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Lo que tenemos hoy, en realidad, es un Gobierno que no gobierna, que no vela por los intereses de los mexicanos, sino por los suyos propios. Salta a la vista que este pueblo nuestro se merece algo mejor, pero tristemente, mientras no sepa elegir bien en las urnas, seguirá teniendo malos Gobiernos que no resuelven, sino que se tornan en un problema más.

Lo que está pasando en las aduanas fronterizas -las fallas, la infuncionalidad, trabas, demoras, todo lo que equivale a un CIERRE de facto a nuestro acceso al mercado norteamericano- se convierte en una prueba fehaciente de esta INEPTITUD extrema de un Gobierno al que le vale un bledo gobernar bien: sólo le importa ejercer el poder… y para siempre.

En esto último no exageramos: basta ver “los destapes” que han hecho de sus candidatos a las Gubernaturas y se darán cuenta de que este pseudopartido no escoge al mejor, al mejor calificado, al más apto para el cargo.

No, se va por el ahijado, por el colaborador fiel, por el más cercano al gobernante en turno: su afán deja de ser un esfuerzo por gobernar mejor para convertirse en una maniobra para mantener el poder dentro de un cerrado grupo de gente -muchos de ellos con grandes defectos electorales- con el fin de servirse a sí mismos y no a la ciudadanía. A ello se deben estas fallas garrafales en sistemas que deberían funcionar como una bien engrasada maquinaria, pero que en realidad simplemente no jalan.

Y esto lo demuestra el hecho de que estas pifias paralizantes del funcionamiento cotidiano del País no conforman una excepción, sino que agrupan fallas que se han repetido cuando menos CINCO veces en lo que va del año: o sea, cinco veces en nueve meses que se ha caído el sistema del SAT en la frontera, haciendo imposible que esta burocracia emita el Documento de Operación para Despacho Aduanero; en consecuencia, se forman así hasta CUARENTA kilómetros de cola que atrapan no sólo al comercio de exportación, sino a los vehículos privados que transitan hacia la frontera.

Esto, por supuesto, se suma al cúmulo de PIFIAS cometidas por la cuatroté desde que el genio de genios, el inventor del hilo negro, el Ayatola de “La Chingada”, decidió ceder el control de las aduanas a los militares como parte de su programa de militarización del País. Esto y, por supuesto, exigir en sus colaboradores un 90 por ciento de lealtad y sólo un 10 por ciento de capacidad: práctica que, como estamos viendo, ha copiado a pie juntillas la discípula, la señora Sheinbaum.

Factores como los descritos forman una malévola sinergia que torna imposible la toma de decisiones inteligentes a favor del ciudadano.

Fíjense, amigos lectores, en la ironía de situaciones como la que enfrentan hoy nuestros exportadores: el problema principal lo genera el SAT, el organismo encargado de exprimir a los causantes recurriendo a métodos leoninos que rayan en el terrorismo fiscal: por ejemplo, poder congelar cuentas bastando sólo la PRESUNCIÓN de un error contable.

¡Se ponen con los causantes cautivos extremadamente duros! Pero, al mismo tiempo, a la hora de SERVIR al ciudadano, de facilitar nuestras exportaciones, de cumplir CON SU MISIÓN, se muestran incapaces. ¿Y a ellos quién los llama a cuentas? ¡Hasta el momento, nadie!

Está demasiado ocupada la Presidenta cambiándole en el Grito el nombre a doña Josefa Ortiz: le quita el “De Domínguez” en un intento risible de “feminismo”, como si borrar al marido fuese lo esencial y no que maten a una mujer cada cuatro días en Morelos; mientras -literalmente- el País se le está cayendo en pedazos bajo su turno al frente del Gobierno.

Resulta evidente que la señora tiene puestos sus ojos en el tema equivocado: no le preocupa elevar el nivel de vida de los mexicanos, le preocupa proteger a los 10 de Sinaloa frente a la justicia norteamericana; no le preocupa la quiebra de Pemex y el riesgo de una chatarrización de nuestra deuda soberana, sino mantener al sector privado alejado del sector petrolero; no le preocupa arreglar la CFE, sino conservar el monopolio en la red de distribución; no le preocupa el daño que hace a la nación el huachicoleo, sino salvar a Adán, Andy y Bobby de cualquier implicación que los ate a este delito.

En suma: no gobiernan, pero ¡ah cómo friegan!

Ático

Los cuatroteros no gobiernan para resolver problemas, sino para conservar el poder, aunque el país se les caiga a pedazos.

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