de su inocencia, además están obligados a la observancia de los derechos humanos y que se verifique el uso de la fuerza.
La etapa de ejecución comenzará una vez que la sentencia quede firme y se agoten los recursos legales de los acusados.
Balas disparadas por elementos GN habrían matado a Ángel Yael
Peritos de la Fiscalía General de la República (FGR) y de la Fiscalía General del Estado (FGE) coincidieron en que la bala que acabó con la vida del estudiante Ángel Yael (asesinado en 2022) salió del arma presuntamente disparada por Jesús “N”, elemento de la Guardia Nacional.
Durante el juicio contra Iván “N” y Jesús “N”, imputados por el homicidio del estudiante de Agronomía, peritos en balística, daños y criminología han sido llamados a testificar sobre sus hallazgos del caso ocurrido el 27 de abril de 2022.
Ese día, un convoy compuesto por dos patrullas de la Guardia Nacional y dos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), bajo el mando del coronel Nieto, salió a recorrer las tomas clandestinas de “huachicol” del poliducto Salamanca-León de Pemex para evitar el robo de hidrocarburos.
Desde la 1 de la tarde comenzaron el recorrido desde el kilómetro 36, en Silao, hacia el poliducto 8, tramo Salamanca-León, ubicado a 500 metros de donde los estudiantes convivían en Ex Hacienda El Copal, en Irapuato.
Este era el último punto a revisar, según lo relatado por elementos de la Guardia Nacional. Al ser una zona de robo de hidrocarburos, los castrenses se acercaron. Sin embargo, todos aseguraron que, de acuerdo con la Ley de la Guardia Nacional, tienen prohibido iniciar una persecución, por lo que se quedaron en el lugar.
No obstante, Jesús “N” e Iván “N” se bajaron de la caja de la camioneta y “cortaron cartucho”, luego se habrían posicionado. Después se escuchó un disparo. El capitán Becerra (de la Guardia Nacional), quien iba en la parte delantera del vehículo, escuchó la primera detonación y, al tiempo en que se baja de la camioneta, escucha el segundo disparo y pide que dejen de disparar.
Sin embargo, las balas alcanzaron la camioneta EcoSport en la que viajaban cuatro estudiantes, entre ellos Ángel Yael, quien falleció luego de que una bala le diera en la cabeza, y Edith, quien terminó con fractura de húmero, omóplato y clavícula.
En su testimonio, tanto el capitán Becerra como otros tres elementos a su cargo coincidieron en que, cuando el convoy estaba a unos 300 metros de los estudiantes, estos “habrían huido”.
El cabo César confirmó que, cuando se detuvieron, Jesús “N” e Iván “N” se bajaron de la caja de la camioneta y “cortaron cartucho”; luego se habrían posicionado. Después se escuchó un disparo.
Becerra, quien iba en la parte delantera del vehículo, escuchó la primera detonación y, al tiempo en que se baja de la camioneta, escucha el segundo disparo y pide que dejen de disparar. Los compañeros de los imputados trataron de justificar que la zona es un punto peligroso debido al robo de hidrocarburos, aunque las tomas clandestinas estaban inactivas. Pero antes de la tragedia, el recorrido de vigilancia lo hicieron diariamente entre una y tres veces; en total habrían sido más de 30 ocasiones desde que se los asignaron.
Becerra informó que en todas esas ocasiones nunca detuvieron a nadie, mientras que sus subordinados reconocieron que no había ningún motivo para que los elementos accionaran sus armas, pues no había ninguna situación de peligro.
Además, nunca les marcaron el alto a los estudiantes de ninguna manera, es decir, ni con el pato, ni con la torreta ni con algún comando de voz. Tampoco les encontraron ninguna sustancia ilícita ni algún objeto ilegal a los estudiantes después de la revisión.
Balística coincide con uno de los atacantes
La FGR presentó una hoja en la que se da cuenta de las armas y municiones que llevaba cada elemento. Iván “N” portaba un arma tipo fusil FX calibre 5.56, y Jesús “N” también una tipo fusil modelo LR 308 Panther calibre .308.
Después del ataque y del aseguramiento de la escena, un perito en criminalística de la FGE encontró un casquillo percutido de una bala .308 Winchester en el lugar, mismo que fue analizado por peritos en balística.
Para la investigación, se utilizaron tres balas testigo del fusil modelo LR 308 Panther calibre .308 que entregó Jesús “N” y la bala que el médico forense obtuvo del cráneo del estudiante.
Con un microscopio de comparación, los expertos analizaron las estrías y los campos de las balas (marcas que deja el cañón del arma en la bala al disparar) y descubrieron que eran iguales. Estos corresponden a la huella balística, la cual, al igual que una huella dactilar, es única en cada arma. Así se comprobó el origen de la bala que cobró la vida de Ángel Yael.
Mientras que una perito en criminalística dio cuenta de los daños en la camioneta, que corresponden a dos proyectiles de arma de fuego. También ilustró cuál fue la trayectoria de los fragmentos.
Se corroboró que una de las balas pegó primero en la llanta de refacción; su trayectoria siguió hacia la puerta trasera, que la perforó, e impactó en una bocina. Aunque no se encontró algún casquillo o bala, por lo que no se pudo determinar el calibre.
La bala .308 Winchester entró por el medallón, impactó en el asiento trasero, luego pegó en la cabecera del copiloto, donde se fragmentó; hubo una perforación en la cabecera del copiloto hacia la cabeza de Ángel. Otro fragmento impactó contra el parabrisas y le hizo un agujero.
Además, un perito valuador informó que la camioneta fue valuada en 41 mil pesos y los daños equivalen a 7 mil 812 pesos.
Edith quedó incapacitada tras el ataque
Edith, sobreviviente de 26 años, viajaba sentada detrás del asiento de Ángel Yael de la camioneta eco sport a la que elementos de Guardia Nacional dispararon la tarde del 27 de abril del 2022. En la continuación de la individualización de sanciones, recordó que ella escuchó un disparo, cuando volteó a ver lo que ocurría escuchó el segundo disparo al tiempo en que comenzó a sentir mojado el brazo, luego llegó el dolor y después de ver que su compañero estaba herido y no se movía, fue que se dio cuenta de que habían sido atacados con un arma de alto calibre.
Una vez que llegó la ambulancia la trasladaron al IMSS de Irapuato, donde tardaron mucho tiempo en atenderla porque estaban rebasados. Cuando por fin la atendieron, únicamente le hicieron una limpieza.
Cabe recordar que según la doctora en urgencias que la atendió, la estudiante llegó muy grave con un choque hipovolémico, contusión pulmonar y una fractura de húmero; su hombro quedó prácticamente destrozado. Los médicos le dijeron que era un milagro, pues si la esquirla hubiera dado 5 milímetros a la izquierda, se hubiera muerto y 5 milímetros a la derecha, le hubieran arrancado el brazo.
Tras varios días internada, la trasladaron a la T1 en León donde le hicieron una reconstrucción del hombro, en otra cirugía le injertaron hueso y en otra le hicieron una transposición de tendones. Luego recibió terapia física en el CRIT de Irapuato y en el INGUDIS. Justamente el pasado 19 de mayo en este último tuvo consulta y le dijeron que tiene que seguir con la terapia física y hacer natación para no perder la poca movilidad que ganó.
Y es que apenas tiene un 40 % de movilidad del brazo, no lo puede levantar sola. Además de que el dolor es persistente. Antes del ataque armado, Edith estaba en el cuarto semestre de Ingeniería en Agronomía. Pero estuvo un año y medio sin estudiar tanto para tomar sus terapias, cirugías y además por miedo a revivir la tragedia.
HLL