El quiebre de Alejandra Gutiérrez con Acción Nacional ha producido una serie de cuestionamientos que conviene esclarecer, mientras su ex partido apenas atina a responder a la fractura con un mitin al más puro estilo populista. Los balances comienzan a modificarse.
Los políticos guanajuatenses todavía no encuentran el camino para imaginar un nuevo orden que les permita gobernar a la tercera ciudad de México, tras el desgaste de la línea autoritaria que el PAN construyó durante varios sexenios, apartándose de los ideales dictados por Don Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna.
“El municipio es la forma primera de la sociedad civil, con autoridades propias y funciones específicas, cuya misión consiste en proteger y fomentar los valores de la convivencia local y prestar a la comunidad los servicios básicos… El municipio debe ser comunidad de vida y no simple circunscripción política, fuente y apoyo de libertad, de eficacia en el gobierno y de limpieza en la vida pública… Por tanto, debe integrarse democráticamente y quedar sujeto de manera permanente a la vigilancia de los gobernados”. Eso dicen los Principios de Doctrina del partido azul.
Nuestro orden constitucional establece, en el artículo 115, que cada municipio debe ser gobernado por un Ayuntamiento de elección popular directa, integrado por un presidente municipal, una sindicatura y hasta quince regidurías. La elección no contempla cargos individuales, sino planillas completas registradas por partidos políticos.
Esta condición, que hoy parece normal, debiera reflexionarse a la luz de la democracia y de la representación auténtica de los ciudadanos de una localidad. Dejar en manos de los partidos la representación de los vecinos de una comuna ha llevado a muchos pueblos y ciudades a quedar atrapados en intereses aviesos, sin posibilidad de contar con verdaderos representantes ciudadanos.
En los hechos, como lo comenta el experto municipalista Rubén Fernández, el presidencialismo federal y estatal se ha trasladado al gobierno local, alterando su naturaleza colectiva y reduciendo a muchos miembros de los cabildos a simples comparsas del presidente municipal. En Guanajuato Capital, por ejemplo, se ha impuesto el llamado Cabildo Azul: un instrumento de control partidista donde participan representantes del PAN y del gobierno estatal (SIC), y en cuyo seno se decide todo a contentillo del alcalde. La naturaleza del Ayuntamiento queda desfigurada. En la capital no existe un gobierno colegiado, sino una autocracia feroz, patética e incompetente, organizada en sentido contrario a los principios doctrinarios que dieron origen a esa institución política.
Mientras tanto, en León se abre un laboratorio político particularmente interesante, si algunos miembros del cabildo leonés asumen con valentía y dignidad sus atribuciones de representación ciudadana. Ningún regidor o síndico debería asumirse como personero de un partido antes que como representante de los ciudadanos. De todos, los equilibrios basculan en cuatro personajes independientes provenientes de universidades y organizaciones empresariales, que serán la medida de la calidad de ciudadanía que pueda alcanzar León. Si, como ocurre en Guanajuato Capital, esos ediles se doblan ante las presiones externas de la gobernadora o del partido, descartando el interés por la limpieza de la vida pública; el envilecimiento y la degradación del gobierno local también pesarán sobre ellos y pudrirá al gobierno leonés.
En estos momentos trascendentales, el llamado a María Esther Santos, Luz Graciela Rodríguez, Valeria Aurelio Vázquez y Luis Gerardo González es a desempeñarse como auténticos representantes de los ciudadanos, porque esa es su substancia. No es necesario tomar partido ni votar contra nadie, sino únicamente a favor de los intereses generales de los leoneses. Son pieza imprescindible y avanzada para la construcción de futuras planillas más representativas de los vecinos que de cualquier partidocracia pueblerina. La responsabilidad que tienen enfrente es importante y trascendente.
Por su parte, la alcaldesa es la administradora del municipio. No puede ir más allá de lo que dispongan el Ayuntamiento, las leyes y los reglamentos. Los problemas aparecerán en el camino. Las carencias de una todavía inmadura administración profesional comenzarán a sentirse. Los partidos buscan colonizar la burocracia local a su conveniencia. En prácticamente todos los municipios que gobierna, Acción Nacional tiró a la basura la intención de construir cuerpos de servidores públicos regidos exclusivamente por principios de eficiencia y eficacia gubernamental. Sus administraciones terminaron convertidas en agencias de contratación por méritos electoreros. Habrá que desmontar el modelo.
Entre tanto, seguiremos de cerca los resultados del laboratorio político que hoy representa el Ayuntamiento de León. Suerte para todos. Pero solamente si actúan de buena fe.