Durante décadas, el desempeño de los gobiernos se ha medido por el crecimiento económico, la inversión o la obra pública. Sin embargo, existe un indicador mucho más profundo: el grado de satisfacción de los ciudadanos con la vida que llevan. Al final, de poco sirven las cifras macroeconómicas si las personas viven sin esperanza.
Hace más de dos mil años, Aristóteles comprendió esa realidad. Para el filósofo griego, la ciudad no era simplemente un conjunto de edificios ni un territorio delimitado por murallas. Era la comunidad organizada que debía permitir a cada persona desarrollar plenamente sus capacidades y alcanzar el bien común. Por ello sostenía que la política ocupaba el lugar más elevado entre las actividades humanas, pues su finalidad consistía en hacer posible una vida buena para los ciudadanos.
Siglos después, Marshall McLuhan resumió esa misma idea desde otra perspectiva al afirmar que “la felicidad reside en la calidad de los pensamientos”. El ser humano avanza impulsado por la esperanza, el optimismo y la confianza en el mañana. De ahí que los gobiernos deban generar las condiciones para que las personas desarrollen sus capacidades, emprendan proyectos y vislumbren un futuro mejor.
En ese contexto resulta especialmente interesante la reciente Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (Enbiare), elaborada por el INEGI. Aunque no mide la felicidad en sentido filosófico, sí evalúa el bienestar subjetivo o la satisfacción con la vida mediante una escala de cero a diez. Para ello considera variables como la salud, el trabajo, los ingresos, la vivienda, las relaciones personales, la seguridad, el esparcimiento y las expectativas hacia el futuro.
Los resultados ofrecen una radiografía reveladora del país. Guanajuato obtuvo una calificación, de 8.75, superior a la registrada durante el gobierno de Diego Sinhue y se ubicó por encima del promedio nacional, que pasó a 8.62 puntos. La entidad avanzó posiciones en el contexto nacional, lo que refleja una mejor percepción de la calidad de vida entre sus habitantes.
No se trata de una diferencia menor. Ello significa que, en términos generales, los guanajuatenses reportan hoy una mayor satisfacción con su vida que hace cinco años. Desde luego, esto no implica que todos los problemas hayan desaparecido. Guanajuato continúa enfrentando desafíos importantes en materia de seguridad, desigualdad y desarrollo regional, pero aun con esas dificultades, la percepción ciudadana resulta favorable frente a buena parte del país.
¿A qué puede atribuirse? No existe una explicación única. El bienestar depende de múltiples factores: oportunidades de empleo, estabilidad económica, calidad de los servicios públicos, acceso a la salud, cohesión familiar, movilidad social y confianza en el futuro. Sin embargo, sería ingenuo excluir el papel de los gobiernos, actores decisivos en la satisfacción de vida del ciudadano. Las administraciones públicas no pueden fabricar la felicidad de las personas, pero sí crear o destruir las condiciones que permiten alcanzarla.
Aristóteles tenía razón al sostener que una comunidad feliz representa, en buena medida, una historia de éxito político. No porque el gobierno sea el único responsable de la felicidad individual, sino porque una buena política crea el entorno donde las personas pueden desarrollar su talento, trabajar, formar una familia, emprender y vivir con esperanza. Para el filósofo, la verdadera pobreza no consistía únicamente en la falta de recursos, sino en la imposibilidad de desarrollar plenamente las capacidades humanas. Esa tarea corresponde a la polis: una comunidad organizada que permite a sus integrantes realizar su naturaleza y ponerla al servicio del bien común.
Quizá esa sea la principal enseñanza de la encuesta del INEGI. Los ciudadanos no juzgan a sus gobernantes únicamente por las promesas de campaña ni por las cifras oficiales. Al final, los evalúan por algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más exigente: cómo se sienten viviendo en el lugar donde habitan.
La grandeza de un gobierno no radica solamente en construir carreteras, por sus discursos grandilocuentes, o inaugurar obras. Su verdadero éxito consiste en crear una sociedad donde las personas tengan motivos para levantarse cada mañana con confianza en el porvenir. Porque la mejor política es aquella que convierte la esperanza en una forma cotidiana de vivir.
Los guanajuatenses dicen sentirse satisfechos con su vida. Esa es una buena noticia para cualquier gobierno. La pregunta final sería: ¿Usted lo siente, estimado lector?