TAL PARECE que hay una decisión desde Palacio Nacional de estirar la cuerda y si revienta, se calcula que quienes perderán más serán los partidos chiquitos. La iniciativa de reforma electoral presidencial que el martes será presentada no hará ninguna concesión a los reclamos del Verde y del PT, y pretende ponerlos contra la pared.
LA PRUEBA DE FUEGO sería que en el debate en el Senado o en San Lázaro, los verdes y petistas tendrían que defender públicamente recibir más dinero y mantener sus canonjías, lo que les costaría mucho más en su imagen.
DESDE LUEGO habrá legisladores del Verde y del PT que se envalentonarán y votarán contra una reforma electoral que los borraría del mapa. El asunto está en si serán todos sus legisladores los que den la espalda a los guindas.
YA HUBO un aviso serio de que Morena no quiere cargar con aliados incómodos. Ahí está la demanda de la Presidencia de la República contra el partido de Hugo Eric Flores, quien sintió frío y ya cambió las siglas al partido CSP por las de PAZ.
DESDE LA PRESIDENCIA estarían preparados para que no pase su reforma, pues sin el voto de sus aliados no tienen la mayoría constitucional. Pero ese costo político se lo cargarían a las huestes del “Niño Verde” y de Alberto Anaya, quienes perderían opciones en candidaturas legislativas e incluso de gubernaturas. Ahora bien, si verdes y petistas se suman a Morena, la reforma quedará impecable, aunque los aliados habrán firmado su propia sentencia.
ASÍ QUE ambos partidos están retados a jugar a las vencidas con la Presidenta y el tiempo corre para que se decidan: están con ella o están en su contra. Así les dijeron. Y como sus líderes saben hacer muy bien cuentas, están viendo dónde pierden menos y no dónde ganan más.
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VAYA, VAYA, ¿así que para eso sirve tener una Suprema Corte verdaderamente autónoma e independiente?, ¿para hacer contrapeso al Poder Ejecutivo y para ponerle freno a los excesos de un gobierno que se cree todopoderoso? ¡Qué interesante!
EL PALO DADO por las y los ministros (“justices”, les llaman en EU) a Donald Trump es probablemente el mayor revés de su polémica administración (haciendo a un lado el fracaso de la película sobre Melania Trump, claro).
Y MÁS porque la sentencia dejó ver, una vez más, el desprecio de Trump por el Estado de derecho al anunciar nuevos aranceles, tratando de darle la vuelta a la Corte. Nomás le faltó citar al clásico: “No me vengan con que la ley es la ley”.
LO MÁS CURIOSO es que la Suprema Corte de EU no surgió de las urnas, ni fue elegida “por el pueblo”. Son nominaciones presidenciales aprobadas por el Congreso. Y a pesar de contar con una clara mayoría conservadora, eso no fue impedimento para quitarle a Trump el garrote de los aranceles. Como diría la ministra Lenia Batres: “Guau, guau, guau”.