Historia 441
Esta es la historia 441 de 450 que te contaremos sobre León
El Cerro del Gigante es uno de los principales referentes geográficos de León. Su entorno conserva historias y leyendas transmitidas de generación en generación, desde exploraciones mineras y relatos sobre tesoros escondidos hasta temblores y supuestos avistamientos de ovnis.
Según una leyenda popular, el nombre del cerro proviene de un gigante que se quedó dormido sobre la tierra. Con el paso del tiempo, su cuerpo quedó cubierto por la vegetación y su silueta permaneció dibujada en la montaña.
Se trata del cerro más alto del municipio, con una altitud de 2 mil 884 metros sobre el nivel del mar, según información geográfica del Gobierno Municipal. Se ubica al norte de León, en la zona de la Sierra de Lobos, cerca de las comunidades de Alfaro y San Juan de Otates, entre otras localidades rurales.
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En su paisaje rocoso y semiárido predominan arbustos, encinos, pinos, mezquites, pirules, palo blanco, casahuates y diversas especies de cactáceas, como garambullos, órganos, biznagas y nopales, además de magueyes.
Entre las principales actividades que se realizan en el Cerro del Gigante destacan el senderismo, con rutas de distintas distancias y niveles de dificultad, el ciclismo de montaña, las carreras de montaña, el campismo y la fotografía.
Exploraciones mineras
Además de su valor ambiental y paisajístico, el Cerro del Gigante conserva historias de actividades mineras que quedaron registradas en documentos del Archivo Histórico Municipal de León.
Uno de estos registros aparece en el Catálogo del Fondo Presidencia Municipal de León (1917-1930). El 25 de septiembre de 1930, el presidente municipal Filiberto Madrazo emitió recomendaciones dirigidas a Luis C. Medina y Miguel Chía, este último de origen chino, identificados como buscadores de minas en el Cerro del Gigante y la hacienda de Tupátaro.
El documento hace referencia a la delimitación de 25 pertenencias que integraban el lote minero denominado “Los Dos Amigos”, ubicado en el rancho del Zapote, perteneciente a la hacienda de Otates.
Este registro confirma el interés por la exploración minera en la zona durante la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, no precisa si se encontraron minerales ni si llegó a desarrollarse una explotación.
Temblores que despertaron temor
En agosto y septiembre de 2021, vecinos de comunidades cercanas al Cerro del Gigante reportaron vibraciones y ruidos semejantes a explosiones durante la madrugada.
Tras los reportes, geólogos e ingenieros especialistas realizaron revisiones de campo y atribuyeron los fenómenos a movimientos de baja intensidad o ajustes naturales de fallas geológicas menores, sin identificar riesgos para la población.
Pese a estas explicaciones, entre algunos habitantes surgió el temor de que los movimientos estuvieran relacionados con la formación de un volcán.
Entre tesoros y leyendas
Una de las leyendas más conocidas del Cerro del Gigante habla de un tesoro oculto entre sus rocas y vegetación, compuesto por joyas, piedras preciosas y lingotes de oro.
Según el relato popular, tras las derrotas de las fuerzas de Francisco Villa frente a Álvaro Obregón, algunos combatientes habrían enterrado armas y objetos de valor en algún punto del cerro. Desde entonces, la historia del tesoro ha pasado de generación en generación, alimentando el misterio.
Don Arcadio Barrios, de 90 años, ha vivido toda su vida en las inmediaciones del Cerro del Gigante. Dedicado al pastoreo de ganado, conserva relatos que escuchó de sus padres y otros habitantes de la zona, en los que se mezclan acontecimientos históricos y creencias populares.
Yo sé que en el cerro hay un tesoro enterrado desde la época de la Revolución, pero no se puede sacar porque está encantado. Primero se tiene que desencantar, pero es mejor que nadie lo saque porque, si lo hacen, se mueren”, contó don Arcadio mientras cuidaba su ganado.
Entre sus recuerdos destacan las historias que su padre le narraba durante la infancia, relacionadas con la Revolución Mexicana y, años después, con la Guerra Cristera. De acuerdo con esos testimonios familiares, el cerro y sus alrededores sirvieron como refugio y escondite.
“Mi papá me platicaba que, en la época de la Revolución, él cuidaba los caballos de unos generales y que el cerro era un lugar para esconderse. También se robaban de las casas la comida, como frijoles y tortillas, y el maíz era para los caballos. Todo esto lo escondían en el Cerro del Gigante”, recordó.
Refugio durante enfrentamientos
Por su altura y ubicación, el cerro habría servido como punto de observación y refugio durante los enfrentamientos revolucionarios, según los relatos conservados por los habitantes.
Las historias de violencia también alcanzan la época de la Guerra Cristera, iniciada en 1926. Don Arcadio recuerda lo que su padre le contaba sobre episodios ocurridos en la zona conocida como Las Calabazas.
“Mi papá me contaba que, cuando mataban a los cristeros, los colgaban en los árboles de encino. Aquí en la zona conocida como Las Calabazas, en el Cerro del Gigante. Yo estaba chiquillo cuando me platicaba estas historias”, relató.
A los relatos de tesoros escondidos y episodios de guerra se suman historias sobre fenómenos inexplicables. Hacia 2016, don Arcadio y algunos vecinos aseguraron haber observado luces y objetos voladores que asociaron con supuestos platillos voladores.
Lo que había eran platillos voladores en el cerro hace como unos 10 años. Nosotros mirábamos cómo se paraban en el cerro y luego volaban. Se veían con luz, como los aviones”, describió.
Entre piedras, encinos y antiguos caminos, el Cerro del Gigante permanece como un lugar donde la historia documentada convive con leyendas y recuerdos.
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