Entre la batería de revelaciones que contiene “Ni venganza ni perdón”, el libro que escribieron Julio Scherer Ibarra, exconsejero jurídico de la Presidencia de López Obrador, y el periodista Jorge Fernández Menéndez —un volumen editado por Planeta que comenzará a circular a partir de hoy—, hay una que pega directamente en el centro del gobierno de Claudia Sheinbaum. Involucra nada menos que a su jefe de asesores, y vocero presidencial en tiempos de AMLO, Jesús Ramírez Cuevas, así como al hoy secretario de Educación y exlíder nacional de Morena, Mario Delgado.
Al aparecer en un libro firmado por Scherer Ibarra, la conclusión es que esa información es de primera mano, viene del corazón mismo de la 4T, y está avalada por uno de los hombres más cercanos al expresidente y uno de los que más poder amasaron en la primera parte del sexenio.
Se narra en el libro que fue Ramírez Cuevas quien abrió las puertas de Palacio Nacional al Rey del Huachicol, Sergio Carmona, y quien facilitó reuniones estratégicas que convirtieron a este personaje, asesinado misteriosamente en noviembre de 2021, “en parte fundamental del engranaje electoral del partido en el norte del país”.
En el libro se maneja la versión de que Carmona se habría reunido incluso con López Obrador, y se confirma lo que ya era sabido: que Sergio Carmona financió, entre otras campañas, las de Tamaulipas, Sonora y Sinaloa. Se afirma, sobre todo, que fue Jesús Ramírez Cuevas quien presentó al Rey del Huachicol con el presidente de Morena, Mario Delgado.
Carmona, afirman Scherer y Fernández Menéndez, controló hasta un tercio del mercado ilegal de hidrocarburos en la frontera norte. Parte de las ganancias de ese tráfico bañaron las campañas de Morena durante las elecciones intermedias de 2021.
Hoy, Carmona está muerto. Lo asesinaron poco después de entrar en tratos con agencias de seguridad estadounidenses. Pero Mario Delgado es el secretario de Educación de Claudia Sheinbaum (y se habla incluso de una posible vuelta a la dirigencia del partido oficial, ante la ineptitud que han mostrado Luisa Alcalde y Andy López Obrador), y Jesús Ramírez Cuevas el jefe de asesores de la Presidencia. Según el libro, su nombre ya figura en cortes de Nueva York y Texas.
En “Ni venganza ni perdón”, Scherer Ibarra mira con indulgencia, y hace lo posible por justificar, el actuar de Andrés Manuel López Obrador, a quien presenta como el gran traicionado. A lo largo de su trayecto, sin embargo, el libro va sembrando misiles dirigidos a diversas figuras del obradorismo.
Entre los más enlodados se encuentra Ramírez Cuevas, quien según el propio Scherer aprovechó su cercanía con el expresidente para manipularlo, llevar los mensajes del grupo duro de Morena y operar al servicio de sus propios intereses.
El libro confirma que el ignorante mandatario “casi no leía los periódicos”. Su fuente de información eran las tarjetas que Ramírez Cuevas le dejaba en el escritorio y los comentarios que le hacía al salir de las reuniones del gabinete, rumbo al salón Tesorería donde todavía hoy se sigue realizando la “mañanera”.
En ese tránsito, Ramírez Cuevas “le refería todo lo que le interesaba que el presidente escuchara. De ese modo se daba la gran manipulación, aderezada con preguntas siempre a modo”.
“Así —relata Scherer—, el presidente contestaba en muchas ocasiones temas que eran de interés de Jesús Ramírez y que no necesariamente lo eran del presidente de la República ni del gobierno”.
Scherer admite que la “mañanera” estuvo llena de seudoperiodistas al servicio del “gran manipulador”, admite que el sistema de medios públicos, bajo las órdenes de Ramírez Cuevas, “estaba orientado a satisfacer sus deseos y los de su gente”. “De ese modo la información se filtraba y manipulaba, lo que ocasionó un gran daño tanto al presidente de la República como a la sociedad”.
A través de la red del vocero, integrada por mercenarios espléndidamente pagados, se atacó y persiguió a lo largo del sexenio a empresas y comunicadores incómodos para el régimen. Se crearon empresas que recibieron contratos millonarios y publicidad oficial por parte de dependencias federales. Una de las más beneficiadas fue el periódico Regeneración, que recibió 2 mil 800 millones de pesos durante el sexenio de López Obrador y actuó sin ética y sin pudor como incondicional de este.
Según el libro, Ramírez Cuevas manejó 27 mil millones de pesos producto del decreto que estableció una pensión vitalicia a los extrabajadores de la extinta Luz y Fuerza del Centro: una parte de ese dinero se empleó para impulsar la candidatura de Clara Brugada a la jefatura de gobierno de la CDMX, a pesar de que “la candidata Sheinbaum se inclinaba por Omar García Harfuch”.
“La actuación de Jesús Ramírez Cuevas, bajo el manto de la confianza presidencial, comprometió las finanzas públicas, dividió al movimiento sindical y colocó recursos públicos al servicio de una precandidatura y de intereses políticos particulares”, se lee en el libro.
Al ascender a la Presidencia, Claudia Sheinbaum intentó hacer a un lado al poderoso vocero de López Obrador. No lo consiguió. Descubrió muy pronto que necesitaba la estructura, el grupo de choque formado por sicarios mediáticos, que Ramírez había creado.
En medio del relato de su “amistad al filo del poder” con AMLO, Scherer Ibarra coloca en bandeja de plata un testimonio que reforzará las presiones de Estados Unidos sobre una presidenta a la que el gobierno y el partido le están haciendo agua por todas partes.
El problema para ella es que tiene a Ramírez Cuevas en la oficina de al lado. Uno más en la larga lista de impresentables que ella parece obligada a defender y a sostener, mientras todo se hunde.
@hdemauleon