La revista “Science” recientemente publicó un artículo titulado “Science has made America great. Is that era over?” (tr. La ciencia hizo grande a Estados Unidos. ¿Esa etapa ya terminó?). Antes y durante la segunda guerra mundial, Estados Unidos apostó a favor de la ciencia invirtiendo miles de millones de dólares para investigación en universidades y en la industria.
El resultado fue un avance sin precedentes en tecnología militar como la bomba atómica y también en otras tecnologías como el radar, la computación y la producción masiva de penicilina.
Al final de la guerra el presidente Franklin D. Roosevelt le pidió a su asesor científico, Vannevar Bush, trazar el camino que debería de seguirse. Bush señaló que el invertir en educación y apoyo a la comunidad científica e ingenieril le daría a los Estados Unidos una mayor ventaja en caso de otra emergencia nacional que enfocarse en nuevos productos militares. Su visión era que la investigación realizada tendría enormes beneficios en salud, seguridad y la prosperidad general de la nación.
Este enfoque rindió frutos de modo espectacular pues los Estados Unidos se convirtieron en el líder mundial en innovación científica, tecnológica y médica.
Este liderazgo continúa en la actualidad, dicho esto atendiendo al número de premios Nobel recibidos por Estados Unidos, que rebasa al obtenido por cualquier otro país del mundo.
La preocupación actual de la comunidad científica norteamericana es comprensible debido a los cortes presupuestales actuales; cuarenta por ciento para el Instituto Nacional de Salud, treinta y ocho por ciento del Centro de Control y Prevención de Enfermedades, y 21 % para el Instituto Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica, entre otros.
Se ha señalado que estas medidas son opuestas a la trayectoria histórica de esa nación. De hecho, el presidente George Washington desde 1796 ya proponía que la ciencia era clave para la prosperidad nacional.
Para muchos académicos, científicos y tecnólogos las medidas anteriores resultan difíciles de entender sobre todo a la luz del desarrollo de otras naciones como China que muestra un decidido apoyo a áreas estratégicas de desarrollo científico y tecnológico.
Es claro que ningún país debe confiar en que conservará su liderazgo de modo indefinido sin mantener políticas apropiadas.