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No nos hagamos tontos, una de las metas o “sueños” a alcanzar de millones de mexicanos desde niños y a lo largo de nuestras vidas es poder viajar a los Estados Unidos de América, y claro, sabemos que para ello debemos de tramitar y obtener una visa para hacerlo legalmente.

Recuerdo que un hermano de mi madre, Santiago Hernández Ávila, radicaba en Los Ángeles, CA., a donde emigró muy joven. Era músico, y cuando nos visitaba para las fiestas navideñas nos prometía llevarnos a pasear por allá, y nos regalaba dólares, de aquellos a 12.50 pesos. Otro tío hermano de mi abuela materna, de nombre Martiniano Ávila, radicaba en Nueva York, era fotógrafo profesional; allá fui cuando murió, en 1980, a tramitar su sucesión (ya lo he relatado en “Solo para melómanos”, AM 25/02/2024).

Y así como su servidor, muchos mexicanos en edad ya productiva procedemos a tramitar nuestra visa americana, luego somos padres y la tramitamos para nuestra esposa e hijos. Cómo no viajar al país vecino, siendo el más poderoso del mundo y obvio con el mejor avance moderno, teniéndolo a la mano.

A insistencia de mi amigo y ahora compadre, el abogado Justo Ayala Santos -compañeros en el Jurídico de la Secretaría de Salubridad y Asistencia, allá en 1974- tramité mi visa con éxito para acompañarlo a su natal Reynosa, Tamps., y de allí cruzar a McAllen, TX. Así fue mi primera experiencia desde hace más de cincuenta años y desde entonces la he renovado periódicamente, precisamente este 18 de julio último me la aprobaron otros diez años.

Como mi ejemplo, en similares circunstancias millones de mexicanos viajamos a Estados Unidos de América, por turismo, por salud, por economía y negocios, por intercambio cultural, por aspectos científicos, profesionales o por trabajo. El intercambio migratorio con el país vecino es constante y masivo, sobre todo en determinados cruces fronterizos.

La ideología comunista, socialista o de izquierda, como la identifiquen los amables lectores, no obsta para querer viajar a Estados Unidos de América, aunque muchos de ellos hipócritamente lo repudien, pues allá han ido a estudiar y envían a sus hijos y parientes, muchos a educarse allá, incluyendo a los últimos dos presidentes con esa ideología. Y no digamos todos sus correligionarios que de dientes para afuera despotrican contra “los gringos” pero allá van a disfrutar de su avanzada civilización, lujos y comodidades.

Cerca de cuarenta millones de habitantes de origen mexicano integran la población norteamericana actualmente; algunos la sitúan entre treinta y siete a treinta y nueve millones. Resulta de gran trascendencia, pues es evidente la interrelación de esa población con sus familiares y amigos en México, de este lado de la frontera, y la única posibilidad de convivir allá y visitarlos legalmente es con la visa. Eso sin mencionar que muchos cuentan con la doble nacionalidad americana-mexicana por diversas razones.

En particular, mi experiencia ha sido muy cercana en dos oportunidades a lo largo de estos cincuenta años, con autoridades del Departamento de Estado y del Departamento de Justicia del Gobierno de Estados Unidos (ver Extradición del “Negro Durazo”. Libro “Reflexiones Dominicales”. Paulino Lorea. Editorial Meridiano 2014. Págs.536-542). Así como también en el aspecto educativo con programas de intercambio en diversas universidades norteamericanas.

La dinámica, influencia y correlación entre la población norteamericana y la nuestra es forzosamente natural por la vecindad, aunque en realidad nosotros buscamos más la oportunidad de viajar y estar vigentes con nuestra visa para acudir para aquel país.

Ya se ha explicado en esta semana y parte de la anterior las múltiples razones o sinrazones para revocar, retirar o cancelar una visa por parte de los estadounidenses, cuya conclusión es que solo prevalece el criterio del Departamento de Estado para hacerlo. Para aquellos que lo han sufrido pudiera a veces ser una tragedia, para otros simplemente ser indiferentes, o bien, para algunos bien merecido por faltar conscientemente a sus estrictas normas.

La cancelación de la visa a Andrés Manuel López Beltrán, conocido como “Andy”, hijo de AMLO, él quiso que fuera un escándalo difundiendo una carta que escribió al Presidente Donald Trump, reclamando esa acción gubernamental. Sus motivaciones y objetivos tendrá, pero yo creo que sintió gacho ya no poder ingresar a Estados Unidos de América como solía hacerlo, aún con su ideología comunista de mentiritas. 

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