“Un grupo de expertos en aviación propuso reconsiderar la construcción de ese puerto aéreo para contar con una sola terminal en el Valle de México, en Texcoco”.
Pilotos, controladores aéreos e ingenieros especialistas, en declaración a El Financiero.
Sin crecimiento, no hay futuro para el país, para Morena ni para el sistema político que pretende instaurar la presidenta Claudia Sheinbaum. Al reunir en días pasados a economistas de prestigio, académicos y funcionarios de primer nivel para escuchar propuestas en Palacio, las sugerencias fueron técnicas. Hicimos un ensayo con ChatGPT y obtuvimos exactamente las mismas respuestas. Sin embargo, hay temas que podrían cambiar de inmediato la trayectoria de la economía.
La primera sugerencia sería volver a la cordura. Desechar todo lo que tiene amarrados los caballos que tiran la carreta. Hace ocho años, el presidente Andrés Manuel López Obrador destruyó a patadas el proyecto de infraestructura más importante del siglo. Todo, solo porque podía, porque era el símbolo de una venganza contra monstruos engendrados en su mente desde 2006, cuando perdió la elección. La historia juzgará esa decisión como la de mayor estupidez y perversidad. El haber destruido el trabajo de miles de mexicanos y la posibilidad de contar con el mejor puerto de entrada en Latinoamérica trajeron muchos mayores males al país que el tiradero de unos 20 mil millones de dólares.
Lo que sucedió fue una pérdida de confianza en la inversión privada, esa que hoy busca afanosamente la presidenta Sheinbaum. Según cálculos conservadores, el país perdió al menos dos puntos de crecimiento en 2019, antes de la pandemia. Si el gobierno anunciara el reinicio de Texcoco, en ese instante habría una transformación del espíritu empresarial en el país.
Un freno del que no se habló en la reunión de Palacio fue la carga que representa Pemex para el erario. La empresa debe 125 mil millones de dólares. Está quebrada con toda su soberanía mentirosa que planteó López Obrador. Tan sólo para pagar la deuda, se necesitaría destinar el valor de un millón de barriles diarios durante diez años, sin contar con las inversiones necesarias para reestructurar su operación y hacerla rentable. Lo mejor sería vender Pemex “ad corpus” o en cachitos.
Venezuela anunció la apertura de su industria al capital privado, un giro de 180 grados respecto del gobierno muy bolivariano de Maduro. Es el primer paso para salir de la crisis política, económica y social en la que han vivido durante los últimos años. Aquí, o nos olvidamos de que la soberanía está en las materias primas o no creceremos. Pemex es un gran freno de mano. Cualquier solución al crecimiento requiere resolver el futuro de la paraestatal. Mientras eso no suceda, seguiremos pagando el “gasolinazo” en la bomba con los IEPS o con impuestos especiales y la gasolina nos costará el doble que en Estados Unidos. El cuento de la gasolina de 10 pesos solo surtió efecto para los huachicoleros y los contrabandistas de combustibles.
Otro tema que seguro no se trató fue la meritocracia. Si en México no se considera pagar a la burocracia con base en resultados, jamás tendremos a los mejores cuadros en los puestos de liderazgo. Topar el ingreso de todo funcionario con lo que “gana” la presidenta es una aberración. Un mal funcionario, como Rocío Nahle, quien presupuestó una refinería por 8 mil millones de dólares y que costó 22 mil millones, es una tragedia para México. O cambiamos o cambiamos. No hay de otra.